Paita, un grande en la historia del automovilismo boliviano

Escrito por  Redacción central/El País eN Mar 24, 2018

Con seguridad que Ricardo Paita está entre los pilotos más grandes en la historia del automovilismo boliviano, pero su figura se agiganta aún más, posiblemente hasta sitiales inalcanzables, por el hecho de correr y ganarles a los mejores de su época, en condiciones adversas, porque a diferencia de sus rivales, sus recursos económicos eran limitados.

Nació en Cotagaita (Potosí) el 10 de abril de 1927, eligió a Tarija como su tierra, a tal punto que le dedicó, desde sus siete años, todos sus esfuerzos y éxitos.
Cada departamento tenía al menos un gran exponente; ahí estaban William Bendeck, el ídolo en Santa Cruz, Dieter Hubner, Juan Rodríguez Vera, Hugo Alvarado, por La Paz; Juan Claure y Franklin Peredo, los íconos de Cochabamba; Oscar Crespo por Chuquisaca, Kenny Prieto por Potosí. Junto a ellos, los más grandes de esa época, se debe añadir el nombre del tarijeño Ricardo Paita, el dueño de las rutas del sur, el hombre que tomaba a gran velocidad las curvas y caminos serpenteantes del territorio nacional.
Una breve incursión en el ciclismo, el ruido de los motores y la adrenalina que provoca el mundo “Tuerca” atraen a Paita, quien en 1963 toma parte de su primera competencia.
Pese a sus limitados recursos económicos, Paita logra participar de la “Doble Copacabana”, con un Ford 37, motor Thunderbil, con el que muestra sus habilidades en la conducción.
Esas destrezas le sirvieron para motivar al pueblo tarijeño a realizar una colecta pública para dotar a Paita de un Ford Mustang, vehículo que le permitió consagrarse a nivel nacional, en 1970.
Ese año ganó el circuito “Oscar Crespo”, luego la famosa prueba “San Cristóbal” en Oruro, lo que le permitió coronarse campeón nacional de esa gestión.
Sus bajos recursos económicos lo dejaron en inferioridad de condiciones ante otros pilotos que contaban con el apoyo de sus escuderías. Sin embargo, el crédito tarijeño nunca bajó los brazos, hasta recuperar el título nacional.
El año 1975 sería otro gran año para Paita, quien con un automóvil Torino ganó de punta a punta el Gran Premio Nacional de Automovilismo, que le permitió lograr el bicampeonato.

Su familia
Tuvo en Donata a su compañera de toda la vida, con quien compartió la educación de sus seis hijos: Haydee, Elizabet, Lourdes, Margarita, Jorge y Ricardo. La familia Paita sigue creciendo manteniendo ese apellido ilustre dentro del automovilismo, toda vez que ya son 15 los nietos de Ricardo.
Al no contar con muchos recursos para correr, los suyos, aquellos que siempre estuvieron, en las buenas y en las malas, fueron su principal soporte en las diferentes competencias.
Jorge, uno de sus dos hijos, recuerda que siempre colaboró con su padre, ya sea como auxilio, como copiloto o en el puesto que el gran Paita necesitara.
Su figura en Tarija sigue viva, la gente todavía lo recuerda en la tierra del Guadalquivir, es por eso que una rotonda ubicada en el barrio Tabladita, lleva el nombre de este gran piloto.

Las anécdotas
“Mi padre hizo muchas cosas buenas, más allá de los pocos recursos que tuvo. Fue un piloto destacado, que pese a no ser tarijeño dio su vida por esta tierra, ganando dos títulos nacionales para el departamento”, recuerda Jorge Paita.
“Nunca voy a olvidar el duelo que sostuvo con Willy Bendeck. El recuerdo que más llevo grabado de mi padre es cuando definió un título nacional con el famoso piloto cruceño. En esa carrera estaba en juego el campeonato; mi papá tenía 100 puntos y don Willy 101, el que ganaba se proclamaría campeón. Mi papi en ese tiempo no contaba con recursos para trasladar su vehículo hasta Santa Cruz, pero el pueblo tarijeño le cooperó. Bendeck corrió primero en la categoría 1.600 cc y ganó, consagrándose campeón. Luego compitió con mi papá en Especial, los dos corrían con un Ford Mustang. Yo estuve ahí, porque colaboraba con mi padre. Lamentablemente el desenlace de esa competencia fue fatal para la familia Bendeck”, recuerda Jorge.
No olvida el gran triunfo sobre el gran campeón argentino y mundial, Jorge Recalde. “En Tucumán mi padre ya sorprendió al salir segundo y en la etapa que pasó por La Cumbre ocurrió algo similar, con Recalde en el primer lugar, pero en el país lo superó, ante la sorpresa de los argentinos”, cuenta un orgulloso Jorge Paita, quien infla el pecho cuando habla de su progenitor.
También recuerda que la fábrica Torino le pidió a su padre el auto blanco con el que corrió, el cual se encuentra hoy en un museo de Argentina.
“Lamentablemente en los primeros dos años ese vehículo no rindió como se esperaba por diferentes fallas, pero vino uno de los mejores mecánicos de Berta, dejó a punto la máquina y me dijo, quédate tranquilo que tu papá va a ganar. En la etapa que se disputó en Bolivia mi padre pulverizó a sus rivales, cuando todos esperaban que cubra el tramo en más de una hora, mi papi le sacó al segundo más de 54 minutos”, rememora.
Ganar una etapa o una prueba para Paita no solamente significaba el éxito deportivo, el premio económico que obtenía le significaba poder habilitarse para la próxima prueba.
Como todo “tuerca” de cepa, encontró la muerte en las rutas, pero no fue en una competencia. En la madrugada del 1 de diciembre de 1983, luego de solucionar un problema en una de las llantas del camión en el que trasladaba azúcar, le vino un infarto que no pudo resistir, justo en la carretera Tarija-Bermejo, donde fue imbatible en las carreras que participó.
“Generalmente la gente tiende a comparar a las personas, desde mi punto de vista lo hecho por mi padre y las condiciones en las que lo hizo, hacen que la figura de Ricardo Paita no tenga punto de comparación”, finalizó Jorge Paita.

Recuerdos de una gran época
El periodista deportivo Tito de la Viña recuerda con nostalgia las carreras de antaño. Aquellas donde corrían Willy Bendeck, Carlos Hugo Méndez, René Rocha, entre otros.
Además, el deporte tuerca desataba pasiones. “Era impresionante, te escuchaba todo el mundo, incluso el automovilismo le peleaba la popularidad al fútbol, pero ahora no ocurre eso”, lamentó el periodista.
“Las carreras de antes no son comparables”, matizó a su turno Heriberto Aramayo, quien aparte de varios Grandes Premios relató tres pruebas de Fórmula Uno, los “Caminos del Inca” del Perú, el Rally Mundial de Argentina y el Rally de México.
Pero tiene un grato recuerdo del Gran Premio Nacional de 1969, que tuvo como particularidad la disputa de una etapa nocturna entre Santa Cruz y La Paz.
Lizardo Suárez, en la década de los 40, fue el primer relator que recuerda de la Viña, quien lo escuchaba en Radio La Paz. “Fue el pionero, aquellas transmisiones se hacían con equipos grandes, unos verdaderos mastodontes”, rememoró.
Luego, allá por los 50, Mario Cucho Vargas junto a Yerko Garafulic y Luis Freudenthal tomaron la posta en Radio Illimani.
También incursionó en el automovilismo Juan Carlos Costas con el programa a A toda máquina. Y, luego, fue el tiempo de La Cabalgata Deportiva con Julio Lazarte, Tito de la Viña, Heriberto Aramayo, Mario Roque, entre otros. Posteriormente surgió Carburando con Fernando Aramayo y Tito de la Viña.

Los dueños de 25 premios nacionales

Con frialdad y serenidad. Sin festejo ni lágrimas. Armin Franulic sólo cerró los ojos, apretó la mano a su copiloto Jaime Villa y salió de su coche para enfilarse a la meta donde fue proclamado como el ganador del Gran Premio Nacional “Víctor Paz Estenssoro” de 1989, 13 años después de su debut en las competencias de automovilismo, en el Gran Premio “Hugo Banzer Suárez” de 1976.
Franulic es el piloto que más Grandes Premios conquistó en la historia del automovilismo nacional, con cinco logros. Además, 16 corredores obtuvieron el galardón más preciado del automovilismo boliviano, en sus 25 versiones desde 1951.
Al gran campeón nacional se suma otro corredor de La Paz como el más vencedor, Dieter Hubner, quien ganó en tres versiones en la década del 70.
El cruceño William Bendeck consiguió dos victorias en la parte final del 60 e inicios del 70. No pudo ganar más Grandes Premios, debido a su muerte prematura el 14 de noviembre de 1971.
El cochabambino Juan Claure y el orureño René Rocha conquistaron dos victorias cada uno. Luego se ubican con una corona Rafael Leizán, Marco Sarmiento, “Blue Bird”, Jorge Burgoa, Hugo Alvarado y Roberto Nelkembaun, de La Paz; Carlos Chino Méndez y Róger Chichi Méndez, de Santa Cruz; Óscar Crespo y Armando Paravicini, de Chuquisaca; y Ricardo Paita, de Tarija.
La gigantesca hilera humana con pañuelos blancos y banderas departamentales y bolivianas saludará el paso de los vencedores en el XXVI Gran Premio Nacional de Automovilismo que se correrá del 27 de noviembre al 3 de diciembre. La competencia de este año unirá los departamentos de Tarija, Potosí, Sucre, Santa Cruz, Cochabamba, Oruro y La Paz.
En el pasado, pilotos de la talla del cochabambino Juan Claure, los paceños Rafael Leizan, Marco Sarmiento, Dieter Hubner y Jorge Burgoa, además de los cruceños William Bendeck, Carlos y Róger Méndez, los chuquisaqueños Armando Paravicini y Óscar Crespo y el orureño René Rocha le dieron jerarquía a la cita nacional con sus performances.
En las 25 versiones del Gran Premio, los pilotos paceños llegaron al podio 14 veces, seguido por los cruceños en cuatro oportunidades, los cochabambinos, orureños y chuquisaqueños en dos ocasiones y Tarija en una.
Para la Febad, el Gran Premio es la competencia más importante. En el historial se recorrieron 64.800 kilómetros y fueron 1.050 binomios quienes hicieron patria.