Experto: China y EEUU llevan al mundo hacia un “apocalipsis ecológico”

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Dic 18, 2017

Desde que Donald Trump sacó a EEUU del Acuerdo de París contra el cambio climático, se ha estado especulando que China podría tomar el liderazgo en la lucha contra el calentamiento global. ¿Será posible?

Después de todo, aunque China es el principal contaminador del mundo actualmente, también es el líder en la producción de turbinas eólicas y paneles solares, y también es líder mundial en capacidad instalada para la generación de energía eólica y solar.
Además, en contrapartida, al interior de EEUU, el polémico presidente está defendiendo las industrias contaminantes, negando el cambio climático, quitando regulaciones ambientales. Su compatriota, Richard Smith, experto en historia y economía, fundador de la organización “Cambio de Sistema No Cambio Climático”, le denuncia fuertemente.
“Ha dado libertad a que las plantas de energía en base a carbón desechen más toxinas, a que los mineros de carbón echen desechos tóxicos a los ríos, ha recortado el presupuesto para la Agencia de Protección Ambiental (EPA, en inglés), ha suprimido la capacidad de ejecución de la EPA, ha designado a incompetentes piratas de la industria de combustibles fósiles para dirigir las agencias regulatorias, desechó consejeros científicos, aprobó el oleoducto Keystone XL, ordenó aumentar las perforaciones petroleras en el mar, abrió los parques nacionales a la perforación petrolera, abandonó la protección de especies protegidas (…)”, y un largo etcétera.
Mientras tanto, desde que Xi Jinping asumió la presidencia de China en 2012, ha expresado cada vez más el compromiso de su gobierno de construir una “sociedad ecológica”, limpiar la contaminación, crear “ciudades hermosas”, la mayoría de las cuales han sido reconstruidas a lo largo de las últimas dos décadas con nuevas viviendas, escuelas, hospitales, parques, metros subterráneos, entre otros.
Esto está contemplado en el “Plan General para la Reforma del Sistema de Civilización Ecológica”, del Concejo Estatal del Comité Central del Partido Comunista Chino.
Adicionalmente, la mayoría de las ciudades chinas están interconectadas a través de su fluida red de trenes de alta velocidad. El gobierno de Xi Jinping ha prometido reducir la dependencia de China del carbón, y ha declarado su intención de ir abandonando los autos que funcionan con combustibles fósiles en las próximas décadas.
Como se dijo antes, ya ha invertido más en energías renovables y autos eléctricos que el resto del mundo combinado, y ahora ha prohibido la importación de productos electrónicos y otros desechos tóxicos que contaminaron a poblaciones enteras por décadas, según dan cuenta autores como Michael Standaert.
Por si fuera poco, para dar más fuerza a sus iniciativas de política pública, Xi Jinping ha elevado el estatus de la Agencia Estatal de Protección Ambiental de China, al rango de ministerio: ahora es el Ministerio de Protección Ambiental, que en teoría, tiene poderes iguales a los grandes ministerios de la industria.
Y finalmente, ante la retirada de Trump del Acuerdo de París, el presidente chino anunció su intención de “tomar el asiento de conductor de la cooperación internacional para responder al cambio climático”, a tiempo de prometer borrar los últimos vestigios de pobreza en China hasta el año 2030 y convertir a su país en una “sociedad moderadamente próspera”, satisfaciendo las necesidades básicas de todos, como el trabajo, casa y salud.
Ante este panorama, Smith reconoce que “los contrastes entre Donald Trump y Xi Jinping no podrían ser más notables. Así que no es de sorprender que más y más personas alrededor del mundo empiecen a ver a China para tomar el liderazgo en salvarnos del colapso climático”. Sin embargo, agrega que “eso no va a pasar”.

Los motores sistémicos de la destrucción
Para el experto, el sistema económico-político chino está caracterizado por ciertos motores de crecimiento: “la necesidad de maximizar el crecimiento más allá de cualquier racionalidad de mercado, la necesidad de maximizar el empleo, y la necesidad de maximizar el consumismo”, que son muy poderosos.
Y estos motores son los responsables para el “irracional crecimiento ciego, producción ciega y contaminación descontrolada”, algo que el propio Xi Jinping describió este mismo año como “desarrollo sin sentido a costa del medio ambiente”.
Pero Smith considera que “Xi no puede obligar sistemáticamente a sus oficiales subordinados a parar el despilfarro de recursos en una inútil sobreproducción y sobreconstrucción, a parar la contaminación del país y del planeta, porque aunque tiene una autoridad nominal como cabeza del más poderoso y feroz Estado policiaco en la historia, en realidad el poder político está ampliamente compartido por los 88 millones de miembros del partido gobernante”.
Esto significa que, generalmente, no puede forzar a los oficiales a renunciar a sus “ruinosas prácticas cuando ello significaría socavar sus intereses económicos”.
Además, pese a su retórica ecosocialista, la verdadera prioridad del presidente chino no es construir una “sociedad ecológica”, sino la de, “al igual que sus predecesores Mao Tse-tung y Deng Xiaoping, hacer que China sea rica y poderosa, alcanzar un estatus de superpotencia igual o superior a EEUU, y reclamar su rol como centro de la economía mundial”, afirma por su parte el estudioso Howard French.
Y lograr esta ambición requiere de una “hiper industrialización” que imposibilita una “coexistencia armónica entre el hombre y la naturaleza”, advierte Smith, y por tanto conlleva “el colapso ecológico, no sólo de China sino del planeta entero”.
Esto se debe a que en el sistema capitalista, la competencia es a su vez el motor que impulsa el crecimiento, como una “máquina de movimiento perpetuo”. Smith explica que esto se da de manera automática en el capitalismo: “la competencia obliga a los productores a reducir costos sistemáticamente, a encontrar insumos más baratos, mercados más amplios, traer nueva tecnología. O sea, revolucionar constantemente los instrumentos y procesos productivos, so pena del fracaso y extinción del mercado”.
En otras palabras, “el crecimiento está incorporado no se puede exorcizar. Todos los esfuerzos del ‘capitalismo verde’ (derechos de comercio de emisión de carbono, impuestos al carbono, desmaterialización de la producción, etc.) se han hundido en la brutal realidad de que ningún gobierno o economía industrializada aceptará poner límites a su emisión de gases de efecto invernadero porque nadie ha encontrado aún una manera de frenar las emisiones sin frenar el crecimiento económico”, afirma Smith.

Los “campeonatos” de PIB y otras redundancias

Desde el comienzo de las reformas de mercado en 1978 introducidas por Deng Xiaoping, el experto norteamericano observa que los Planes Quinquenales de China han estado contemplando un crecimiento de su PIB entre 7 y 8%, aunque generalmente estos objetivos han sido superados, ya que las exhortaciones por el crecimiento de Deng han generado un ambiente de “torneos” o “campeonatos” de PIB.
Estas tendencias se mantienen hasta el presente. Por ejemplo, el Plan Quinquenal número 11 (2006-2010) estableció una meta de crecimiento del PIB nacional de 7,5%. Sin embargo, las 31 provincias de China se pusieron metas superiores a ésta. El promedio fue de 10,1%, el más alto siendo 13% y el más bajo de 8,5%.
Esta racionalidad de mostrar un alto crecimiento del PIB, explica Smith, lleva a la sobreproducción regular, “producir montañas de acero y aluminio que no pueden venderse localmente y sólo pueden ser depositados a ultramar a precios menores al costo de producción”.
Igualmente, se considera como sensato “que las empresas constructoras estatales construyan aeropuertos vacíos por todo el país, trenes de alta velocidad casi vacíos, carreteras vacías, puentes vacíos, ciudades fantasmas y ‘Nuevas Áreas’ donde casi nadie vive”.
Y a su vez, esto ha hecho posible que China, que concentra el 19% de la población mundial y con una economía que equivale al 63% de la economía estadounidense en 2016, se haya convertido de lejos en el mayor consumidor de materia prima para la industria (cemento, metal, minerales, combustibles fósiles, biomasa), deglutiendo el 32% del total mundial de esos recursos, casi cuatro veces más que EEUU, el segundo gran consumidor.
A su vez, China es el principal productor y consumidor de acero (50% de la producción mundial), además de consumir más de la mitad del carbón en el mundo y un tercio del petróleo global y el 60% del cemento del planeta.
Por su parte, según el analista tecnológico Vaclav Smil, durante la construcción y reconstrucción de su infraestructura, China gastó más cemento en apenas 3 años (de 2011 a 2013) que lo usado por constructores estadounidenses a lo largo de todo el siglo XX para construir todas las ciudades, puertos, carreteras, aeropuertos, ferrovías y otra infraestructura en EEUU.
Todo este gasto dispendioso genera lo que Smith llama “desarrollo redundante”, que a su vez ayuda a acelerar fuertemente el crecimiento del PIB, un indicador que de por sí está cuestionado por no reflejar adecuadamente la situación de la economía ni de la sociedad de los países.
Y al mismo tiempo, esto significa que Xi Jinping no tiene posibilidades de liderar la lucha global contra el calentamiento global, sino que, al contrario, “es probable que la economía china sigua liderando el impulso hacia el colapso ecológico planetario”, junto con EEUU.

Decrecimiento o destrucción
Richard Smith afirma que los chinos “tienen todo el derecho de modernizarse, industrializarse y mejorar su nivel material de vida. Pero no necesitan un estándar de vida más alto basado en el consumismo excesivo, como el de los estadounidenses. Esa es una cosa que no necesitan copiar”.
Lo que necesitan es un mejor “modo de vida”: “aire, agua y suelo sin contaminación, comida sana, segura, nutritiva, sin adulteración ni toxinas, viviendas seguras y de calidad, un sistema público de transporte basado en bicicletas y transporte público en vez de excesivos autos privados, buenas escuelas y universidades públicas, medicina socializada, servicios de salud gratis, como antes –pero mejores- de que se privatice la salud en los 1990s”.
En este sentido, no hay una forma de suprimir radicalmente las emisiones de CO2 que sea compatible con el crecimiento económico.
“Xi Jinping puede crear una civilización ecológica o una superpotencia económica, pero no puede hacer ambos. La única forma de enfrentar la emergencia climática es cerrando la producción industrial inútil, superflua e innecesaria en el mundo, pero especialmente en China y EEUU, los principales contaminantes”, sentencia.

Lo más leído hoy