Pananti le dijo basta al abuso sexual

Escrito por  YENNY ESCALANTE FLORES/EL PAÍS EN Dic 17, 2017

Pananti es una comunidad indígena del área dispersa del municipio de Yacuiba. Hace un año y nueve meses vivía una de las situaciones más dolorosas de su historia, pues cinco niñas fueron abusadas sexualmente por su profesor. Sin embargo, después de una lucha incesante, hoy celebran que se hizo justicia, ya que consiguieron la sentencia de 20 años de prisión para el victimario, pero además se organizaron para que esto no vuelva a suceder.

Más aún, esa sanción no borra la realidad que vivieron las niñas, sus padres y todo su entorno, pero sí trae paz, alivio y sobre todo una alerta para esa y otras comunidades. Desde que se conoció el hecho, gracias a una profesora de la misma escuela, los pobladores se turnan para acudir de forma constante a ver a sus hijos y las madres trabajan para brindarles mayor confianza y cariño.

Las víctimas
El País eN visitó la comunidad indígena de Pananti y habló con Paola Valdez, madre de una de las niñas que sufrió la agresión. Ella recuerda los momentos difíciles que pasó junto a su familia el año pasado, cuando se enteró de lo ocurrido.
En la comunidad hay una “escuelita” multigrado, (un solo aula) donde pasaban clases los estudiantes, sin embargo los padres decidieron separar a los más “grandecitos” para lograr una mejor educación. Los de quinto y sexto grado fueron llevados al Centro PAN, allí el nuevo profesor que llegó de la comunidad de Inti, empezó a dar clases.
“Siempre hemos tenido dos profesores y nunca ha pasado esto, a ese profesor (victimario) lo conocemos hace muchos años, era vecino y amigo de mis padres, es de la comunidad de Inti (…). Ha estado un mes y ha hecho todas esas cosas. Ha abusado de las niñas, de cinco niñas, ellas no nos han avisado nada a nosotros y hacía como 15 días que pasaba eso”, cuenta.
Relata que el profesor era muy amigable con las niñas, las llevaba a comprar dulces, les prometía que les iba a enseñar matemáticas y así se fue acercando a las víctimas.
“Un 19 de marzo nos hemos enterado que el profesor había estado haciendo esas cosas a las niñas. Las mismas alumnas le han avisado a su profesora de curso. Las niñas no han podido callar porque mi chiquita, mi nietita, mi sobrina no querían nada, nosotros hemos visto un cambio en ellas, que no querían que nadie se les acerque, no querían ponerse falda, solamente pantalón y no querían ir a la escuela”, recuerda.
Los padres no se percataban de lo que estaba pasando y todo siguió su curso durante 15 días. Hubo intento de violación a la niña más pequeña, pero no se consumó el hecho. Las demás sufrieron tocamientos impúdicos.
“Para nosotros ha sido algo doloroso, porque nosotros confiamos en los profesores como si fuesen su segundo padre, como educadores. Esto nos ha caído como un balde de agua fría. Con mi hija estábamos en la ciudad de Yacuiba, haciendo gestión y llama el Capitán y la Junta Escolar, nos dice esto pasó y nosotros nos hemos asustado…”, cuenta.
De pronto la voz de Paola se quiebra y las lágrimas empiezan a caer. A pesar de que esta dura situación ya pasó, la madre asegura que nunca la olvidará, el abuso ya fue cometido. Sin embargo, la mala experiencia les permite estar siempre atentos a lo que está pasando, sobre todo con sus hijos e hijas.
“Duele, duele esa situación. Mi bebé, como es mi última hijita, yo la abrazaba, la besaba como mi bebé chiquitita, y ella no se dejaba tocar –continúa a pesar de las lágrimas y el nudo en la garganta-, ha sido muy triste que a nadie quisiera que le pase, y es una herida que siempre queda en uno, no puedes sacarlo rápido”, detalla.
Una de las principales acciones a destacar por los comunarios y por las activistas tarijeñas fue la valentía de la profesora Corina Cruz, quien al momento de enterarse no dudó en comunicarlo a la Junta Escolar y a la Dirección Distrital de Educación de Yacuiba. Esa instancia educativa citó al maestro y descubrieron que esas acciones ya las habían cometido en otras comunidades, pero nunca fue sancionado.
La denuncia fue interpuesta por los padres de familia el 14 de marzo de 2016 y el 19 de ese mismo mes, Día del Padre, la Policía aprehendió al autor del hecho, quien hasta el último momento negó los cargos y acusaba de “mentirosas” a las niñas. Contaba con cinco abogados, pero fue más fuerte la decisión y el coraje de los padres, apoyados por las mujeres activistas y la Defensoría de la Niñez y la Adolescencia de Tarija.
Paola Valdez reflexiona que en muchas ocasiones, a pesar de enterarse de este tipo de casos, los comunarios callan. Pero Pananti dijo “basta al abuso sexual”, pues no podían permitir que aquello se repita. “Nosotros no hemos descansado hasta verlo encerrado, pese a que nos ha dicho que tenía un hijo inválido, pero él hubiera pensado en eso antes de hacer todas sus burreras”, agrega.
A mediados de julio de 2017, a un año y cuatro meses de la denuncia, salió la sentencia para Edmundo Herrera Herrera de 52 años de edad, éste recibió 20 años de prisión por el delito de abuso sexual agravado contra cinco niñas de entre 9 y 11 años de edad.
“Nosotras nos sentimos contentas de que ha habido justicia para nuestras hijas, no ha sido en vano nuestra andada, sufrimiento, hambre, lluvia, todo. Nos sentimos tranquilas, ya sé que no podremos remediar lo que le han hecho a nuestras hijas pero hemos hecho que ese profesor aprenda y otros profesores también aprendan a respetar a sus alumnos”, realza con seguridad Paola Valdez.

Control social
A partir del abuso cometido en Pananti en el año 2016, los comunarios indígenas se organizaron para aplicar medidas de seguridad que les permitan garantizar el bienestar de sus hijos e hijas.
De esta manera, los padres y madres de familia tratan de brindarles mucha confianza a sus hijos, acuden a la unidad educativa en diferentes horarios del día ylas clases siempre se dan a puertas abiertas.
A la escuela de Pananti acuden unos 35 estudiantes y los otros 30 de la comunidad asisten a otros establecimientos educativos ubicados en la zona.
“Espero que éste sea un mensaje para todos los padres, las madres, que no callen. Tenemos que luchar o sufrir pero por lo menos se va a hacer justicia. Estamos felices porque por primera vez en la vida, el pueblo guaraní ha hecho de que las autoridades nos escuchen”, finaliza Paola Valdez, quien agradece a las profesionales que les apoyaron para que se haga justicia, y de igual manera al Centro de Estudios Regionales para el Desarrollo de Tarija (Cerdet).
Destacó que la organización no gubernamental trabaja en la zona y dispone de apoyo legal a favor de los comunarios indígenas.

Es necesario dar confianza a los niños

Elizabeth Réndiz, activista del movimiento ciudadano Ni Una Menos, hizo un análisis de la situación que se vivió en Pananti. Indicó que hay un desafío doble en estos casos: por un lado, los padres deben lograr ganarse la confianza de sus hijos para que les cuenten cualquier acción irregular que pueda ocurrir en su escuela; y por otro lado, los profesores de igual manera deben ganarse la confianza de sus estudiantes para que éstos les informen si algo malo está pasando en su hogar.
Fue clara al señalar que los padres no pueden decir “es responsabilidad de los profesores educar a los hijos”, porque no eso no es cierto, ya que primero se educa en casa. “En ese marco no pueden dejarles a los profesores esa responsabilidad”, destacó.
“Si un padre, una madre y el entorno familiar dan seguridad, los niños que van a la escuela si se sienten agredidos o vulnerados, van a poder contar lo que les pasa. El desafío de los profesores es que tienen que generar las mismas condiciones de seguridad en las unidades educativas, porque si fuese la agresión en casa, el niño podrá decirlo en la escuela. El control es cruzado. Por eso digo yo: el desafío es de los adultos”, aclara.
Rendiz destaca el logro conseguido, y más aún por haber sido una comunidad, pues en muchos de los casos, en el área rural se ocultan estos hechos por el “qué dirán”. “En las comunidades, la estructura patriarcal de poder que se pone sobre las mujeres hace que las mujeres vulneradas sean como las cosas raras de las que hay que alejarse y si sobre eso la persona vulnerada es un niño o una niña, la situación es peor todavía, entonces que las comunidades empiecen a entender que esto no es normal, es un gran avance”, expresa.

Cómo proteger a los niños del abuso sexual

Brindar confianza
Los padres deben ser amigos íntimos de sus hijos, brindarles la confianza necesaria para que éstos les cuenten todo

Enseñar
“Mi cuerpo es mi territorio y nadie lo toca sin mi permiso”, debe ser un lema para los niños y las niñas.

Detectar
Los padres deben aprender a detectar los signos de abuso sexual pero también el cambio de actitud en sus hijos

Denunciar
Infórmese, sepa cómo reaccionar, sepa adónde ir y a quién llamar en caso de enterarse de un abuso sexual

Involúcrate
Se voluntario de apoyo a las organizaciones que luchan contra el maltrato y el abuso sexual a menores.

Persiste lucha en contra de la violencia sexual

Mensaje de una madre indígena

La madre de una de las niñas víctimas, Paola Valdez, insta a las madres y padres de familia de las comunidades, principalmente, a que no callen, que denuncien cualquier abuso que pudiera cometer alguien en contra de otra persona, más aún si se trata de un niño o niña, pues ese tipo de delitos no puede quedar impune, el agresor debe ser sancionado y evitar el círculo de la violencia.

Reconocimiento a Corina Cruz

El 8 de junio de 2016, la profesora de la escuela de Pananti, Corina Cruz, recibió un reconocimiento de la Red Departamental de Lucha Contra la Violencia hacia las Mujeres por su valor para denunciar a su colega Edmundo Herrera, y por acompañar y coadyuvar en la investigación del caso.
Junto a ella otra profesora de Padcaya, Lourdes Madalleno, y el director distrital de Educación, Ángel Ugarte, recibieron un reconocimiento por acciones similares.

Luchar para evitar la impunidad

La activista Elizabeth Rendiz enfatiza que es necesario hacer frente a este tipo de delitos y evitar que queden impunes. Destaca que eso empieza con el valor de la denuncia. “La impunidad para estos hechos, son el caldo de cultivo para estos hechos, me explico: el que alguien lo haga y no se sancione da espacio para que alguien más lo haga con la misma seguridad de que no se le va a sancionar. Es como dar permiso para que sigan haciendo daño”, afirma.

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