Bolivia en los Juegos Olímpicos de invierno

Escrito por  Ma. Teresa Rivera de Stahlie Mar 11, 2018

Con una imponente ceremonia en el Estadio Olímpico de Pieonchang, Corea del Sur, se clausuraron los Juegos Olímpicos de Invierno 2018 en su edición XXIII, y los casi tres mil atletas de 92 países participantes regresaron a casa, unos con medallas de oro, plata o bronce y otros sin medallas, pero con el orgullo y la satisfacción de haber representado a su país en un evento tan trascendental

En esta Olimpiada de Invierno 2018, Bolivia estuvo presente con Juhani Grünllund (de origen finlandés) y Simon Breitffus (de origen austriaco), ambos nacionalizados bolivianos, que participaron en esquí de fondo y esquí alpino, respectivamente, logrando excelentes clasificaciones.
El hecho de que Bolivia cuente con esquiadores es sorprendente y admirable. La única pista con la que contaba el país, la montaña de Chacaltaya en La Paz con más de 5,000 metros de altitud –donde el entonces vigente Club Andino Boliviano tenía su sede y donde un puñado de aficionados a este deporte acudía los fines de semana para practicar el ski-, ha desaparecido. Era una pista difícil, y no solamente por la altitud en la que se encontraba, pero Chacaltaya es ahora sólo una montaña rocosa con algunos remanentes de lo que fue la cabaña refugio, sede del Club Andino Boliviano.
Futuros representantes del ski boliviano tendrán que entrenarse en países vecinos o en Europa o Estados Unidos, donde los aspirantes se encontraran estudiando.
“Bolivia participó en los Juegos Olímpicos de Invierno luego de 26 años de ausencia”, menciona la prensa boliviana haciendo referencia a la representación boliviana en los Juegos Olímpicos de Invierno de Albertville, Francia en el año 1992.
A esos Juegos Olímpicos de Invierno acudió un equipo de cinco esquiadores que compitieron en las modalidades de slalom y gran slalom, con Guillermo Ávila como capitán, Manuel Aramayo, Carlos Aramayo, José Manuel Bejarano y Daniel Stahlie, mi hijo, que con 17 años era el más joven de los participantes.
Seguramente que cada uno de ellos conserva en la memoria los momentos de emoción, nerviosismo y expectación que vivieron, desde el desfile de la apertura de los Juegos en que con Guillermo Ávila portando la bandera de Bolivia hicieron su entrada en el Estadio Olímpico vistiendo ponchos y “lluchus”. Junto al Representante del Comité Olímpico Boliviano desfiló mi esposo Jan, nombrado Jefe de la Delegación por haber conseguido no sólo equipos nuevos de ski para los participantes, sino también por haber hecho posible que el equipo entrenara en las pistas de Laax, Suiza, acompañándoles en todo momento.
“El Equipo Olímpico más alto del mundo” (“Das höchste skiteam der Welt”) rezaba el titular de un extenso reportaje en alemán dedicado a los esquiadores bolivianos y un periódico holandés publicó un extenso artículo con fotografías del equipo, en el que calificaba a Daniel como “El arma secreta de los Andes”.
El gran triunfador de aquel año fue el italiano Alberto Tomba, apodado “la bomba” por su destreza y rapidez.
En estos Juegos de 2018 los noruegos se llevaron un total de 39 medallas, seguidos por Alemania, con 31, Canadá con 29, Los Estados Unidos con 23 y Holanda con 20. Los holandeses ganaron casi todas las carreras de patinaje sobre hielo. La anécdota de las patinadoras holandesas que se llevaron todas las medallas fue su dedicatoria: “Sr. Presidente, Holanda primero, segundo y tercero” y todos entendimos a quien iban dirigidas esas palabras.
Nuestros esquiadores tienen que medirse con deportistas de países con infinidad de pistas donde practicar este deporte, países que cuentan con infraestructuras envidiables, holgados presupuestos, subvenciones y todo tipo de ayuda y estímulo. Por ello, la participación de los nuestros es tanto más digna de admiración.
Bien por los representantes bolivianos que acudieron a Juegos Olímpicos de Invierno anteriores a Albertville; a los que estuvieron en Albertville y bien por Grönlund y Breitffus por su reciente intervención. Todos ellos son paradigma de esfuerzo, entrega y dedicación, y su ejemplo servirá de inspiración y motivará a una juventud deseosa de imitarles.

Madrid, febrero de 2018