Martes, 20 Febrero 2018

Prodigalidad de los dones (*)

Escrito por  Edmundo Torrejón Jurado Feb 11, 2018

Para Héctor José Corredor Cuervo

La vida
del Magdalena,
pescó la exuberancia,
para celebrarla en el orbe:

¡Conjuro de los prodigios!

Y es Colombia,
leal y noble:

¡Prodigalidad de los dones!

Fecundidad de fraternas
raíces en las pasiones.

En ésta noche
de sacros
candiles
de eternidades.

Me transmigraré
en una orquídea
infinita de embriagueces.

Para perdurar
en Leticia,
bebiendo su Amazonía
en sus canoas-caimanes,
al dejo del chocolate.

Chocolate picaresco
que irrumpió
las castidades
en salones de marqueses:
¡Allende
las latitudes
del Pacífico
al mar Atlántico!

¡Oh!, los bongoes
traviesos:
De bambucos socarrones,
de chisperas picarescas,
de currulaos ardorosos.

Vehementes sones
de néctar:
¡Afrodisiacos del cosmos!

Ascenderé hasta la esencia,
por senderos de amistades:
Y arribaré a Barranquilla,
¡a su Caribe de magia!

Transmigrase en bucanero,
para hurtar
en bergantines
de estrellas y de galaxias,
el ritmo de sus mujeres:
¡Oh!, cadencia de palmeras
testimonio de corales.

¡Tamboriles de nirvanas!
¡Oh!, la cumbia conspirante,
¡arenales de lujuria!

Y el vallenato de luces
en los bosques de lascivia.

Apostar el corazón
hacia el levante enigmático,
galopar en la alegría
por la llanura Vichada,
y en un piafar
de emociones
arribar a la ensenada
de Puerto Carreño .
-el gitano-

¡Oh!, lo arabesco
en vivero,
¡El berberisco criollaje!

¡Las maracas beben néctar
de las arpas
y el joropo!
enaltecer las caderas
de las mujeres de caoba.

Un ritmo febril que eterniza
los edenes del follaje.

Peregrinar a Nariño
en busca de los rituales,
que sagrados,
dan la vida
al Cauca y al Magdalena.

Embriagarse con las olas
del Cabo de los Manglares,
y naufragar en las redes
del dejo de sus patronas.
Al ritmo
del ron
de piraguas,
eternizar la epopeya
del bucear de infinitudes.

Pescar la luna
en la salsa,
y el alba y los ocasos
en la guabina marina.

Difuminar
los aparejos,
para escalar bergantines
de bandurrias y timbales.

Al final,
y entonando
un pasillo
de saudades,
en una “escalera”
alocada:

Libar la dulce Antioquia
en un cáliz entrañable,
a la vera de un cafeto
con esencias de pasiones.

Colombia:
¡Mi luz Colombia!

¡Catedral de la alegría!

La vida,
del Magdalena,
pescó la exuberancia,
para irradiarte en el orbe:

Colombia,
mi mesón de soles:

¡Prodigalidad
de los dones!

¡Conjuro de los prodigios!

Medellín, invierno de 2010

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(*) Del poemario “EL RITUAL DE LAS HUELLAS”

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