Gaius Cilnius Maecenas (El Mecenas)

Escrito por  Atiliano Auza Mar 25, 2018

Hacia el año 70 a.C., los romanos eran entonces los conquistadores del mundo y la raza más guerrera, pero al mismo tiempo supieron asimilar la cultura artística y la ciencia de los atenienses. Grecia era considerada como la cuna del mundo civilizado de occidente, y sus escritores los primeros que dieron vida artística a los pensamientos bellos y legendarios de la época greco-romana.

Homero es el poeta símbolo de la antigüedad por sus cantos épicos La Ilíada y La Odisea. Heródoto, Hesíodo y otros siguieron a Homero en el cultivo de versos imperecederos de fama universal.
Roma tuvo así mismo, a agrandes poetas y pensadores como Virgilio y Horacio. El primero fue autor de La Eneida, poema latino que compuso por indicaciones del emperador Augusto para glorificar al legendario fundador de Roma y la Excelsa progenie del César: Abe Cesar. Fue en estas circunstancias que aparece el nombre de Gaius Cilnius Maecenas, ministro de Augusto y protector de todos los poetas de su tiempo, como entusiasta patrocinador de las artes. Cuando Virgilio el gran poeta de Roma presentó a Horacio (su contemporáneo y amigo) al rico Mecenas, éste viendo su capacidad para las letras, le regaló una quinta situada en el Monte Sabino, no lejos de Roma y allí pudo escribir sus sátiras, Odas, Epístolas y Cantos Seculares. “Mecenas era un hombre fuera de serie. No ayudaba sólo con dinero, sino con el conocimiento y la comprensión en cada caso determinado…, y de manera tampoco común, que el «mecenas» ha heredado, hasta hoy, su nombre de Mecenas, quien, naturalmente, ya en la antigüedad era considerado como figura proverbial”.
Antaño, el mecenazgo significaba la ayuda de un protector, sólo a un poeta, luego a un pintor, a un músico compositor, finalmente a la ciencia en general. “El mecenazgo es más antiguo que su nombre, dice un escritor alemán. Platón hizo ya una fundación, para poder conservar su Academia; los Ptolomeos dotaron a la Biblioteca de Alejandría con un fondo continuo; Plinio el joven hizo otro tanto en pro de una escuela de su ciudad natal. La idea que se asocia al nombre de Mecenas permanecerá viva en tanto que, entre los administradores de las grandes sumas de dinero, haya personas amantes de las artes y de las ciencias.
Se conocen notables ejemplos de Mecenas que verdaderamente donaron patrimonios y fortunas completas para el arte y la ciencia en casi todo el orbe. Un caso notable es el gran premio Nobel que se otorga anualmente en Estocolmo (Suecia) a científicos, investigadores, literatos que hayan sobresalido en medicina, física, química, matemáticas y literatura universal. Premio instituido en homenaje a Alfredo Bernardo Nobel (1833-1896), inventor de la dinamita, consistente en la mezcla de nitroglicerina con tierra silícea de alto poder explosivo.
El archiduque Rudolf y algunos miembros de la alta nobleza vienesa se unieron en 1808 para proporcionar a Ludwig van Beethoven, una pensión vitalicia y asegurar así su permanencia en Viena donde compuso sus sinfonías y conciertos con hálito romántico y pleno de racionalismo filosófico.
El gran Duque Carlos Alejandro, orgulloso de conservar cerca de sí al gran pianista y compositor húngaro, Franz Liszt, regaló al compositor una casa de dos pisos, tal como le pasó a su abuelo Carlos Augusto, Duque de Sajonia-Weimar (1757-1828), el que cobijó a poetas excelsos como Goethe, Schiller, Herder y otros, para que siguieran produciendo sus obras en beneficio de la cultura como centro intelectual de Alemania.
En nuestro tiempo, abarrotado de toda clase de círculos y asociaciones artístico-culturales que no logran, pese a sus esfuerzos, proporcionar al arte y a los artistas nuevos impulsos, iniciativas y ayudas para superar las dificultades materiales existentes. Un ejemplo clarísimo es del escritor que escribe un libro y no encuentra un editor con el espíritu de Mecenas que publique el libro, a sus expensas. Lo mismo ocurre con la pintura, la música y la poesía, salvo algunas excepciones.*
El estado plurinacional, Gobernaciones y Municipios están empeñados en construir una identidad nacional departamental y territorial que nos ayude a nosotros mismos a vivir en un mundo mejor, elevado y respetuoso. ¿Cuál será el modus operandi?
El Ministerio de Educación inicia la formación Superior Artística creando políticas educativas que promuevan un proceso de cambio estructural en la enseñanza de las artes en todo el estado plurinacional, y, procede al hecho aún mejor, el de reconocer y valorar a los artistas destacados otorgándoles el título de “Maestro de las Artes”, en las disciplinas de artes plásticas, cine, música, teatro y danza, reconocimiento muy loable por cierto, que fomenta la nueva mentalidad suprarregional y de aspiraciones humanitarias dignas del maestro Boliviano.
Las gobernaciones y municipios del país tienen mucho que hacer en este campo, en algunos casos (no siempre), la afición al arte y el gusto de hacerlo parecería un lujo contrastada con las exigencias de la brega cotidiana del diario vivir, sin embargo no lo es. En Tarija, por ejemplo, se da un aumento importante en infraestructura de espacios para conferencias, salas de concierto para música de cámara y otros ambientes de arte y cultura.
La Casa de la Cultura y el Patio del Cabildo Municipal y su teatro Centro Cultural “Salamanca” son un referente formidable para los conciertos de música clásica, folklórica y teatro. Aparte de expresiones de artesanía, pintura y conferencias científico culturales de todo tipo incluyendo el deporte.
Por su parte la Gobernación del departamento de Tarija mediante su dirección de Patrimonio y Gestión Cultural, ha estado apoyando la edición de libros a través del programa fondo editorial “Yo sí leo” para la cultura y la investigación. Plausible esfuerzo digno de imitación por la empresa privada y otras instituciones que deseen cooperar realmente a la cultura tarijeña y artistas que, aunque no sean tarijeños de nacimiento, trabajan por Tarija.
El artista de los tiempos presentes no puede convertirse en su propio Mecenas, obviamente, no tiene los medios para hacerlo, es decir un sueldo de 12 o 14 mil /mes, para autofinanciar –con prestancia y categoría- su propia producción literaria o musical.
Las misteriosas emociones que se siente ante la naturaleza circundante son percibidas por el artista con elevados principios estéticos y creativos que fijen, al mismo tiempo, nuevas expresiones para la creación artística independiente. Opinión, que confirma el filósofo alemán Federico Hegel (1770-1831) en su tratado de Estética donde dice. “El artista si quiere cumplir su misión, que no es otra que la de humanizar el mundo, es esencial que el arte moderno conserve todos los rasgos distintivos del individualismo y que produzca obras excepcionales. Porque, en última instancia, lo único que cuenta es el individuo, ese ser inimitable que se resiste a ser asimilado a la masa”.
Para que tal fenómeno ocurra nos preguntamos: ¿Seguiremos pensando en Mecenas, o, los Mecenas de este tiempo se conviertan, de una buena vez, en el gran público que debería pagar por el arte que consume, siente y le emociona?, tal como sucede en las sociedades modernas jerárquicamente organizadas, que tienen como fin altruista cooperar económicamente al sentimiento y desarrollo del arte y la cultura.
Ya no es posible concebir que una presentación artística de gran nivel y categoría como una orquesta sinfónica de 60 músicos o un coro famoso de igual número de integrantes, una ópera lírica espectacular con más de 100 artistas, continúen siendo espectadores gratuitos, o, como en el caso de música de cámara, un quinteto, cuarteto, trío que, disminuyendo integrantes, queda el dúo y el solista de piano, de violín, o de cualquier otro instrumento, quienes ejecutan la música como ángeles en el cielo, pero que requieren de incentivos económicos apropiados para mantener (por mucho tiempo), su profesionalismo.
Lamentablemente nuestra sociedad no está formada todavía para apreciar estos espectáculos y pagar la entrada para ver y oír a excepcionales artistas ya consagrados; quienes alientan nuestra vida espiritual y nos emocionan el alma haciéndonos más grata y llevadera nuestra existencia. Será bueno imitar a otros pueblos más cultos que disponen sus recursos en familia o individualmente para concurrir los fines de semana a escenarios variados que ofrecen los artistas y promotores de la ciudad como son un ballet, un concierto de música clásica, lo mismo que una exposición pictórica o una feria del libro, demostrando que ya estamos preparados para recibir el hábito beneficioso de la cultura, sin reticencia alguna, y no sean las autoridades locales o nacionales solamente las que tengan que subvencionar el costo de los espectáculos que en su caso, son teatrales, musicales o coreográficos de alto costo económico. En suma, diremos con mucha propiedad y realismo de taquilla, que los mecenas de hoy en día son el público, la industria y el comercio.
Éste sería el ángulo del progreso para el devenir del artista tarijeño y boliviano.
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* La excepción es Ma. Teresa Rivera de Sthalie, pianista y escritora orureña, radicada en Madrid (España), a quien se la puede llamar Mecenas con mayúscula, por su meritoria labor cultural en pro de la música boliviana.
Normalmente patrocina a sus expensas, ediciones de libros y partituras musicales. De igual modo, estimula a jóvenes talentos, así como a artistas y compositores ya consagrados; gracias a ella y a la Sociedad Filarmónica de La Paz, se pudo escribir y poner en escena a la ya famosa primera ópera boliviana, INCALLAJTA, del compositor boliviano Atiliano Auza en sus dos presentaciones, La Paz 1980, Cochabamba 2010.
Además de una treintena de partituras musicales de diferentes autores publicados con el nombre de “Colección Compositores Bolivianos”, patrocinio de los esposos Teresa y Jan Stahlie, con el propósito de preservar y difundir la importante obra de los compositores del país.