Emoción, fascinación y Fe en la despedida de San Roque

Escrito por  Miguel V. de Torres/El País eN Sep 13, 2017

Ojotas, sombrero, bigotito, chapaco de los de adentro. En la mano lleva una fotografía de un rostro, seguramente un familiar. Los custodios hacen la vista gorda. El hombre alarga su brazo y logra colocar la imagen en la mano de San Roque. Apenas unos segundos. Su rostro se relaja, sus ojos tornan hacia arriba. Guarda la imagen cuidadosamente en el bolsillo interno de su chamarra de cuero y desaparece en la multitud.

Ponchillo guindo, velo levantado, turbante debajo del brazo. Media docena de jóvenes chunchos apuran su bolo de coca. “Vamos” dice uno, “Vamos” responden los otros. Ninguno se mueve. Son casi las 18.00 horas y el Santo sigue esperando en la Avenida Potosí a que los promesantes acaben de organizarse. Es tarea difícil. Ha hecho calor pero el vientito está helando las espaldas.  Otro año vamos para record de participación. Los tamborileros se esfuerzan en marcar el ritmo. El volumen se incrementa, como tratando de poner orden pero a esas horas todavía la Cochabamba es un trajín de gente subiendo y bajando. No faltan los empujones.
“¿Y por qué?” insiste el niño colgado del brazo del que parece ser su papá, por la paciencia. “Por Fe” responde con la sonrisa media consciente de que ha metido más gasolina al fuego de la curiosidad del niño de unos cuatro años y que la batería de preguntas puede ser interminable. El niño está fascinado. Todos los niños están fascinados. Por la ropas, por el sonido, por la multitud que mira detenidamente a esos personajes que suben y bajan por la Cochabamba haciendo sonar su flecha. “¿Y por qué flecha, papá?”
Aloja de maní y hojarascas, rosquetes y empanadas blanqueadas. Eran los reyes de San Roque. Lo siguen siendo, pero la multitud en crecimiento “ha abierto mercado” para otras ofertas. De pipocas y coca colas y los ya también tradicionales carritos de choripanes a venta de artesanías. Jugueterías chinas para los más pequeños y puestitos para entretener a la wawa, del pinta y colorea hasta el futbolín. San Roque no es la Fiesta Grande de Tarija por casualidad.
Suben, bajan, a las 19.00 las columnas de chunchos ya han encontrado la cadencia, esta vez va en serio. Ya llegó el último día, dice la letra de la canción que media Tarija lleva metida en el cerebro estos días y que resuena en micros y carnicerías. Las señoras de más edad buscan espacio en la primera fila para acercarse un poco más al Santo. Para recibir una bendición en la que creen desde toda la vida. En la calle Cochabamba, ex calle Ancha, ya no cabe un alfiler.
“¿Ese es San Roque?” Otro niño, otros tres o cuatro años, después de toda la tarde viendo pasar de arriba abajo a todos esos promesantes misteriosos acaba de descubrir que el protagonista de la Fiesta es otro. “Sí, San Roque, el protector de Tarija”. La fiesta Grande de Tarija ha ido creciendo en los últimos años, los números que ofrece el padre Garvin, párroco del templo más admirado de Tarija lo demuestran cada año. Los más viejos temen que haya más “postureo” que Fe Católica, pero celebran la decisión. Ellos se encargarán de que, al final, los jóvenes promesantes bailen para el Santo y no para su mamá, su papá o su noviecita que los mira desde la barrera.
“¿Y todos son de Tarija? – “Sí, de Tarija, hijo”. Se abre un silencio. Diez, doce, quince segundos. “Yo también soy de Tarija”.  Papá le toca la cabeza, el gusanillo de San Roque acaba de entrar en su hijo. De él dependerá alimentarlo o reprimirlo. De seguro en su cabeza está haciendo cuentas domingo, lunes y martes de las dos primeras semanas de septiembre. Al menos un centenar de kilómetros bailados de ida y vuelta. A veces hace mucho sol, y es agotador. A veces hace mucho frío, y es peligroso. Pero, pucha, es muy de Tarija esto de ser de San Roque. Lo pensará hasta el año que viene.
Pollerín azul, ponchillo también, zapatos verdes, unas cuantas plumas del turbante alborotadas . Mira y mira en el cruce de la Colón. Hace medio atasco de chunchos. Empujones. Más empujones. Se hace a un lado hacia adentro. Ya quiere descubrirse el rostro, pero no. Ve a alguien, levanta la mano, saluda. Una señora de mediana edad un poco más también le saluda, y sonríe. El chuncho seguramente también sonríe. Espera el siguiente hueco en la hilera de chunchos, se pone en la fila, toma el ritmo y desaparece.
Cada vez se anda más y se baila menos, dicen los viejitos y los no tanto, porque lo de criticar ha sido siempre igual. A las 20.00 la plaza Campero está llenita a rebosar de público expectante y algún chuncho lesionado, cansado o pasado de listo. El Santo apenas ha cruzado la Méndez. Hora de hacer cuentas: Al menos seis cuadras completas. Fila derecha de ida y vuelta, fila de izquierda igual a dos por metros sin estar muy apretados… ¿Al menos cuatro mil chunchos? Tarea ardua difícil que ni los propios chunchos se animan a responder. Tampoco es de lo que va la fiesta.
En las próximas horas el concepto de “llenito a rebosar” cobrará una nueva dimensión. Ninguno de los mirones tiene intención de salir de la plaza y toditos los chunchos ocuparán su espacio frente al Templo. No hay adjetivo calificativo para esa situación.
Un gringo se ha quedado dentro, apoyado en uno de los hierros de uno de los podios que monta la televisión. Antes apenas transmitía Canal 9, luego Plus TLT, ahora casi todas. Otro indicador de que la Fiesta es de exportación. El gringo no puede creerlo, su espacio ha pasado a ser minúsculo y ya no está apoyado en el hierro, a sus espaldas se han abierto cuatro filas más que lo han empujado hacia el centro. Sus pies apenas apoyan en el suelo. Los chunchos siguen y siguen entrando en la plaza. No sabe que en una estrofa se van a arrodillar creando una especie de onda expansiva a su alrededor.
Cuando entra el Santo en la plaza Campero el regocijo es general. Estos muchachos lo lograron de nuevo. Tanta crítica y tanto debate, el Santo llega más acompañado que nunca. Y todos con promesa. El Santo luce hermoso, túnica roja y blanca, luz y destello. Últimos intentos de aproximarse. En minutos entrará al Templo y todo habrá acabado un año más. Antes hay que cantar con Fe y a pleno pulmón. No hay internet. Últimas selfies. Los corazones se contraen. Van a bailar. La emoción está en el ambiente.  El pueblo agita los pañuelos blancos.
“Hoy me despido llorando, Roque santo peregrino, me voy con tu bendición, adiós glorioso y divino”...

 

LOS PERSONAJES DE LA
FIESTA GRANDE DE TARIJA

El chuncho
El chuncho promesante es uno de los personajes centrales. Luce un traje muy vistoso de seda, con perlas y oropeles, acompañado de un turbante de plumas. Este personaje danza y canta en todas las procesiones al ritmo de la flecha.

Quenilleros y tamboreros
Son parte del acompañamiento musical de los chunchos. Los primeros tocan la quenilla también conocida como camacheña. Hay uno por cada grupo de tamboreros, éstos últimos también son promesantes.

Alfereces, sacerdotes y monaguillos  
Es el nombre de los promesantes que llevan en alto el alferez (una especie de vara metálica que en su parte superior está formada una cruz). Pero sumado a ellos están los sacerdotes y monaguillos, responsables del ritual católico.