Del Libro “Cabildos y Revoluciones” Capítulo 2

Escrito por  Dic 18, 2016

Alejandro Ubaldo Pojasi

Antecedentes y causas revolucionarias:
Los movimientos emancipadores en las colonias ibéricas fueron sin dudas, un eslabón en la cadena de grandes revoluciones de fines de siglo XVIII y principios del XIX. En el continente estas corrientes de liberación colonial -obviamente en esta primera etapa- se inició con la revolución en las Trece Colonias -hoy Estados Unidos- , continuó con Haití y culminó con la mayoría de las posesiones hispano- portuguesas. Todo este proceso histórico estuvo inspirado en mayor o menor grado por las concepciones europeas “burguesas” de la ilustración y el racionalismo. Sin embargo, sus resultados no fueron iguales en todas partes, ello debido a diferencias en las estructuras económicas, formas y relaciones de producción, nivel de las fuerzas explotadas, y de sobremanera por las composiciones de las fuerzas culturales-sociales.

Primeras resistencias indígenas
Para analizar los antecedentes y causas en América deberemos examinar dos componentes. Primero, aquellos elementos exteriores que gravitando mundialmente ingresaran por nuestras costas con distintos intereses. Y segundo, los componentes sociales propios, internos, que se desarrollaron dentro de la geografía continental americana discurriendo un tipo de corriente tradicional. Aquellos que fueron en cierta medida sólo de “resistencia” o defensivo establecido principalmente por los pueblos originarios y sólo opusieron empeño a su penetración y conquista en clara protección, evitando así, su inmediato sometimiento pero que definitivamente nunca estuvieron en condiciones de pergeñar o proponer algún modo de reorganización para ahondar en pretensiones de gobierno regional. Todo más allá del alcance de sus etnias bravías referenciados en el primer cacique diaguita Juan Calchaquí, que levantó su pueblo y los valles enmarcados geopolíticamente en la Intendencia de Salta del Tucumán a partir del año 1536 y por varias décadas. Esta hidalga defensa se estructuró como modo de frenar los actos de penetración en estos sitios encabezados por el adelantado don Diego de Almagro.
Un hecho particular, aislado, pero trascendente, es el suceso del año 1721 identificado como “El de los Comuneros en Asunción” -Paraguay- que también abona el escenario cronológico en América. Si bien no es correspondido como un movimiento independista, si representó simbólicamente la fuerza popular unida ante actos de injusticia, una constante que degradó permanentemente a la administración imperial hispánica en el desarrollo de sus colonias. En este caso preciso, fue cuando se produjo la vacancia de la Gobernación de Paraguay y el cargo se ocupó interinamente por el alcalde Diego de los Reyes Balmaceda por derecho propio, quien luego de su rechazo por parte del vecindario fue depuesto y encarcelado por una reacción popular que consideró un amplio acto de usurpación de derechos, Todo, aunque cuesta considerar, venía precedido de un similar acontecimiento -casi doscientos años antes y en el mismo sitio- de otro episodio de apropiación ilegal que dio origen a la Cédula Real del 12 de setiembre de 1537. Éste protocolo textual izaba que fallecidos o desaparecidos los sucesivos gobernantes: Pedro de Mendoza o su segundo comandante Ayola, se autorizaba
“a la elección de un nuevo gobernador elegido por el voto de los habitantes de Asunción”
También merece enunciarse como un antecedente posterior inmediato, la aparición en el año 1730 del criollo Alejo Calatayud. en este lapso colonial el reinado de Felipe V, instruyó al virrey de Lima José de Armendáriz incrementar los ingresos para la colonia española que necesitaba urgentemente mayores recursos económicos. El virrey designó a todo el personal necesario para esta labor que se llevaría adelante en la Villa de Oropesa, hoy Cochabamba, que hacía las veces de silo y granero de Charcas. En el empadronamiento de tal fin, se entremezclaron mestizos e indios donde constaba que los tributos correrían por el mismo e igual monto en cuanto a aportes. Enterados los primeros, que pretendían algunos privilegios, reaccionaron en manifestación saliendo a las calles y mostrando su descontento al gritar: ¡Viva el Rey, que muera el mal gobierno! Calatayud, de oficio platero, pronto se vio liderando casi dos mil personas. Creyendo que esto le daría impunidad total, se estimó lleno de atributos para negar y luego finalmente negociar con los representantes reales quienes le tendieron una trampa tiempo después. Fue procesado y juzgado. Al anochecer del día 31 de enero del año 1731 lo sacaron de su prisión para su ahorcamiento.
Linchado, su cadáver posteriormente fue arrastrado hasta una colina llamada de San Sebastián hasta descuartizarlo. Sus bienes fueron confiscados. Su madre fue vendida como esclava y su esposa encerrada en un convento. Claro pretendido escarmiento.
Así, en el ámbito del imperio español y exclusivamente en la región surandina, la desigualdad y la lucha fue alcanzando grandes reacciones hasta llegar a los primeros actos de igualdad e independencia, pero que no alcanzaron a modificar sustancialmente las relaciones de la época colonial.
Tras lapsos de varios años, en esta América avecindada a nadie escapaba sobre el año 1809 de hechos mundiales y del propio continente, que contribuyeron de modo determinante a su posterior emancipación. Para ello debemos considerar ocho causas:

1)    El primer levantamiento de la etnia diaguita del año 1536 que perduraría varias décadas promovido por su jefe Juan Calchaqui, sucediéndole otros pueblos originarios.
2)    La abrupta expulsión de los Hombres de la Compañía de Jesús acaecida en el año 1767 y que generara oportuna desazón e irritación hacia España y el Vaticano. Considerando que esta importante Orden había esparcido su particular evangelizarían, instrucción, educación y cultura tanto en los claustros de la Universidad, como asimismo, en la Real Audiencia y en todas estas geografías.
3)    Los sucesos de la primera Revolución Universal, la Norteamérica del año 1776, como causa precisa al período de la colonia.
4)    El señero levantamiento americanista de Túpac Amaru llevada adelante entre los años 1780-1781 que demostraría la vulnerabilidad del imperio hispánico.
5)    La revolución industrial inglesa urgiendo necesidades de nuevas conquistas: económicas, filosóficas y territoriales.
6)    La insurrección Francesa del año 1789 y sus connotaciones generales en el Río de la Plata. El Hombre como eje de una sociedad más compleja.
7)    Las Invasiones Inglesas, Defensa y Reconquista de los años 1806 y 1807 en el puerto y urbe de Buenos Aires.
8)    La invasión de Napoleón Bonaparte y las insurgencias de las Juntas Supremas en el suelo ibérico y americano ungidas a partir del año 1808, tras la abdicación de Fernando VII, aunque asimiladas en estas geografías de maneras distintas.

Estas serían, las legítimas bases de las revoluciones suramericanas manifiestas en Chuquisaca, La Paz y Buenos Aires. Al respecto indica el citado historiador sucrense Roberto Querejazu Calvo9 en uno de sus tratados más leídos:
(...) “que para las poblaciones del Pacifico estaban más avanzada desde siempre la bandera de la rebeldía aunque sin escribir en ella el programa de la finalidad”.
Referido esto sin duda, a las permanentes insurrecciones que marearon a fuego distintas regiones de los virreinatos y capitanías pero comparables en su firmeza de rechazo a la esclavitud y sometimiento.
Acaecido el levantamiento del cacique Juan Calchaqui sobre el año de 1536 en el territorio diaguita, hoy geografías del norte argentino y que persistiría por décadas obstruyendo la penetración del período de la conquista y su paso, hacia la luego Capitanía de Chile para sus actos fundacionales. El Alzamiento se generalizó en los pueblos originarios en señal de fuerte rebelión y defensa hacia lo propio. Todo comenzó después de la insurrección del Cuzco, en los primeros años de la conquista, sofocada por los soldados de Pizarro y Almagro, y luego de la muerte del inca Manco hijo de Huaina Cápac hermano de Atahualpa y de Huáscar, ocurrida en el año 1544, quedando como heredero del “llaitu” (insigniadel mando imperial) el hijo de éste, Saire Túpac, de diez años de edad en 1545, según referencias de La Gasca en sus informes. Su hermano Tito Cusi, aunque era mayor, no recibió la borla por ser ilegítimo. Tampoco fue tomado en cuenta Túpac Amaru, menor que los otros dos “probablemente nacido dos o tres años antes de la muerte de su padre Manco” señalaría el escritor argentino Roberto Levillier10 entre sus investigaciones escritas. Desde aquella señalada insurrección cuzqueña, la familia real de los incas se había confinado en las breñas de Vilcabamba, al norte de la antigua capital del imperio, negándose a habitar con los españoles y manteniendo una especie de resistencia pasiva, sólo alterada por algunos golpes de mano.
Por iniciativa del virrey Pedro Vicente de Cañete se buscó un acercamiento entre conquistadores y conquistados. Por aquel mismo tiempo había muerto el inca Paulo, hijo también de Huainaba, quedando al frente Saire Túpac de veintidós años quien aceptó del marqués de Pedro V. de Cañete la merced de la encomienda que había pertenecido a Hernández Girón y que, representaba una renta de diecisiete mil pesos, así como el señorío del valle de Yucay y de un solar en el Cuzco. El inca consintió en bautizarse y las paces quedaron selladas. Pero los rebeldes de Vilcabamba no aceptaron la transacción y proclamaron nuevo inca a Tito Cusi, continuando la actitud fundada inamistosa. Todo esto sucedía antes de la llegada del virrey Francisco de Toledo. A su llegada continuó la misma línea de acuerdo pero fue abruptamente interrumpida por la muerte de uno de sus emisarios, en un tramo de la negociación, quien muerto obligó a éste a enviar una expedición militar para reducir y castigar a los rebeldes. Mientras ocurrían tales sucesos, había fallecido Tito Cusi, sucediéndole su hermano Túpac Amaru.
Derrotadas sus tropas, éste fue hecho prisionero y conducido al propio Cuzco donde fue sentenciado a muerte en el año 1572. Vanos resultaron todos los empeños de españoles e indios destacados para salvar la vida del joven inca, al que Toledo permaneció sordo a toda súplica. Tras de su muerte este suplicio de Túpac Amaru perjudicó para siempre la reputación del virrey, que fue tachado de crueldad.
desde entonces los descendientes de los incas quedaron aniquilados y sometidos. Pero el suceso fomentó el odio de la raza autóctona, que supo esperar pacientemente una oportunidad para manifestarse.
Todo prosiguió luego, a partir de las registradas como grito de injusticia del 15 de mayo de 1617 con el criollo don Alonso de Ibáñez. Y a partir de allí, el temible levantamiento en el virreinato del Perú de José Gabriel Condorcanqui quien adoptara el seudónimo Túpac Amaru o “resplandeciente culebra” Cacique de Tungasuca, conocido descendiente de los Incas quien fuera educado en el colegio San Bernardo del Cuzco y que movido por los excesos, abusos impositivos e ilegalidades de los corregidores realistas encabezó la gran sublevación como se citó antes (1780-1781) llegando a sitiar al propio Cuzco. Derrotado en abril de 1781 su lengua fue tortada y su cuerpo tirado por cuatro caballos siendo quebrantados todos sus miembros. En cuanto al territorio del virreinato del Río de la Plata las encabezaron Julián Apaza en la Paz y las de los hermanos Tomás, Dámaso y Nicolás Katari y abarcó desde la región de los Chichas en Tupiza, Oruro, parte de Cochabamba, Potosí hasta La Paz.
Al respecto, señala el destacado escritor boliviano Enrique Finot11 en uno de sus tomos de “Nueva Historia de Bolivia”
(...) “Conviene reflexionar sobre los antecedentes y consecuencias de esta guerra de razas que, después de dos siglos de tranquilidad y de sumisión de los indios, ensangrentó los territorios que habían constituido el núcleo principal del imperio incaico. Si bien es cierto que José Gabriel Tupac Amaru era descendiente de la dinastía incásica y que, según pudo probarse, preparó la insurrección durante diez años, lo que daba al movimiento el carácter de una tentativa reivindicación, también lo es que la actitud de los Catari, que desencadenaron el rompimiento de Chayanta, obedecía a causas netamente económicas y a los abusos de las autoridades encargadas de la recaudación de rentas, Julián Apaza, Alias Tupac Catari, el caudillo Ayoayo, había sido movido por el mestizo de La Paz, Chuquimamani. Debe agregarse, además, que la subversión de Oruro fue iniciada por criollos que ambicionaban los cargos públicos, como protesta contra los privilegios que mantenían los españoles peninsulares”.
En suma los móviles de la gran revolución de 1780 y 1781 fueron complejos y múltiples, aunque todos correspondían a la general inquietud que por entonces agitaba al organismo social del Alto Perú. Se trataba de las verdades preliminares de la revolución por la libertad primero e independencia en un segundo recurso; revolución que estallaría a principios del siglo siguiente, transcurridos no más de treinta años de los sucesos que acabamos de referir.
En cuanto a los hechos universales y su valor como consecuencia entonces de los acontecimientos insurreccionales norteamericanos y franceses, renació un “movimiento espiritual en Europa”. Las nuevas doctrinas sobre el poder de los reyes, la soberanía e igualdad del ciudadano, los nacientes derechos del hombre o los nuevos conceptos examinados en el “contrato social”, esto referido obviamente a Jean J. Rousseau12, quien hizo una gran contribución al movimiento por la libertad individual y contra el absolutismo de la Iglesia y el Estado en Europa; su concepción del Estado como la personificación de la voluntad abstracta de las personas y sus argumentos para el cumplimiento estricto para la conformidad política y económica, son considerados por algunos estudiosos como fuente de ideas totalitarias; asimismo también refería a la distribución de la riqueza pública se fueron difundiendo entre las sociedades europeas y atravesando el océano a la americana, creando en la conciencia de las gentes y los pueblos una distinta manera de apreciar absolutamente “esta realidad o cambio” frente a lo que antes había parecido una cosa definitiva y perfecta.
Los hombres de estudio, escritores y filósofos fueron publicando casi de modo continuo críticas al “gobierno absoluto”, hasta estructurar finalmente el pensamiento del poder del pueblo y todo lo que nacía de él, teniendo como puntos salientes la igualdad, la prerrogativa de pedir cuentas a los gobiernos, los derechos y obligaciones, la exigencia de clases privilegiadas, como la nobleza, quienes gastaban las contribuciones. También se propició que la agricultura sería la actividad preferida porque era la que más beneficiaba a todos.
Estas ideas nuevas eran entusiasmadamente difundidas por los intelectuales de aquel tiempo, siendo mejor recibidas en las regiones donde existía mayor esclavitud puesto que la diferencia del Alto Perú y el desarrollo de la vida en otra faz de la colonia distaba demasiado. Como por ejemplo, a la situación de Buenos Aires, Lima o aún nuestra Salta. Todo allá era más triste e injusto. Frente a este cambiante escenario social los reyes europeos resolvieron defenderse a fin de conservar gobiernos y privilegios militarizando las fronteras y suscribiendo un protocolo para protegerse, organizando así un antiguo protocolo que restablecido se denominó la Santa Alianza, tiempo después.

9     Querejasu Calvo, Roberto (Sucre, n. 1911 - m. 2004). Párrafo extraído del Discurso del doctor Eberto Piñeiro “Sucre y Salta” del día 6 de agosto de 1994. Salta
10     Levillier, Roberto. “Don Francisco de Toledo”. Editorial Espasa-Calpe. Buenos Aires. Año 1935
11     Finot, Enrique. “Nueva Historia de Bolivia”. Ed. Y Librería. “Juventud”. La Paz. Bolivia Año 1994
12     Rousseau, J. Jacques (1712 - 1778) “El Contrato Social”. Centro Editor de Cultura. Año 1985
Del libro: Cabildos y revoluciones
de Alejandro Ubaldo Pojasi
2da edición. Editorial Hanne -2012
Salta  - República Argentina