Las huellas de la Navidad de antaño en Tarija

Escrito por  Redacción central/El País eN Dic 07, 2017

La Navidad es una tradición que se inculcó en Tarija con la llegada de los españoles por lo que es una celebración que trae elementos de las tradiciones católicas españolas de la época de la Colonia que cobra fuerza en la región debido a la marcada tradición Católica en Tarija.

La Navidad ha sido una fiesta que creció con la Colonia, “los nacimientos y la celebración eran como se los hacía en España”, explica don Manuel Oscar Rojas.
De acuerdo a las remembranzas de don Manuel, la Navidad era esencialmente “una fiesta del amor, paz y concordia” en la que se olvidaban las presiones políticas o religiosas. “Era una fiesta bellísima en la que los protagonistas eran los niños, la familia”.
Era una celebración que incluía a toda la familia, ya que se organizaban las adoraciones y las trenzadas, donde las delicias culinarias y de repostería eran una parte fundamental para agasajar a quienes participaban de ella, en especial a los niños que adoraban.
“Recuerdo que mis papás nos llevaban a Tablada, íbamos a las siete y volvíamos a las 12 de la noche caminando, cansados y felices”.
Los niños esperaban con ansias esta época del año porque llegaba plena de vivencias para ellos, de visitar diferentes hogares en donde se realizaba la fiesta de adoración y decenas de niños, trenzaban, adoraban y jugaban por todos los rincones de la casa mientras los padres se unían en una tertulia con los familiares y amigos.
“La trenzada y la adoración son dos actividades diferentes” dentro de la misma celebración, según explica don Manuel, ya que por la cantidad de niños que asistían, debían alternarse para participar. “Hacíamos fila para poder trenzar o adorar”.
“La Navidad era una fiesta que nivelaba las capas sociales ya que todos participaban aunque había familias que lo festejaban con más pompa”, recuerda.
Don Manuel recuerda a don Ignacio Coronel, quien era santero y tenía los mejores “niños”. “En sus fiestas solíamos ir a hacer fila para tocar los instrumentos para la adoración como el pajarito, el cuadro, el bombo, el tambor y la quenilla. Esa era una de las opciones de participación que tenían los niños que gustaban de hacer música.
El resto hacía fila para trenzar o adorar, recalca don Manuel recordando el gusto que hallaban los niños y los jóvenes en adorar al niño.
Generalmente había tres palos para trenzar, cada uno con doce trenzas alrededor del palo. Seis se llevaban para un lado y seis para el otro. “El que sabía más llevaba la cabeza y daba la muestra y los demás los seguían”.
La trenzada tenía una coreografía, se iniciaba con una canastilla que consiste en ir uno arriba, otro abajo y en la segunda vuelta se hacía la entonación, que trata en que los participantes se acercan al palo con la trenza en la mano y luego comienza la canastilla de dos que consiste en ir dos por arriba y luego dos por abajo con su correspondiente entonación para dar paso a la canastilla de tres, canastilla de cuatro, de cinco y luego el remolino. Todo este proceso se denominaba “una parada” y duraba aproximadamente una hora porque entre canastilla y canastilla había que destrenzar.
Entonces este grupo se iba a adorar y venían niños nuevos para trenzar.
La adoración implica danzar al son de los villancicos frente al nacimiento que generalmente se armaba en las casas de las personas que organizaban la misa y la celebración.
Se hace en parejas que se acercan al Niño, se inclinan y van a la parte de atrás de la fila para volver a acercarse sucesivamente, siempre levantando de manera alternada el pie izquierdo y el derecho.
Generalmente se iniciaba la adoración unos ocho días antes de Navidad, que eran seguidos, y después se prolongaba por varias semanas, sólo los domingos hasta el último domingo previo al carnaval.
“Los ‘niños carnavaleros’ se les decía a aquellos que por alguna razón prolongaban las adoraciones más allá de carnaval, por diferentes motivos de la familia organizadora”, cuenta.
Para ir a la misa que pagaba la familia se iba en una especie de procesión al son de las bandas criollas que recorrían las calles con los niños en permanente adoración. Posteriormente se fue implementando el uso de bandas profesionales.
Esta tradición se mantuvo muy fuerte hasta la década de los 80 y en los 90 comenzó a decaer.
Actualmente se observa un esfuerzo de la Alcaldía por recuperar estas tradiciones pero que se ve dificultado por los cambios que ha sufrido la sociedad, vinculados al uso de nuevas tecnologías que han hecho que la manera en que se entretienen los niños sea diferente a la de otras épocas, lo cual conlleva que no haya mucho interés por la adoración.
“Generalmente van los más pequeños- dice don Manuel- pero además el Municipio pone los palos y no la música que hace falta y un profesor, alguien que sepa cómo se trenza o se adora para guiar a los niños, sino es muy difícil recuperar estas tradiciones”.
En el pasado, explica don Manuel la niñez se vivía a plenitud. “Había tres etapas bien marcadas, la niñez verdadera que duraba hasta los 14 ó 15 años y la pubertad que se prolongaba hasta los 21. Luego llegaba recién la plenitud de la mayoría de edad cuando salíamos profesionales”.
Esta diferenciación la hace al observar lo que ocurre hoy, cuando los niños son “niños adultos”, que maduran mucho antes, lo cual dificulta que se realicen las adoraciones como se lo hacía antes.
“Hoy los que adoran son los bebés, infantes de dos o tres años o un poco más grandes a los que sus padres los llevan a la actividad mientras que los más grandes tienen vergüenza”.

 

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datos

LA LUCHA POR
LA TRADICIÓN

Adoración
El municipio ha colocado imágenes que recrean los nacimientos y la adoración al niño Jesús en las plazas de Tarija, esto en un esfuerzo por recuperar la tradición de la adoración.

Preservación
La adoración se hace al son de los villancicos y hay diferentes pasos que los niños realizan frente al nacimiento. Aunque la tradición se ha ido perdiendo, hoy aún se enseña en la Escuela Regional de Música Pastor Achá.

Música
La banda criolla, compuesta por tambores, bombo y quenilla acompañaba tradicionalmente a los adoradores y también en las trenzadas marcando el ritmo con villancicos que también eran entonados por los niños participantes.