Domingo, 22 Octubre 2017

La agonía que se esconde de los pasos de ballet

Escrito por  Infobae Jun 19, 2017

“Siento que siempre estoy en guerra con mis pies”, dice Lauren Lovette con un suspiro. Lovette, una de las bailarinas principales del Ballet de la Ciudad de Nueva York, tiene pies hermosamente arqueados y flexibles, y a menudo la matan de dolor.

Después de años de esguinces y otras lesiones, la bailarina de 25 años se sometió a una cirugía para corregir una anomalía ósea, pero aun con terapia física, ejercicios de tobillo diarios, baños de hielo y ungüentos, Lovette y sus pies todavía no han hecho las paces.
Las penurias de Lovette son comunes entre los bailarines de ballet, cuyos pies sufren abusos constantes, y en el peor tipo de calzado (o sin calzado). Aunque pueden correr, saltar, ponerse en cuclillas, saltar y pivotar como cualquier estrella de la NBA, los bailarines de ballet lo hacen sin absorción de choque, soporte de arco o cualquier tipo de asistencia. Los atletas usan zapatillas que protegen amablemente sus pies. Los bailarines no tienen tales lujos, dado que recorren el escenario descalzos, o en tacones, o en finas zapatillas con una frágil suela de cuero o, si son bailarinas, en esas ajustadas cámaras de tortura llamadas zapatillas de ballet.
“Cuando era joven y quería ser bailarina de ballet, tuve una breve experiencia con dichas zapatillas. Nunca olvidaré mi sensación de alarma cuando calcé mi primer par. Pequeños huesos que ni siquiera sabía que tenía repentinamente quedaron estrujados en una suerte de apretón de la muerte”. Las zapatillas de ballet pueden parecer delicadas, pero hay algo de corsé Isabelino en ellas que refleja su severo propósito: equipar al bailarín o bailarina para hacer maniobras para las que no ha sido diseñado el ser humano.