Canto a la compañera del guerrillero

Escrito por  Fernando Arduz Ruiz Abr 23, 2017

I
No se sabe,
nadie sabe por qué
un puñado de montoneros
en los campos de batalla
siembra
la fértil semilla de la victoria.

El enemigo tiembla, desespera
porque es inútil el empeño:
Méndez y sus hombres
allí donde se enfrentan
multiplican
la anhelada bandera de la libertad.

Nadie sabe
nadie comprende
dónde radica
la misteriosa fuerza
de los guerrilleros bravíos.

Las tropas realistas
en correcta formación
–infantería en orden, caballería pronta-
atacan cumpliendo el plan previsto.
Mas algo no funciona:
Los montoneros patriotas
en franca desventaja
–armas escasas, diferencia numérica-
vencen anulando al enemigo
¿por qué?

Nadie sabe
nadie comprende
dónde radica
el secreto valor
de los guerrilleros chapacos.


II
Sin embargo
hay quienes sí saben
de la misteriosa fuerza
y del secreto valor
de los hombres victoriosos:
Estefanía sabe de Eustaquio
Francisca comprende a Juan.

Ellas, compañeras de ilusión compartida,
alientan el camino de lucha,
y con ellos emprenden
el destino de la soñada Patria libre.

Nadie sabe
que cada montonero no está solo
sino que
lleva indeleble en el pecho
el incondicional amor de la mujer amada.

Unas en casa forjan
el futuro labrado por sus compañeros
enseñando a sus hijos a deletrear
el vasto territorio de la libertad,
porque saben que en su labor de madres
también la Patria se hace grande.
Otras en el campo
junto a sus hombres luchan
llevando al pueblo sojuzgado
la buena nueva de la Independencia.

Nadie sabe
que el guerrillero ama
y del amor a su compañera,
a su tierra, a lo que es justo,
del amor nace su fortaleza.


III
La historia
abre sus puertas gloriosas
a Méndez y sus montoneros
mas
nada dice de ellas,
mujeres de temple de acero
que calladamente
ofrendan sus vidas
para establecer los cimientos
de la flamante nación.

Nadie sabe
que en el combate
hombres y mujeres
comparten la vida y la muerte
por un mismo afán de luz.

Ellas,
heroínas anónimas
cuya férrea voluntad indómita
los impulsa a no desistir,
saben
del dolor y las heridas,
de la persecución y la cárcel;
y aún sabiendo
que de sus penurias
nadie sabe,
ellas,
vierten su sacrificio en el silencio
de la naciente Patria liberada.

…………………………………….
Cuando Méndez y sus montoneros
un día
entraron triunfantes
a la Plaza de Tarija a plantar
el simbólico árbol de la Libertad,
nadie supo cómo fue posible
nadie…
sólo ellas.