Cirujano Poeta: Edmundo Torrejón Jurado –I-

Escrito por  Gastón Cornejo Bascopé May 07, 2017

Unión de poetas y escritores

He aquí presente entre nosotros, escritores y poetas, un noble varón oriundo del departamento andaluz de Bolivia. Se trata de la presencia de un eximio cirujano que ejerce su arte con la maestría de un escultor renacentista; en el arte literario, un verdadero poeta de canto  sonoro y profundo. Se allega a nuestro valle con la musicalidad de San Bernardo de la Frontera, la Tarija andaluza, gitana y sencilla.

Millonario de versos congénito, bulle en sus venas el gorjeo de los pájaros, el aroma de las amancayas; sintetiza y destila en su canto, la transparente atmósfera del Valle del Elqui del norte chileno y la del Guadalquivir sureño, pues resulta ser sobrino nieto, por línea paterna, de Lucila Godoy Alcayaga, la amada Gabriela de Chile. Su madre, doctora y maestra, desborda ternura y afecto; su padre, poeta, autor del Romancero Chapaco, generoso al extremo, es un delicado intelectual de enriquecida cultura. Cuidaron ambos de cultivar un entorno de sensibilidad poética y de arte para el pequeño Edmundo, poeta de nacimiento.
Así, la veta comenzó a florecer a temprana edad, desde su niñez chapaca. Un maestro de escuela, don Franz Ávila del Carpio, descubrió sus dotes naturales; orientó, valoró y dio firmeza a sus cantos primarios; luego, su progenitor experto, le enseñó el camino cierto de las letras maestras.
Bachiller del colegio La Salle, universitario en La Plata y médico cirujano en Buenos Aires se especializó en la Universidad Católica de Roma. Ascendió a la cumbre profesional hasta la jefatura médica del Servicio de Caminos y es actual jefe del Departamento de Cirugía de la Caja Nacional de Salud en Tarija.
Su trayectoria literaria creció notoria y amplia, con energía de río en cauce desbordado sin perder jamás la íntima dulzura de su Guadalquivir familiar.
Obtuvo un sinnúmero de reconocimientos a sus trabajos poéticos, desde aquellos logrados por asuntos colegiales y el himno dedicado al prócer Aniceto Arce, publicado en textos escolares, hasta su versificación madura de metáforas profundas. La Universidad de La Plata le otorgó un segundo premio a la poesía y en Potosí, obtuvo el primero, Medalla de Oro, en la Universidad Tomás Frías. En 1989, la Fundación Guibré le concedió el primer premio latinoamericano, Categoría Exterior de Poesía, en Montevideo, Uruguay; jerarquizado evento donde asistieron setecientos escritores de todo el mundo. Entonces, Edmundo fue premiado y lo más representativo de la intelectualidad internacional escuchó, único y sagrado el Himno Nacional de Bolivia, en homenaje a la patria productora de selectos poetas.
En Italia, se publicaron sus poemas traducidos al idioma de Dante y D’Annunzio. Suyos son los libros: Alfa, La duda, prologado el primero por la insigne Yolanda Bedregal. Impresos sus poemas en Antología de poemas premiados, donde Yolanda expresa: “en sus poemas el juego de sentimientos pasa por una especie de alquimia cerebral” “hay un meditar continuo”.
Quise incursionar en su mundo interior y él, generoso, me abrió las puertas de su sensibilidad para contarme, expresivo, su magisterio y opinión sobre los poetas, la poesía, la creación literaria y el compromiso poético: “Considero que el padre de la prosa actual es Octavio Paz y valoro a Sartre, por su sólida construcción filosófica y su gran capacidad en el mensaje intelectual”.
“Pienso que en Bolivia, Franz Tamayo es la cumbre de nuestro mundo literario y fuente poética original”. “En Tarija, reconozco el valor de mi padre Edmundo Torrejón Cardozo y como poeta mayor a Óscar Alfaro, el poeta de los niños, el increíble vate costumbrista que transformaba en verso cuanto tocaba en su canto el alegato social”.
“La palabra –nos dice Edmundo- es un instrumento tan importante como el bisturí para los cirujanos; es preciso manejarla bien y utilizarla inteligentemente sin malgastarla, para que resulte correcta y precisa”.
Como Stefan Zweig nos explica el misterioso milagro de la creación artística. Asegura que “existe un condicionamiento poético, presente en todas las cosas del entorno general del hombre y sobre todo en la profundidad anímica del poeta. En determinado momento sucede algo delicado y sublime que contacta con el aura humana. Salta una chispa y se inicia la creación artística como piedra preciosa, diamante sin pulimento, la misma que requiere fina elaboración para hacerla efectiva, el mensaje, es un acto de relación interior entre el escritor y el lector que lo asimila”.
Sobre el estilo y la forma literaria, resuelve que el poeta no se debe circunscribir a determinada norma.”Si un versificador trabaja cómodo el soneto, al estilo de Borges o Capriles, por ejemplo, está bien; pero es inadmisible forzar y encasillar al poeta en una poesía trabajada que exprese una construcción arquitectónica artificial común y no un verdadero arte”.

/Continuará…

Edmundo
Torrejón Jurado

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