Un cuento corto. La Apacheta

Escrito por  Julio E. Pizarro Hoffman Sep 10, 2017

De ida, una de las tantas veces al santuario de chaguaya, distante  como una decena de leguas, de una veintena de comunidades, de ríos de frígidas aguas que corren sin saber dónde llegar, noches recontra estrelladas, cielo límpido pero frio de agosto, en pleno invierno no se puede pedir  más.  La   caminata, es  la voluntad manifiesta y religiosa para cumplir con esta penitencia. El sacrificio de lavar los pecados, ganar indulgencias para el goce  en el más allá. Mirar  con asombro la columna de peregrinos que año tras año recorren el largo y tortuoso camino vecinal de tierra, de piedras, del agua de los ríos que hay  que vadear, del frio de la noche. De la fuerza interior  y del convencimiento de que esta caminata es de voluntad que el hombre puede y va en busca de la pureza de la comunión entre este sacrificio y la vida, para un goce esperanzador. Esta gracia de liberar los pecados contraídos en el transcurso de nuestra peregrina vida, es lo que salva  es lo que perfecciona, es lo que sacude de las impurezas pecaminosas como  la ignorancia y la envidia,  que nos conducen a falsas interpretaciones del sacrificio y del esfuerzo de la caminata  en la búsqueda constante y permanente de encontrar el alivio,  que no tiene cabida en nuestras almas porque es inaccesible a la comprension humana.  Es así como reposa en nuestro corazón en nuestro espíritu  y en nuestras manos.

Juntarse con los acompañantes a la hora de la partida de  este largo recorrido. Viendo y observando a la cantidad de peregrinos con multicolores vestimentas, pasan por delante nuestro, canticos que nos hace pensar de la  desesperada renovación espiritual que el hombre busca para su realización.
Muy contento con el  penoso y largo recorrido,  pensando a la luz del límpido estrellado cielo agosteño, de cuando en cuando los destellos de un cometa que despierta al ojo otra dimensión, repasando  las tristezas y dolores terrenales cargados. Y haber tomado varias tazas de té con te, para combatir el frio, el cansancio y de renovar las fuerzas para continuar adelante. La conversa amigable sincera  con fe pero con mucha fe, con los compañeros de este peregrinaje, hacen más llevadera la caminata agotadora en la fría  noche, donde se te vienen las promesas hechas, los recuerdos un tanto agradables y otros no tanto.   El camino de tierra tiene estrechos donde nos apegamos los promesantes, el sendero tiene subidas y cuestas empinadas que hace redoblar el esfuerzo de la caminata, caminamos cuesta abajo hay que cruzar el rio, las saltanas están recontra mojadas y por lo tanto resbalosas hay que tener mucho cuidado en pisarlas y si te resbalas chalpun al agua. Entonces te mojas esta agua bastante fría que viene de la cordillera, y seguro que agarras una reverenda gripe, aprovechamos para seguir con la conversa, para decirles que vine caminando desde muchos años atrás por concejos y pedido de mi madre, que me lo hizo antes de morir, yo le prometí que lo haría, apreté sus manos y me costó soltarme, desde entonces vengo con un costal  de pedidos a la virgen. Cómo está el camino,  si hay que cruzar más ríos o como se llama este lugar, se divisa y no se divisa mucho en la oscurana de la noche, pero trato de entender y ver con los ojos de mi madre, que tanto me recomendó la venida a la promesa de la virgen, porque dice que así se purgan los pecados y se abriga esperanzas de mejores días para la familia, para tus hermanos  y sobre todo para tu hermano menor, que lo veo muy poco aficionado al trabajo, se parece mucho a tu papá, pues, cada vez que le reclamaba que vaya en busca de trabajo, aunque sea de albañil,  me repetía,  en ese espejo no te has de ver. Pues tanto necesitan de la divinidad de chaguaya.
Caminamos bajo una luna menguante donde la sombra no aparece y parecería que la pisamos para desaparecer muy de prisa, nuestros compañeros de caminata en la peregrinación al santuario se persignan a cada rato entonces salen las preguntas y el que se apura en contestar es Desiderio, diciendo que él solo se santigua para la pascua, y aclara aún más, y dice que, la pascua esta ordenada en el calendario gregoriano, denominado así por que el papa Gregorio XII  quien promovió e implemento este calendario en remplazo del juliano, y que el mes lunar son  de 28 días, por eso el periodo menstrual en las mujeres, y que también es determinante la influencia de la luna en su fertilidad y en las  mujeres embarazadas ni que decir. Cuando hay cambio de luna de seguro que se producirá el parto. Y el viernes santo está fijado el día viernes anterior a la primera luna llena después del equinoccio de otoño y  respetando la decisión de la iglesia, debe ser siempre en domingo, el día de la resurrección de nuestro señor Jesucristo. Ante semejante comentario seguimos sin decir palabra alguna y reflexionando sobre estos conocimientos ocultos que de vez en cuando salen a flote.
Después de un interminable  trecho del camino recorrido  y al parecer estamos ya por el Tunal, ya pasada la media noche, donde el cansancio las molestias musculares se hacen sentir, nos cruzamos con un arriero con un par de burros de carga, oportunidad para hacerle preguntas, oiga cumpa queda todavía muy lejos chaguaya, a lo que responde con una contestación bien paisana, - mire usted para allá se ve un reflejo muy lindo es el  resplandor donde está la mamita, ahora mire para este otro lado, hay un montón de piedras, al  borde de cerro  que Ud. divisa, donde los cóndores son los dueños de los cielos. Ese  montón de piedras es en honor al espíritu de  los dueños de la montaña, que se llama la apacheta. Y para que Ud. pueda caminar tranquilo sin escuchar  ruidos y sombras, el  esfuerzo que usted  está haciendo debe hacerlo con mucho respeto y sobre todo  tener Fe, para que sus buenos deseos  e intenciones se cumplan.  Debe hacer el sacrificio de cargar una  piedra en señal y dejarla en el montículo de piedras, a fin de expulsar los pecados cometidos, es lo que nos cuenta el cura de la iglesia y la costumbre de la comunidad respetada religiosamente, porque si usted no cumple con esta sacrificio de llevar una piedra con mucha fe, puede ocurrir lo que le pasó a la comunidad de mis abuelos, allá por el cerro de mas allá, donde el frio es todo el año. Puedo decirle entonces que recogemos la tradición  de la leyenda de la apacheta. Pues esta  apareció cuando en una de esas repetidas festividades que se celebran en la comunidad, donde la gente del lugar,  el clima frígido y la ventolera de finas y fuertes ventiscas  golpea duramente. El paisaje desolado ante las circunstancias de sus gentes  donde las virtudes estaban desaparecidas y los vicios eran el pan de cada día,  entonces andaban mal, pero muy mal, estaban  muy distantes de las bondades que el cielo te brinda. Para remediar este mal comportamiento nuestro señor Dios envió al  arcángel salvador, vestido de  ropaje de pastor ovejero, donde sus predicas y suplicas para que cambiaran su manera de vivir, donde la debilidad humana sin  la luz  es la muerte de la vida. El viajero haraposo sentía que la voz se le entrecortaba cada vez que debía dedicarle algunas letanías, como que Dios es luz que ilumina, y  el que la recibe,  posee el dominio de la vida. Hablaba a viva voz, que la convivencia entre las gentes  no dependía de las fiestas  ni de los jolgorios, sino  más bien de las buenas costumbres y respetables conductas  y los buenos comportamientos entre los comuneros. Y que entre las caras de Dios hay diferencias que existen entre la piedra y la piedra. Pero una de las caras es pálida como la luna, que da sabiduría, ilumina, inspira brinda sosiego y paz interior. La otra cara brilla como el sol, quema da fuerza, energía para el trabajo y calor a las semillas. Quien siembra y cosecha  de estas piedras posee la más alta virtud y el mayor tesoro del mundo que hasta el agua fecunda del cielo lleva la simiente hasta las profundidades de la tierra, donde surge y vuelve a surgir la vida de los habitantes de la tierra.
En una de las tantas veces al pasar por este pueblo llamado Tasara, cuyos orígenes se remontan a los de la tierra, encontró nuevamente una gran festividad, de las que estaban acostumbradas a realizar de por todo y por nada. Se aprestaba a acomodarse para pasar la noche y al hacer las veces de un sabio pastor, para que su grey pueda volver por el camino del bien, el comportamiento noble del amor, del amor que anima del amor que exalta, en el esplendor mediante la fuerza de  gracia que es como imantamos  el amor eterno y nos encarnamos a Dios en nosotros, para conducir la obra del  señor. Y al no ser escuchado y sometido al vilipendio, es duramente castigado con piedras, látigo y estropeado salvajemente, es la muerte  la entrada obligatoria al esplendor de la vida celeste, pues la separación terrestre es el comienzo del cielo manifiesto. Ya que la mortificación del cuerpo debe preparar la purificación del espíritu y la regeneración del alma, quien se aparta del misterio de la muerte no conocerá nunca, la potencia y la gloria de Dios. Y así consiguieron la mortificación del pastor, arcángel salvador.
Volvieron a la gran algarabía con el mismo entusiasmo que habían comenzado, entonces una de las almas nobles se compadeció del viajero, al reconocer que estuvo aquí en varias oportunidades, trato de darle alguna pócima caliente, curarle las heridas y al tocar una de las heridas del pie se ilumino el lugar, donde vieron aparecer a varios ángeles en el firmamento cantando coros celestiales, todos se turbaron se arrodillaron arrepentidos, compungidos y sorprendidos por lo ocurrido. El buen hombre el buen pastor se dirige  para decirles que este pueblo debía ser destruido por el mal ejemplo por la mala vida que a diario viven y soltó una plegaria, libéranos padre todo poderoso de la inmundicia a que somos sometidos a fin de que resplandezca de nuevo tu pureza fecunda,  a fin de que seamos mejores hijos tuyos. Al final es como el principio, como la piedra.
Instruyo a la mujer que lo atendió, lo curo  y lo alimento, que debía abandonar y salir del pueblo rápidamente, junto con su prole, salieron muy a la apurada, recomendándole que  no debía volver la cara para atrás, para no ver la destrucción, cuando mil rayos, incendie el pueblo, centellas y turbiones caigan encima del pueblo, para ser destruido. Pero la curiosidad para ver lo que pasaba en la destrucción del pueblo, pudo más que las suplicas del buen pastor, volviendo la cara y contemplando lo que pasaba como un verdadero infierno. Entonces la mujer y su familia, desde ese día se transformaron en la apacheta, que sangra cada cambio de luna llena. Los lugareños tratan de no  pasar por ahí  en luna llena, para no sentir el temor miedoso del espíritu de la piedra de la  montaña. El lugar desde entonces se llama el abra de la apacheta. Lugar sagrado, donde cada caminante debe dejar una piedra y su acullico, en señal de arrepentimiento y manifestar interiormente con un deseo de saludar con toda devoción y santiguarse  como signo de la prolongación de un sentimiento que solo el tiempo y las aguas podrá descifrarlo. El otrora pueblo se transformó en un enorme lago.

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