Lunes, 20 Noviembre 2017

Alfredo Rivera y su encuentro con el fantasma del Tío Ubico

Escrito por  Danitza Montaño T/El País eN May 21, 2017

Un enorme silencio y unas cuantas flores marchitas anuncian que la obra ha terminado.

Alfredo Rivera, actor de teatro con más de 30 años de trayectoria, acaba de interpretar las “Manos de Eurídice” de Pedro Bloch, su obra favorita con la que ha hecho 1.508 representaciones. A lo lejos alguien aplaude la magistral actuación.
Un elegante señor en la platea del Teatro Municipal de la ciudad de La Paz se acerca y susurra a Rivera que la obra lo llevará a recorrer el mundo. “Su actuación es incomparable”, le dice el extraño personaje mientras camina parsimoniosamente hacia el centro del escenario, donde de pronto desaparece. La escena ocurre allá por el año 1967 cuando Rivera comenzaba a interpretar el personaje que lo llevó a la fama.
¿Pero quién era ese distinguido señor?, muchas personas afirman que cada teatro tiene un fantasma y era precisamente eso. Según Rivera se trataba de Wenceslao Monrroy, actor y director boliviano, a quien todos le llamaban Tío Ubico.
 “Yo lo he sentido  y Guido Calabi Abaroa -uno de los mejores escritores que ha tenido este país- también lo sintió porque por esas contradicciones que tiene la vida Guido era portero del teatro municipal”, relata Rivera.                                                                                                                    
Cuentan que el “Tío Ubico” toca maravillosamente el piano, suelta el agua de los grifos y prende las luces del escenario. Cuando Guido Calabi se percataba de esto el piano estaba tapado, el agua caía de las piletas y evidentemente las luces estaban prendidas.
Es el “Tío Ubico”, decían todos. Sin embargo, no sólo él aplaudió la obra estrella de Rivera. Un día, cuenta el actor, que advirtió la presencia de dos personas en platea luego de una función cerca de las 11:30 de la noche. Cuando bajó a la sala, ya no había nadie. “Hay en los teatros algunas cosas que repercuten en el espacio”, dice Alfredo.
Empero, lo pronosticado por el “Tío Ubico” se cumplió. “Las manos de Eurídice” de Pedro Bloch abrieron la carrera profesional de Alfredo y le dieron la profundidad de lucirse como actor en varios departamentos y países. “Recibí la obra y reprogramamos la personalidad, el sueño se hizo realidad”, explica el actor, quien soñó por más de diez años con este personaje, cuya última representación la hizo en Tarija allá por los años ochenta.
La afamada obra es una curiosísima pieza de un solo personaje. Es la historia de un hombre que vuelve a su casa después de siete años. Allí no hay nadie. Ni su mujer ni los dos hijos que había abandonado. La puerta está cerrada y ni el timbre, ni sus golpes reciben contestación.
Revisa sus bolsillos buscando la antigua llave para entrar, pero no tiene éxito. En creciente desesperación, comienza a hablar en voz alta con los espectadores. Conversa, interroga, muestra fotografías, documentos e introduce en su historia a toda aquella multitud.
Gumersindo Tavares, como se llama el personaje, es un símbolo. Su caso parece un conflicto puramente emocional, amoroso. Pero el conflicto sería idéntico si aconteciera en el terreno político o en otro cualquiera.
El hombre de hoy, según el autor de la obra, no procura solución para sus errores, se limita a encontrar justificativo para seguir errando. Una vez encontrada la justificación restablece el pseudo equilibrio emocional y persiste en el error hasta el momento en el que se encuentra solo, perdido en su angustia. La historia de Las manos de Eurídice para Bloch es la historia de toda la gente, la síntesis de la desesperación y angustia de nuestros días.
Sin embargo, a sus 50 años Alfredo decidió dejar de interpretar el famoso monólogo hasta que llegó a Tarija y lo volvió a poner en escena en el salón de la iglesia San Francisco. “La obra me dio fama a nivel nacional e internacional. Las manos de Eurídice son las manos de Alfredo eso decían”, cuenta Rivera.

El Tío Ubico
En el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez de La Paz, el segundo teatro más antiguo de América, hay varios fantasmas. El más conocido es el del “Tío Ubico”.
Cuentan que tiene su propio camerino, ubicado en el primer piso del escenario principal, éste es el único que no tiene letra ni cerrojo. Muy pocos entran a este habitáculo, pues los funcionarios y artistas saben que el Tío Ubico es un fantasma muy travieso.
De acuerdo a Inés Cortés, quien empezó a trabajar en vestuario hace 27 años, el fantasma toca el piano. Cuenta que una tarde lo oyó y fue a buscarlo guiada por la música a través de los oscuros pasillos. “Cuando vine a trabajar acá no sabía que había fantasmas. ¿La forma en que me enteré? uff...”, expresa.
Aquella tarde -asegura Cortés- la música la convocaba. No podía dejar de oírla. Sentía curiosidad por  saber quién era aquel músico virtuoso. “Pensé que era alguien que se preparaba para su concierto. Pero no era así”, cuenta.
Al llegar al escenario éste se encontraba vacío. La música volvió a oírse debajo el piso. “Bajé    a la sala y vi a un hombre de espaldas. Llevaba un frac negro y un sombrero oscuro de copa alta”, explica.
Inmediatamente le brotó sangre de la nariz y le empezó una fiebre que le duró  tres días. Sus compañeros le dieron después la explicación: doña Inés  había visto al Tío Ubico, el fantasma del Teatro  Municipal.
Don Pedro Ramos, encargado de tramoya, también cuenta las travesuras de aquel fantasma. “El teatro es una historia grande, podríamos hablar tardes enteras”, dice y agrega que “por el escenario pasaron centenares de bailarines, músicos y actores que han sido víctimas de sus travesuras”.
Cuentan que el Tío es amo y señor del escenario, es quien aprueba o desaprueba  una función.  A él se le pide permiso antes de subir al escenario y se le agradece  cuando se voltea  taquilla. “Cuando no le gusta, molesta al elenco, cuando le gusta, toca el piano”.
Relatan que si la compañía o los actores en cuestión han hecho mal su trabajo, es decir, le están faltando el respeto tanto al público como al teatro, y por supuesto a toda la profesión, el fantasma entra en acción. A veces dejándose ver, otras provocando accidentes de mayor o menor consideración o cosas más serias.
Revelan que una vez, durante un festival nacional de danza, dejó encerradas a dos bailarinas a quienes se les ocurrió cambiarse en el camerino del Tío Ubico.
Tardaron más de seis horas en sacarlas de allí, pese a sus gritos de desesperación. Finalmente, un chapero sacó la puerta entera con sus goznes, para poder liberarlas. Lo extraño es que esa puerta no tiene cierre ni cerrojo. Esto es corroborado por la señora Marina, funcionaria del Teatro Municipal desde hace más de 40 años.

Otros fantasmas
Sin embargo, revelan que no es el único ser que ronda en el Municipal, pues aseguran que a partir de las 17:00 los fantasmas empiezan a vagar.
 El público a menudo reporta haber escuchado pasos, haber visto sombras y duendes. “Incluso han visto gente pequeña correr y esconderse”, dice la actual boletera. Estos seres son parte de los muchos secretos que el teatro guarda celosamente entre sus espesas paredes y capas de pintura. Aún hoy quedan espacios que nadie recorrió.
  “Hace años en boletería apareció una mancha de humedad. La abrimos y encontramos un túnel, era pequeño, había que entrar a gatas. Entraron  hasta una parte, pero el frío era intenso y daba  miedo y algo más”, comenta.   Nadie se atrevió a seguir el túnel ni  ver a dónde conducía, por lo que fue nuevamente sellado.

Sobre la construcción del teatro Municipal

El Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez también conocido como Teatro Municipal de La Paz es el principal escenario para la presentación de recitales y conciertos musicales, obras teatrales, ballet y opera, entre otros espectáculos culturales.
Está ubicado en la calle Jenaro Sanjinez, esquina Indaburo de la ciudad de La Paz. Fue construido en 1834 durante el gobierno del presidente Andrés de Santa Cruz, se concluyó en 1845 durante la presidencia de José Ballivián y Segurola. El teatro fue proyectado por el arquitecto José Nuñez del Prado, quien se basó en un teatro de Venencia. Fue inaugurado el 18 noviembre de 1845 con la presentación del Escudo de Bolivia y del Himno Nacional. Inicialmente fue conocido como Teatro Nacional, al pasar a cargo de la Municipalidad de La Paz se designó como Municipal, denominándose luego Alberto Saavedra Pérez en memoria del dramaturgo y periodista paceño, quien escribió varias obras y las interpretaba, aunque ahora se desconoce del paradero de ellas.
Su estilo arquitectónico corresponde al periodo republicano, siendo el primer diseño del teatro semejante al de uno de los más importantes teatros venecianos de ese entonces. El arquitecto Núñez del Prado, también edificó el Palacio de Gobierno y la Universidad de San Francisco Xavier, en Sucre. Siendo el teatro más antiguo de Sud América, su interior aún conserva el diseño original, salvo algunos cambios realizados en 1861. La fachada original era sencilla, estaba dividida en tres calles, resaltando en el edificio el decorado con platabandas y entablamento. Durante el siglo XIX se modificó la fachada mostrando dos pilastras dóricas a los costados de la portada y sobre ellas en un frontón el escudo de La Paz.
Se conocen al menos siete remodelaciones documentadas del Teatro. Su fachada fue remodelada en 1910 y en 1961.  Durante la década de 1970 se realizó otra importante remodelación en la que se cubrieron los palcos bajos con un empapelado sobre los frescos que estaban en las paredes; realizándose la tercera intervención a la edificación entre los años 1992 y 1994. En el año 2006 se efectuaron obras de reparación preventiva.
En 2012 se realizó una nueva restauración a la fachada del Teatro, pintándose ésta de colores rojo y blanco.
Actualmente su capacidad es de 324 plateas; 11 palcos de seis asientos; 127 anfiteatros y 150 galerías; cuenta con 1 Salón de Honor y 20 camerinos.

Figuras del teatro nacional

La trayectoria de Rivera
Actor y director boliviano de teatro con más de 60 años de experiencia. Su vida artística comenzó a sus seis años, su padre Vidal Rivera Irusta era profesor, músico y poeta. Su madre, Alicia Achá una gran cantante, ella le enseñó a cantar pero Alfredo dejó el canto y se dedicó a la actuación.

Alberto Saavedra Pérez
Alberto Saavedra Pérez fue un dramaturgo y periodista boliviano, director del periódico La Reforma y colaborador en diferentes medios locales de prensa escrita. Conformó un elenco teatral en 1923, el cual estuvo encabezado por los artistas peruanos Inés Aragón y Manolo García. Saavedra Pérez es considerado uno de los dramaturgos más prolíficos de Bolivia.

Wenceslao Monroy
Actor y director boliviano, aprendió las artes escénicas con elencos extranjeros que pasaron por La Paz y se marchó con uno de ellos (1902). Tras hacer una larga gira por naciones americanas, retornó a Bolivia (1918). Gracias a su experiencia, supo orientar a los jóvenes dramaturgos. Fue parte de la Compañía “Tiwanaku” con la que hizo una gira por cinco países latinoamericanos.