XV. La heroica ruptura del triple cerco en Campo Vía, hazaña del tarijeño Armando Ichazo Urquidi (Guerra del chaco)

Escrito por  Jesús Miguel Molina Gareca Mar 25, 2018

El mes de diciembre se recuerda una de las fechas más emblemáticas que los tarijeños debemos rescatar con honor y respeto, una acción planificada, dirigida y protagonizada por uno de los hijos de esta tierra. Acción realizada en tiempos de la feroz contienda del Chaco.
Es un hecho que ha servido para otros fines y no para eternizar la memoria de un hombre cuyo valor fue reconocido ­paradójicamente­ en primer orden por el ejército paraguayo y luego por el ejército boliviano.
Una acción enmarcada en el pedestal heroico de la historia militar boliviana. Acción que logró consolidar su objetivo y demostrar una bravura y firmeza singulares en un tiempo de confusión, incertidumbres, yerros y dolor.

Cuna de héroes: Valle de la Concepción
Armando Ichazo Uriquidi nace el mes de diciembre de 1912 (el certificado señala 2 de diciembre) en el Valle de la Concepción y muere en esta tierra hermosa llamada Tarija un 12 de Julio de 1998; las primeras letras las aprendió en su hogar. A los 12 años se traslada a la ciudad de Tarija e ingresa al Col. Nal. San Luís y apoyado por familiares establecidos ya en la ciudad de La Paz, ingresa al Colegio Militar a los 15 años culminando sus estudios el año de 1932, meses previos al estallido de la guerra en el Chaco a la que asiste desde un primer instante.
Fue -en el sentido lato- un hombre nacido para su tiempo: valiente, hábil, disciplinado, enérgico. Un hombre para su tiempo.
La crónica de su vida militar es motivo de otro trabajo mucho más amplio que el presente. Acá buscamos únicamente centrarnos en uno de los hechos heroicos más importante de la guerra del chaco, tal vez el mayor, y por ello sólo reseñaremos la actuación de la personalidad estudiada en la acción que hoy nos convoca.

Campos teñidos de sangre y coraje
El año 1932 -en la guerra del Chaco- es el año donde la dirigencia militar - civil boliviana demuestra su poca capacidad para prever y enfrentar esa contienda, siendo una muestra de esto la sucesión de varios militares en el comando del ejército movilizado; esta constante en el ejército boliviano contrasta con lo sucedido en el ejército paraguayo que desde el inicio al fin de la guerra tuvo un solo comandante.
Luego de esfumado el inicial existismo de creer que el Paraguay era un estado endeble que se arrodillaría en “un par de meses”; luego del desastre moral que significó para la población boliviana la derrota en Boquerón; luego de la “novedad” en el país al encontrarse en una guerra en la que se repetían los mismos fantasmas de las guerras anteriores (sin aliados estables, recelados por los estados vecinos, solos, etc.) La población boliviana comenzó a desconfiar de entregar a sus hijos, maridos o padres a esa sangría que se producía en un territorio hasta entonces considerado ajeno al colectivo boliviano establecido fundamentalmente en capitales de departamento.
Los desastres y desatinos se sucedían unos a otros, el valor inicial de la tropa y el heroísmo de la misma comenzó a menguar al verse dirigidos por oficiales que en una mayoría tenían una preparación no acabada y con serias deficiencias en el conocimiento del terreno, así como en el desconocimiento climatológico del escenario bélico.
La entereza de esta guerra fue llevada adelante por las tropas rasas, agobiadas por la carga de una cruz que no habían pedido y en una circunstancia cuyo desenlace no había sido estimado, menos preparado, por los diferentes gobiernos previos a 1932.
El año de 1933 resultó en un quiebre de equilibrios que hasta entonces pudo haberse sostenido. El Comando boliviano estaba a cargo de Hans Kunt, militar prusiano de 65 años que había actuado en Europa en la primera guerra mundial y cuyo desconocimiento del terreno donde se desarrollaba la guerra del Chaco iba a la par de su tozudez Y soberbia.
De esta manera la orden de Kunt de arrojar todo el poder del ejército boliviano contra la fortaleza de Nanawa, fortaleza reforzada por el ejército paraguayo en más de 6 meses de intensos trabajos, resultó en un golpe que la población boliviana no podía asimilar. No podía exigírsele a la población que asimile tanta sangría.
Sin embargo Kunt creía que tomando Nanawa, todo el ejército paraguayo caena luego. Lo que sin embargo sucedió fue que el ejército debilitado fue el boliviano.
Fueron dos batallas las denominadas de Nanawa, en Enero y en Julio de 1933, en las mismas actuaron más de 10 mil soldados bolivianos, quedando en el campo de Marte poco más de 2 mil soldados y no logrando alcanzar el objetivo trazado que era la toma de la fortaleza paraguaya.
Los paraguayos inmortalizarían esa defensa en una de sus más emblemáticas Polcas, llamada 13 Tuyuti, alguno de los versos de la mencionada polca paraguaya dice:
Número 13 es mi regimiento
se conoce por su bravura
Fortín Nanawa es mi campamento
el que se dice la Muralla Viva.

Que levante “la mano a la visera”
y afine mi guitarrita,
consagrando las trincheras de Nanawa’
voy a cantar a “13 Tuvuti”.

Es que Kundt sólo piensa al principio
que aquí encontrará cobardes
pero cayó de bruces el viejo gringo zonzo
a la puerta de Nanawa se aplastó la nariz.
Luego de ese desgaste monumental de fuerzas bolivianas correspondía la iniciativa al ejército paraguayo quienes midiendo el conocimiento y fuerza del ejército enemigo, actuó con cautela y evitó el enfrentamiento frontal, utilizando para el caso la estrategia del cerco, o encerramiento de tropas. Método eficaz y más económico en sentido de vidas humanas y material bélico.
Mientras por el lado boliviano los desatinos en la dirección militar boliviana seguían generando desastres en las diferentes batallas que se desarrollaban: esos desastres repercutían en la moral de los combatientes. Nadie podía creer que su suerte sería más feliz que la de aquellos que caían al frente suyo, detrás suyo, al lado suyo ...
Desde el mes de octubre de 1933, los paraguayos comenzaron a instalar sus unidades -cual un juego de ajedrez- en torno a las agotadas y confundidas tropas de la 4ta. y 9na. divisiones bolivianas, que eran las divisiones más adelantadas en el frente de batalla y las mejor equipadas.
Los fortines y puestos de Pozo Negro, Gondra, Pozo Encanto, Fernández, Pozo Esperanza, Campo 31, Bullo, Alihuatá ... , fueron sucesivamente cayendo en manos de tropas paraguayas que así cerraban en una tenaza de acero a dos divisiones de soldados bolivianos que no atinaban mas que a retroceder teniendo como carga permanente el acoso de las balas enemigas el calor sofocante y la falta de agua. Pronto las tropas bolivianas ubicadas en Campo grande y las del Reg. 16 de Infantería, fueron hechas prisioneras con más de mil soldados y poco más de 2 centenas de oficiales. Era el preludio de una tragedia mayor.

De Teniente Ichazo a Teniente Machazo (Los héroes se hacen así mismos no se los construye de afuera)
Desde el 15 de octubre al 11 de diciembre de 1933 se sucedieron una infinidad de desaciertos en el Comando militar boliviano. (Luego en el tiempo unos echarían las culpas a otros y estos echarían las culpas al gobierno Y éste a los demás y viceversa) Entre las divisiones que estaban a punto de quedar cercadas se incluía al Regimiento de Caballería 5to. o simplemente “el Lanza”. Nombre de la unidad más temida por los paraguayos quienes habían puesto precio por la cabeza de cada oficial del dicho Regimiento.
Dentro del Reg. Lanza al mando del 2do. Escuadrónse encontraba el tarijeño Armando lchazo U. que había intervenido en la guerra desde el comienzo de la misma y que intervendría hasta el último día de esa guerra.
Ichazo se había formado en cuanta batalla se produjo en el dantesco escenario de la guerra desde 1932 y estaba muy lejos de ceder en un palmola valentía y disciplina que le caracterizaba; por esto y otros factores más el 2do. Escuadrón del Lanza no concebía la posibilidad de una rendición.
Entre el 3 de diciembre y el 10 de diciembre de 1933 el clima hostil del chaco demostró como nunca su fiereza, según palabras del mismo comandante Kunt el calor arreciaba con 35 grados centígrados a la sombra; poco más de un mes había pasado desde la última lluvia, los soldados bolivianos ubicados en torno a los comandantes de la 4ta y 9na. División desesperaban por falta de agua. Una tropa en retirada es un contingente de hombres desmoralizados.
La traición, la entrega al enemigo, el desfallecimiento, la avitaminosis, todo iba en contra de estos soldados cuya gloria no era otra que cubrir con sus restos pedazos de tierra en abandono.
Los comandantes de la 4ta y 9na. División se negaban a enfrentar una realidad: su incapacidad para tomar decisiones en el momento oportuno y esto era fruto de su desinformación mezclada con su obstinación. No entendían que eran el centro de una maniobra gigantesca del ejército paraguayo un doble envolvimiento, un cerco doble, cuyo fin era acabar de una vez y para todas al ejército boliviano en campaña anulando a sus mejores regimientos y batallones.
El Regimiento Lanza que estaba entre los cercados tenía sensaciones más reales y preveía lo que iba a suceder, es más habían ya entendido que estaban al centro de las tenazas de acero hechas por las fuerzas paraguayas. Con una visión más cercanaal deber, a la situación real y con un sentimiento más patriota y honorable plantearon la ruptura del cerco para que las tropas pudiesen salir en dirección al Comando establecido en Saavedra o directamente hacía el fortín mejor consolidado denominado Muñoz, pero a toda propuesta la negativa de los comandantes de las dos divisiones se imponía.
El comandante Kunt también se negó a ver la dimensión de la estrategia paraguaya y lo que con ella se alcanzaría, en partes enviados al Presidente de la república, Daniel Salamanca, dos días antes que los paraguayos concluyeran su cerco, minimizaba los hechos.
El comandante del 2do. Escuadrón del regimiento Lanza no concebía siquiera como una posibilidad la entrega o rendición, estaba hecho para luchar entendía que ese era su deber como militar, como boliviano, como tarijeño.
El 8 de diciembre el cuadro de las tropas en retirada era tétrico, no hay suficiente pesadilla para graficar el panorama de tropas que divagan en medio los pajonales buscando una quimérica sombra. “Agua por favor”, es la frase que se escucha. La mirada perdida, los rostros enjutos. De la tristeza surge como un arranque final la desesperación, suenan disparos, algunos corren y ven como soldados bolivianos se pegan un tiro para acabar con ese martirio. Ya nadie escucha órdenes, se forman grupos apiñados .que dejan de lado sus armas y se disponen al encuentro final abrazados en un gesto mortal.
El 9 de diciembre de 1933 las tropas del Generalísimo paraguayo Estigarriba se acercan a Kilómetro 22, donde estaba ubicado el comando de Kunt quien ante la sorpresa y posibilidad de ser una presa más del ejército paraguayo se evade a Saavedra y luego hasta Muñoz enviando las últimas órdenes a los comandantes de las divisiones cercadas.
Ese mismo 9 de diciembre en la tarde las tropas comandadas por el coronel paraguayo Rafael Franco, avistan a las tropas del general Estigarribia. Como parte de la estrategia para destruir toda voluntad en los soldados bolivianos los comandantes paraguayos perifonean desde sus puestos anunciando que tenían agua en abundancia, que quienes querían odían ir hacia ellos, que tenían comida, que curarían sus heridas, sólo era

necesario abandonar sus puestos y entregarse, cuidando de no dañar ni sus camiones ni su armamento. El cerco estaba por ser completado, la suerte al parecer estaba echada.
Los mismos Comandantes bolivianos que días antes se habían negado a aceptar la realidad estaban desfallecidos en sus puestos y no atinaban a ninguna orden ni acción, al parecer esperaban que la rendición sea pronto y rápido.
Armando lchazo sin embargo no podía aceptar ese destino, no estaba hecho para ello, luego de estudiar la situación procedió con esa energía que le caracterizaba a convocar a los oficiales del Lanza.
El 10 de diciembre en la madrugada una banda militar paraguaya celebró con música y fanfarria la culminación del cerco. Más de 20 mil soldados paraguayos habían terminado de cerrar en un doble anillo de fuego a las dos divisiones bolivianas, divisiones que tenían la mayor cantidad de tropa del ejército boliviano. La noticia corrió por las radiodifusoras paraguayas y argentinas, llegando a las capitales de Bolivia que no podían creer el hecho. El estupor de la población boliviana, el temor ante los hechos pronunciados. Una racha de turbación y desconcierto corrió por todo el país, se creyó que era el fin ¿con qué soldados se continuaría la guerra?
¿Quién enviaría más soldados al chaco? ¿Correrían la misma suerte?
En medio del cerco y enervado por el festejo paraguayo Armando lchazo manda a su ayudante Crisanto Morales que reúna a los oficiales del Regimiento Lanza, una vez reunidos los oficiales lchazo a viva voz dice: “Señores yo romperé el cerco inmediatamente. Todos listos para recibir órdenes”. Esa voz y esa orden electrizante levantaron la esperanza en ese grupo de oficiales y la moral en la tropa que estaba cerca. El objetivo planteado era romper el cerco en un frente de 300 metros mediante el empuje de sucesivas olas de ataque.
Era una temeridad, una acción tan extrema que nadie había considerado esa posibilidad, 26 mil fusiles paraguayos, más de 200 ametralladoras pesadas y una cantidad enorme de morteros cercaban a esas tropas desmoralizadas y en medio de esa catástrofe surgía una voz de mando, una voz de líder.
Los comandantes de las divisiones bolivianas cercadas al enterarse de la acción a realizarse dispusieron alguna organización pero infructuosa, su ánimo estaba ya en la rendición y sus tropas exánimes.
Ese epónimo y hoy olvidado 10 de diciembre, cuando el reloj marcaba las 16:35 los aproximadamente 500 hombres del Regimiento Lanza a rastras se acercaron lo más posible a las líneas paraguayas, una escuadrilla de aviones bolivianos comenzó a lanzar bombas sobre esa misma línea, los morteros en retaguardia reglaron sus tiros para el mismo frente. Volaban en astillas los troncos de algunos árboles, temblaba la tierra, los hombres del Lanza con sus comandantes en silencio y con la angustia del momento esperaron la señal de la última explosión mientras recordaban a la familia o rezaban aferrados a su fusil. Cuando calló el último mortero los hombres del Lanza, medio héroes medio dioses al grito poderoso de ¡Viva Bolivia! se levantaron y corrieron en busca del enemigo que comenzó a vomitar fuego de metralla desde sus escondites en la sombra de los montes cercanos.
Fue espacio de unos minutos en que quedó cegada la primera ola de ataque, los paraguayos sorprendidos por la fiereza de ese primer ataque creyeron que gracias a Dios estaba todo terminado, más su sorpresa se tornó en terror cuando nuevamente los hombres - fieras saltando de sus posiciones les acometieron con la bayoneta calada. El acero de las balas no los detenía, sus cuerpos erizados por el valor despreciaban el fuego de la metralla. Las filas paraguayas comenzaron a temblar, flaquearon sus piernas y otros comezaron a correr, los oficiales paraguayos no podían creer lo que sus ojos veían. Era el asalto del inmortal regimiento Lanza, por vez primera los paraguayos veían a los soldados de los que tanto habían escuchado y no creran tanto valor junto.
Fue cuestión de minutos en que nuevamente el campo quedó desolado sólo los ayes de los moribundos, el lloro de los heridos, incluso el último suspiro de algún soldado podía percibirse en el silencio generado tras el segundo oleaje. Los paraguayos ya creyeron culminada la jornada y se disponían a inspeccionar y reforzar sus filas cuando nuevamente sintieron el terror al escuchar el grito que más pavor les generaba ¡Viva Bolivia!
¡Adelante el asalto!
El tercer oleaje de soldados - fieras mostró su fortaleza, corrieron atravesando el campo por encima sus camaradas moribundos o muertos. Nada les detenía; esa locura por la sangre vista, esa prisa en encontrar la vida entera o encontrar la muerte, ese valor concentrado por llegar al enemigo y hacerle pagar tanto daño hacía de ellos seres inmortales; apenas pasaron segundos y se levantó el cuarto oleaje y luego el quinto, era mucho para los paraguayos que comenzaron a huir, otros fueron muertos. El cerco estaba roto.
El lanza había cumplido una vez más su destino. Armando lchazo fue el artífice de ese destino.
De los 500 soldados del Lanza quedaron en pié y fuera del cerco 123, entre ellos tres oficiales: Román Urdininea, Jaime Urriolagoitia y Armando Ichazo. Urriolagoitia moría el día 11 en un enfrentamiento con tropas paraguayas, quedando sólo de esos oficiales inmortales: Urdininea e lchazo.
Los comandantes de las 4ta y 9na. División, coroneles Bánzer y González Quint, desaprovecharían el acto heroico y el 11 de diciembre firmarían su rendición incondicional entregando al Paraguay 18 Jefes; 170 oficiales; 18 cirujanos; 9.997 soldados y cantidades considerables de tanques, camiones, fusiles, ametralladoras livianas, pesadas, granadas...

La Gloria Esquiva
Ese mismo día 11 de diciembre los restos del Lanza que junto a Ichazo y Urdininea rompieron el cerco de Campo Vía se unieron a tropas de otras unidades que pudieron aprovechar la ruptura del cerco desobedeciendo a sus comandantes. Todas esas tropas admiraban a Ichazo, miraban a ese hombre como se mira a un ser superior por su valentía y sencillez. Ichazo junto a ellos recorrió bajo la canícula chaqueña de diciembre toda esa jornada enfrentándose con fuerzas paraguayas que Estigarribia había mandado para detener la ruptura y cerrar el paso. Cerca la noche los gloriosos del Lanza y otras tropas se encuentran con el Coronel Peñaranda y sus efectivos que habían sido enviados por Kunt para que intentasen romper el cerco desde afuera, pero Peñaranda ingenuamente había sido cercado a su vez por tropas paraguayas del teniente Coronel Vicente Machuca. Era el tercer cerco y contra él fueron las tropas del valiente Lanza encabezadas por sus dos oficiales liberando una vez más a las tropas bolivianas del anillo de fuego paraguayo.
El coronel Peñaranda que había sido de los primeros en zafar del tercer cerco no se detuvo sino hasta llegar al fortín Saavedra donde informó a Kunt que había roto el cerco. Esa noticia ambigua era en el momento la esperanza que requería Bolivia. Era el golpe de suerte que esperaban los militares y gobernantes civiles.
El 12 de diciembre a las 13 horas Kunt dio parte al presidente Salamanca que “Peñaranda había roto el cerco y que salían tropas del mismo”. Dicen que el presidente Salamanca lloró de emoción al conocer esa noticia; que Kunt de corriente frío y solemne abrazó efusivamente a Peñaranda. La población salió a las calles llorando de felicidad. El milagro se había producido. Las trincheras del chaco habían parido a su “héroe”...
No se sabe si fue intencional o descuidada la afirmación de Peñaranda al señalar que había roto el cerco, pero esa frase significaba varias interpretaciones a la vez. En Bolivia sólo se conocía del cerco a las divisiones, no se conocía del segundo cerco ni del tercero en que había caído Peñaranda. Además quién había roto los cercos no fue Peñaranda, sino las tropas del glorioso regimiento Lanza comandado por los gloriosos oficiales del Lanza, entre ellos los inmortales lchazo y Urdininea.
El gobierno en La Paz dispuso que Kunt fuera reemplazado por el nuevo “héroe” Peñaranda, a quien se le ascendió a General en el acto y se le formalizó como Comandante del Ejército boliviano el 14 de diciembre de 1933.
Armando lchazo, que ya había sido ascendido de subteniente a Teniente, 6 meses antes, fue notificado de un próximo ascenso a Capitán, aspecto que sin embargo no se cumpliría, quedando como Teniente hasta el último año de la guerra.
Sin embargo esa despectiva acción de los gobernantes y superiores militares fue compensada con creces por el afecto y respeto que ganó entre la tropa, siendo desde entonces llamado Teniente Machazo.

Cierre
Sobre este hecho bravo y heroico, planificado, dirigido y alcanzado por Armando Ichazo es que Bolivia pudo armar el 3er. Ejército del Chaco, los casi 2500 hombres que se salvaron por la acción de Ichazo y del Lanza fueron la base para la constitución de ese 3er. Ejército que el pueblo boliviano entregaría los nuevos comandantes.
La vida de Armando Ichazo está por escribirse. Sus ideas y acciones posteriores a la guerra son por sí mismas una fuente de estudio obligatorio para las generaciones tarijeñas. Por ejemplo su participación en la Comisión de Límites del Departamento de Tarija de la década del ochenta en Tarija es otra página brillante por difundir.

TEXTOS DE REFERENCIA Y GUÍA
AUTORES BOLIVIANOS
Alvéstegui David/Salamanca/Tomo IV/ Edit. Fund. Simón Patiño/Cbba/1970
Beltran Luís Ramiro/ Papeles al viento/ Edit. Plural/ 1999 / La Paz
Baptista Gumucio Mariano/ Historia Gráfica de la Guerra del Chaco/ Edit. Última Hora / La Paz/ 1976
Espada Joaquín /Salamanca y la responsabilidad del Chaco/ Edit. Canelas /Cbba. /1989
Ichazo U. Armando /Acciones y hombres olvidados/ Edit. UAJMS / Tarija/ 1981
Pol René / La Campaña del Chaco. Glosas y reflexiones militares/ Revista
Militar/ La Paz/ 1945
Querejazu Roberto/ Masamaclay /Edit. Juventud /1993 / La Paz.

AUTORES PARAGUAYOS
Estigarribia José Félix/ Memorias del Mariscal José Félix Estigarribia (Guerra del Chaco 1932­1935)/ Edit. Parroquia San Rafael/ Asunción 2011
Franco Rafael /Campo Vía y Strongest / Edit.EI Arte/ Asunción/ 1967