Aumento del hambre en América Latina aleja su erradicación para 2030

Escrito por  IPS/redacción Central Oct 12, 2017

El número total de personas que sufre hambre en América Latina y el Caribe ha aumentado, lo cual está revirtiendo décadas de progresos, al mismo tiempo que el sobrepeso y la obesidad afectan a todos los grupos de edad en hombres y mujeres y constituye un problema de salud pública en todos los países de la región.

Así lo señala el Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2017, publicado el martes 10 de octubre por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
En Bolivia la tasa de subalimentación ha disminuido ligeramente en el último trienio, pero sigue con una prevalencia superior al 20 por ciento, lo cual preocupa al organismo multilateral que la sitúa entre los países con mayor riesgo de inseguridad alimentaria del continente. En la interpretación de ese factor se incluyen los problemas de sequía y la vulnerabilidad de Bolivia a los efectos del cambio climático.

Radiografía continental
La publicación subraya, además, que después de varios años de mejoras progresivas, en 2016, alrededor de 42,5 millones de personas no contaron con la cantidad suficiente de alimentos para cubrir sus necesidades calóricas diarias.
Esto es un aumento de 2,4 millones de personas, un seis por ciento más de la población subalimentada en comparación con el año anterior. Si esta tendencia no se modifica, América Latina y el Caribe no cumplirán con la meta de erradicar el hambre y la malnutrición en 2030, comprometida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
“Con el aumento del hambre, es muy difícil que la región alcance el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 Hambre Cero”, dijo Julio Berdegué, representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe, con su sede en Santiago de Chile.
Si bien los niveles de hambre siguen siendo bajos en América Latina y el Caribe en comparación con el resto del mundo, hay señales de que la situación se está deteriorando, especialmente en América del Sur, donde el hambre creció de cinco por ciento en 2015 a 5,6 por ciento en 2016.
En Mesoamérica el hambre afecta a 6,5 por ciento de la población en 2016. Aunque el hambre no aumentó en el Caribe, la prevalencia es del 17,7 por ciento, lo cual coloca a la subregión como la de mayor prevalencia de las Américas.
“Vamos por mal camino. La región ha dado un paso atrás importante en una lucha que venía ganando. No podemos tolerar los niveles actuales de hambre y la obesidad, ya que paralizará a toda una generación de latinoamericanos y caribeños”, advirtió Berdegué.
Hace apenas unas décadas, los gobiernos de la región unían esfuerzos para combatir la desnutrición aguda, la desnutrición crónica y la deficiencia de micronutrientes, hoy día deben agregar a esto la lucha contra el sobrepeso y la obesidad.
“Si bien la desnutrición aún persiste en la región, especialmente en poblaciones vulnerables, ahora van acompañados del sobrepeso y la obesidad que afectan más que nada a las mujeres, pero también a los niños”, afirmó la directora de la OPS, Carissa F. Etienne.
“La región enfrenta una doble carga de malnutrición, para combatirla es necesario asegurar el acceso a una alimentación balanceada y abordar los principales factores sociales que determinan la malnutrición, por ejemplo la falta de acceso a alimentos saludables bajos en azúcar, sal y grasas, a agua y saneamiento, a servicios de educación y salud, y a programas de protección social, entre otros”, indicó Etienne.
Para hacer frente a esta situación, la FAO y la OPS llaman a los países a transformar sus sistemas alimentarios para detener el avance del hambre y la malnutrición, prestando especial atención a la condición de las personas, hogares y territorios más vulnerables.
Solo a través de un gran esfuerzo regional se podrá revertir la tendencia actual, para volver al camino que convirtió a América Latina y el Caribe en un ejemplo global de la lucha contra el hambre y la malnutrición, señala la publicación.
A pesar de que el hambre creció en seis países, pero se redujo en veintiuno, el número absoluto de personas con hambre ha aumentado.
La peor situación en términos de prevalencia de subalimentación la presenta Haití, donde casi 47 por ciento de la población, es decir cinco millones de personas, sufre hambre. Este número representa casi dos tercios de toda la subalimentación en los países del Caribe.
Aunque el hambre a nivel regional ha crecido, 21 países de la región disminuyeron sus niveles de subalimentación, incluyendo al Caribe y Mesoamérica en su conjunto, entre 2013/15 y 2014/16.
Brasil, Cuba y Uruguay presentan una prevalencia de subalimentación inferior a 2,5 por ciento, mientras que Argentina, Barbados, Chile, México y Trinidad y Tobago están bajo cinco por ciento.

Sobrepeso y obesidad
siguen afectando a todos
El sobrepeso y la obesidad afectan a todos los grupos de edad en hombres y mujeres, y es un problema de salud pública en todos los países de las Américas, señala el Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2017.
La publicación muestra que 7,4 por ciento (2,5 millones) de los niños menores de cinco años en América del Sur sufre de sobrepeso y obesidad, al igual que seis por ciento de niños en América Central y 6,9 por ciento de los niños en el Caribe.
Además, un tercio de los adolescentes y dos tercios de adultos sufren de sobrepeso y obesidad, siendo las mujeres las más afectadas.
Si bien la desnutrición aguda (bajo peso para la talla) ha sido prácticamente eliminada de los menores de cinco años en la región, todavía 11 por ciento sufre desnutrición crónica (retraso en el crecimiento), pero hay que destacar que siete por ciento de los niños sufre sobrepeso.
“En la actualidad, es fácil encontrar hogares con un niño desnutrido y una madre con sobrepeso, o un niño con desnutrición crónica y sobrepeso o con una deficiencia de vitaminas y minerales”, afirmó Etienne.
“El consumo de productos ultra-procesados está directamente relacionado con el incremento en la prevalencia del sobrepeso y obesidad, así como de las enfermedades no transmisibles. Es en esa área donde debemos redoblar esfuerzos a nivel de cada país para alentar a que las poblaciones puedan acceder a alimentos saludables”, subrayó.
El Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional de América Latina y el Caribe 2017 reporta los avances de los países de la región hacia las metas de los ODS, por primera vez desde la aprobación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Además brinda a los responsables de elaborar políticas la información necesaria para proponer y avanzar políticas y programas que contribuyan a combatir el hambre, la desnutrición crónica y a detener el rápido avance de la epidemia de obesidad.
Este artículo fue publicado originalmente por la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe. IPS lo distribuye por un acuerdo especial de difusión con esta oficina regional de la FAO.

el
apunte

La crisis económica, entre los factores

La región de América Latina y el Caribe (ALC) ha venido enfrentando una coyuntura económica desfavorable en los últimos años. Desde el año 2012 se observa una desaceleración del crecimiento del PIB y, a partir del 2015, un decrecimiento, llegando a un -1,3% durante el 2016.
Lo anterior es explicado, en gran parte, por la importante disminución en el precio de los productos básicos en los mercados internacionales, lo que ha afectado principalmente a los países de Sudamérica, que en su mayoría son exportadores de estos productos. Esta situación que ha repercutido en el empleo y la pobreza.
La tasa de desempleo urbano de ALC en 2016 llegó al 8,9%, un aumento de 1,6 puntos porcentuales respecto de la de 2015, que fue de 7,3%.
Desde 2013 se observa un estancamiento en la reducción de la pobreza y aumentos en los últimos años. Así el número de personas en esta situación aumentó de 166 millones a 175 millones entre 2013 y 2015 (CEPAL).

Los progresos en Bolivia se estancan

Los datos publicados en el informe de la FAO, la Agencia de las Naciones Unidas dedicada a la lucha contra el hambre, muestran una reducción en los progresos por alcanzar la desnutrición cero planteada por el presidente Evo Morales. La tasa global se encuentra por encima del 20 por ciento y sigue siendo una de las más altas de la región.
En su discurso del 6 de agosto el presidente Morales reconoció las malas cifras, pero comprometió esfuerzos para volver a la senda del decrecimiento, lo que necesariamente pasaba por recuperar el dinamismo económico perdido a la par de la caída de los precios de los hidrocarburos.
El presidente Evo Morales Ayma destacó que en los últimos 11 años, Bolivia tenía un buen desempeño económico, lo que le permitió cerrar las brechas de desigualdad económica respecto a las mayores economías de la región, y que al menos 1,6 millones de bolivianos salieron de la extrema pobreza entre 2005 y 2016, dato vinculado al crecimiento sostenido, llegando a liderarlo en la región en los años 2009, 2014, 2015 y 2016.
“El crecimiento del PIB de los últimos años acortó la diferencia entre el tamaño de nuestra economía en relación a las principales economías de la región. El PIB de Brasil en 2005 era 93,4 veces que el PIB de Bolivia, esta relación al 2016 se ha reducido a 53,1 veces”, afirmó el Jefe de Estado. En 2005 la brecha de desigualdad de Bolivia respecto con la economía de Chile era de 12,9 veces, en 2016 esa diferencia se redujo a 7,3 veces.
En cuanto a la reducción de la pobreza, el presidente Morales informó que entre el 2005 y el 2016, 1.6 millones de personas salieron de la pobreza extrema, 650 mil personas del área urbana y 940 mil en el área rural; 830 mil hombres y 770 mil mujeres. De la misma forma, “a nivel nacional se ha reducido la diferencia de ingresos entre ricos y pobres, de 128 veces a 46; el 2005 el 10% más rico tenía 128 veces más ingresos que el 10% más pobre, el 2016, el 10% más rico sólo tenía 46 veces más ingresos que el 10% más pobre”.
Agregó que en estos 11 años, casi 3 millones de bolivianas y bolivianos ingresaron a la clase media, es decir, de 3,5 millones en 2005 a 6,2 millones de personas en 2016.
Además, en la gestión gubernamental, mencionó el presidente Morales, se logró ampliar la esperanza de vida en Bolivia de 64 a 72 años, reducir la desnutrición en niños menores de cinco años de 27,1% a 16%, y bajar la tasa de desempleo de 8% a 4,5%.
En tema de acceso al agua, comparó que en 2005, 6.6 millones de personas tenían acceso al agua potable, mientras que en 2016 ese número creció a 9,6 millones de personas que tienen acceso al agua potable.