Del Libro “Huellas Del Chaco” De Roberto R. Ávila Castellanos Momentos de gloria

Escrito por  Roberto R. Ávila Castellanos May 07, 2017

Después de los homenajes recibidos por el Sargento Froilán Tejerina Alcoba, retorna a su querida Guayabillas con 5.000 Pesos recibidos por un premio económico gubernamental, por su coraje y heroísmo. Se afinca en un terreno en el Abra de Colón, que se ubica en la jurisdicción de su provincia natal.
En la Iglesia de San Bernardo de la ciudad de Tarija (Catedral), ingresa el héroe del fortín Sorpresa, tomado de la mano de Esperanza Chavarría, una linda chapaca, sencilla como ninguna, de tez blanca, trenzas largas, voz tierna y mirada juguetona y cautivante.  
En el libro 25, página 108 del libro de registros se conserva la siguiente partida matrimonial: “En esta iglesia parroquial de San Bernardo de Tarija, a los diez y ocho días del mes de septiembre del año del señor de mil novecientos veintinueve, el suscrito párroco previa información de soltería de los testigos Francisco Madalleno y Rodolfo López, leídas las tres proclamas canónicas y practicadas las demás diligencias de derecho y no resultando impedimento, caso y velo uniendo en matrimonio, según rito de nuestra Santa madre iglesia a Froilan Tejerina soltero, hijo legítimo de Esteban Tejerina y Lorenza Alcoba, de veintidós años de edad con MARIA ESPERANZA de veinticinco años de edad, soltera, hija natural de Margarita Chavarría, bautizada en Concepción. El novio fue bautizado en Padcaya.

Fueron testigos presenciales Don Juan de Dios Trigo y su esposa Virginia, en representación del excelentísimo presidente Hernando Siles y su señora. De que doy fe… Firmado: Tomás Sese C.M.F.
La pareja se dedicó a la agricultura y los fines de semana, en las tardes domingueras paseaban tomados de la mano en la plaza “Sargento Froilán Tejerina” de Padcaya.
“Esta plaza es tuya…” le decía Esperanza y contestaba Froilán: “Ahora es de los dos, pero ante todo pertenece a los bolivianos, porque el territorio que defendí es de todos nosotros”. Luego evocaban sus hazañas y comentaban sobre la inminencia de la guerra.
Se sintieron muy orgullosos cuando les comunicaron que en la ciudad de La Paz fundaron la escuela “Sargento Froilán Tejerina”, que estaba ubicada en la plaza Sucre 1452 del conocido barrio de San Pedro.
La guerra del Chaco se había iniciado y tenía en su escenario algunos cambios: los paraguayos establecieron el fortín “Teniente Rojas Silva” que se ubicaba en un pajonal, cercano a Ballivián y Alihuatá, tenía una casa rústica, que servía de atalaya y pequeño cuartel; entre tanto los bolivianos nominaron como “Puesto Tejerina” a un espacio de ingreso al monte espeso; solo era un punto de referencia. Después de 4 años, los nombres de Adolfo Rojas Silva y Froilán Tejerina volvieron a ser protagonistas en la guerra del Chaco.
A mediados de 1933, Froilán Tejerina decide volver al Chaco, para seguir defendiendo el territorio nacional. Conmovedora fue la despedida con su esposa Esperanza Chavarría y el amor por la patria hizo más que la mujer amada. Es enrolado en el Regimiento “Montes” y parte hacia el infierno verde.
Los regimientos y batallones eran movidos de un lado a otro, de acuerdo al desarrollo de la injusta guerra.
Froilán Tejerina, más allá de ser el héroe de fortín Sorpresa, no tuvo el privilegio de volver al lugar de su hazaña, ni siquiera conocer el Puesto que llevaba su nombre.
Froilán Tejerina era un hombre valiente y la muerte no le atemorizaba. Por sus acciones en guerra fue ascendido a suboficial.
El año 1934 adquiere para los bolivianos matices dolorosos y estremecedores, desde su inicio. Entre el 18, 19 y 20 de mayo el regimiento “Montes” combate en campo “Santa Cruz”; la lucha era despiadada.
Antes del amanecer del día 20, los paraguayos irrumpen sorpresivamente y al lado de numerosos compatriotas cae mortalmente el héroe de Fortín Sorpresa. El suelo chaqueño lo recibe generoso como homenajeando a un valiente.
El asedio diario de las tropas en guerra, no daba tiempo para honores ni honras fúnebres, los caídos en combate eran sepultados rápidamente en esta cálida tierra del sudeste.
Existe un testimonio que confirma lo narrado; se trata de un relato del excombatiente Atanasio Ponce Aramayo que dice: “Era la madrugada del 20 de mayo de 1934, Tejerina y el suscrito nos encontramos casi juntos, al lado de los ejemplares soldados del Regimiento “Montes” 18 de infantería, al mando del señor teniente Octavio Gandarillas. El enemigo irrumpió furiosamente la línea, cayendo muchos, y al lado nuestro, también ofrendó su vida el suboficial Froilán Tejerina, héroe del Fortín Sorpresa.
Froilán Tejerina quedó como parte del suelo chaqueño, en nombre y en cuerpo, dándole a la patria las glorias que necesitaba y su vida misma, por ser parte de esta tierra, por ser boliviano. Por supuesto que faltaron los honores póstumos como se merecía, sin embargo era la guerra y no hay otra explicación más contundente.
MANUEL LEA PLAZA PRIETO nació en un día especial, era la navidad de 1911, a sus veinte años, en noviembre de 1932, ingreso a la guerra del Chaco, junto a sus compañeros cadetes de cuarto año del Colegio Militar, les dieron el grado de subtenientes de reserva, al inicio perteneció al Regimiento 43 de Infantería. En Agosto de 1933 pasó al Regimiento “Colorados” 41 de Infantería, luego estuvo en el Regimiento “Montes”, del que pasó al Regimiento Castrillo 6 de Caballería.
Ascendió a subteniente de línea, luego de la toma de Nanawa, sector donde combatió durante su asedio y luego se distinguió liderando el célebre “asalto de bayonetas del 4 de julio”. Combatió en Gondra y Alihuata; después en Cañada Strongest y en Cañada Carmen. Exploró la región del Garrapatal; al volver  encontró a su campamento tomado por el enemigo. Al constatar este hecho empezó a dar grandes rodeos y después de varios días volvió a reunirse con sus compañeros, para seguir en la lucha.
Las acciones citadas en su hoja de vida demandaron arrojo y valentía y comentan que el joven subteniente era tan intrépido que no medía el peligro; sin embargo los proyectiles enemigos parecían desviarse ante su presencia y en combate nunca tuvo el más mínimo rasguño.
Sus ojos azules solo mostraban su transparencia y afecto por los compatriotas. Compartía de igual a igual con todo camarada. La única dificultad era la falta de comunicación con quienes solo hablaban idiomas originarios.   
En esos pequeños espacios de calma que suceden entre batallas, al formar para recibir instrucciones, los jefes y soldados del valeroso Regimiento Castrillo lo vieron temblar de frio en semejante infierno verde y su transpiración era inusual. Esos síntomas ya eran conocidos y lo único que hizo impacto en su humanidad, fue  el mosquito Aedes aegiptis que lo contagió de Paludismo. Más bien que se dieron cuenta y de inmediato lo mandaron donde los sanitarios del Regimiento, los que lo derivaron a la ciudad de Tarija donde funcionaba el Hospital San Juan de Dios.
Llegó a principios de octubre a su tierra natal, “Ha llegado del frente el teniente Manuel Lea Plaza” era el comentario general, en la ciudad. La oficialidad sanitaria del hospital Nº 12, agotó todos sus recursos de la ciencia para salvar su vida. Así transcurrieron varios días y era muy visitado por su familia, amigos, piadosos y bellas damitas que anhelaban su recuperación.
Pudo más la furia del infierno verde, pudo más la propia naturaleza que las balas enemigas. El 12 de octubre de 1934, a horas doce de la mañana, exhalo su último suspiro el teniente Lea Plaza, en medio de sus amigos y camaradas.
El día siguiente, partió un cortejo fúnebre desde el mismo hospital, iniciaba una carroza llena de flores y a continuación el ataúd era llevado por sus camaradas militares, seguidos por una apreciable cantidad de dolientes. La banda de música de la Policía Militar acompañó con acordes melancólicos como ameritaba la situación.
El teniente Jorge Gonzales, ayudante del Comandante de Etapas en Tarija y herido de guerra, uso de la palabra y dijo: “Tierra noble de Tarija, tú que recibes con amor y cariño a todos los hijos de Bolivia. Tú que acoges en tu regazo con amor de madre a los que a ti llegan, guarda los restos del hermano, del camarada valeroso, del amigo leal”.
En el cementerio, frente al cadáver, en medio del mayor recogimiento, un corneta del destacamento dejó escuchar el toque de silencio como homenaje póstumo que se rinde a los héroes, a los paladines defensores de la integridad nacional que enarbolan en alto el emblema de la patria, la tricolor boliviana, la rojo, amarillo y verde que hace latir los corazones. Un suspiro profundo exhalado de cientos de corazones, a los últimos acordes del silencio es llevado hasta lo inconmensurable con las suaves brisas del valle del Guadalquivir.
El Doctor Antonio Mogro Moreno decía las siguientes palabras en ocasión del Sepelio: “Para ti no hubieron fatigas, ni dudas, ni desfallecimiento porque marchabas sereno, como hipnotizado por una visión superior que tonificaba tu espíritu constantemente: La visión de la victoria. Ella fue tu estrella; cobijado por su fulgor peregrinaste sin cansancio auscultando los latidos del bosque en mil arriesgadas exploraciones, o desde las trincheras, dirigiendo y encausando el espíritu de tus soldados que confiaban en tu pericia y valor como algo inmutable. Ni una herida, ni un rasguño, se diría que las balas enemigas respetaban tu vida haciendo honor a esa hidalguía que no tiene fronteras, pero todo tiene su límite: el organismo humano, maravillosa maquina humana determinada por un genial artífice, hasta en su resistencia que no es dable pasar…
Duerme en paz luchador incansable, la historia fatigará sus bronces para cantar tu nombre, junto al de tantos héroes, que como tu ofrendaron sus vidas por la patria.”
Tarija rindió tributo, una vez más, a otro valor auténtico de la guerra del Chaco, el joven veterano subteniente Manuel Lea Plaza Prieto.