El ciclista Scarponi muere atropellado durante un entrenamiento en Italia

Escrito por  Carlos Arribas para El País Abr 22, 2017

Cerca de su casa, a las ocho de la mañana, cuando salía para entrenarse, un trabajador en sábado, el ciclista italiano Michele Scarponi chocó de frente contra una furgoneta. Murió pocos minutos después. Tenía 37 años. La noche anterior, el viernes, había llegado tarde a su casa, en Filottrano, en las Marcas, cerca de Ancona, en la costa adriática. Llegaba de Trento, en el norte, lejos de su mar, donde acababa de correr el Tour de los Alpes, donde había disfrutado. El escalador llegaba feliz. Había terminado cuarto en la general y el lunes, incluso, había ganado la etapa de Innsbruck, su primera victoria en casi cuatro años. Dedicó la victoria, emocionado, a todas las víctimas y afectados por los últimos terremotos de su región, un rincón entre los Abruzos y el mar. En casa, se hizo una foto con sus gemelos montados a caballito sobre su espalda y la tuiteó. Su último mensaje. Todo era buen augurio de cara al Giro, que comienza dentro de dos semanas y que iba a disputar como líder del Astana debido a la lesión de Fabio Aru.

Scarponi era en el pelotón una voz muy aguda y una broma. “Una risa contagiosa”, escribió Contador en su Twitter. Y un generoso gregario de lujo para sus líderes, para Roberto Heras hace más de una década, para Vincenzo Nibali y Aru después. También estuvo unos años cargando con la responsabilidad de un equipo, el Lampre, y llegó a ganar un Giro, el de 2011, después de que descalificaran a Alberto Contador. Nunca dio una importancia extrema a esa victoria conseguida en los despachos, nunca alardeó de esa maglia rosa. Su edad y su experiencia, su trayecto por todos los lados del ciclismo, el oscuro, el brillante, el turbio, le permitían relativizar cualquier circunstancia.

A Scarponi le fichó hace más de 12 años Manolo Saiz para su Liberty, en el que corrió hasta mayo de 2006, cuando la Operación Puerto acabó con los sueños de grandeza del técnico cántabro y casi con la carrera de Scarponi, quien entonces empezó a ser más conocido como Zapatero, el apodo con el que Eufemiano Fuentes, gran etimólogo (scarpa, en italiano, es zapato) le designaba en sus listas de bolsas de sangre congeladas. “Nunca olvidaré Pajares”, tuiteó enseguida Saiz, que recordaba la mayor exhibición táctico-estratégica de su equipo. Ocurrió en una etapa de la Vuelta de 2005, que dominaba Denis Menchov. El día siguiente de la etapa de los Lagos, cuando todo parecía ya perdido para su Liberty, Saiz envió a medio equipo al ataque. Llovía. La etapa estaba plagada de puertos por los valles mineros asturianos, de peligrosísimos descensos. Los de Saiz se escapaban y se fueron colocando estratégicamente por delante, esperando el ataque de su líder, Roberto Heras. Algunos, incluso, se bajaron de la bici y se guarecieron en la cuneta bajo mantas que les prestaban los de los pueblos.

Cuando Heras, que aprovechó el miedo de Menchov en los descensos, les alcanzó uno a uno, Caruso, Beloki, Vicioso y Scarponi organizaron un tren azul, el color del Liberty, que destrozó la Vuelta. Heras sacó más de cinco minutos a Menchov. Scarponi fue el último que resistió a su lado. Acabó la Vuelta 12º, a más de media hora de Heras, quien unas semanas después fue descalificado por dopaje.

Scarponi confesó su implicación en la Operación Puerto y estuvo sancionado 16 meses. Después se convirtió en un personaje único de un ciclismo italiano envejecido y en crisis. Tan único como las peliculillas que tuiteaba de sus entrenamientos invernales pedaleando con un papagayo charlatán en el hombro.

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