Lunes, 20 Noviembre 2017

El nacimiento ‘económico’ de Bolivia

Escrito por  Gabriel Loza Tellería* Ago 08, 2015

Uno de los grandes mitos señala que nuestro país habría recibido sujeto a la “maldición de los recursos naturales”, la maldición del extractivismo. No obstante si uno se entromete al maravilloso mundo de la historia,

encontrará la paradoja de que Bolivia nació a la vida independiente justamente gracias a que estaba dotada de recursos mineros. Si no hubiera existido la riqueza de Potosí, difícilmente se hubiera pensado en la independencia. Hoy se habla sobre el porqué fracasan las naciones, buscando la explicación en factores institucionales, cuando más bien cabría preguntarse por qué surgen las naciones y cómo se distribuye el excedente económico.
No hay que investigar mucho para darnos cuenta de que sin la riqueza minera del país no hubiese habido mucho interés en separarnos del Perú. Aunque el centro de las ideas independentistas estuvo en Charcas, y en concreto en la Universidad de San Francisco Xavier, el centro económico estaba un poco más arriba, en Potosí, que antes de la independencia contribuía con más del 50% del ingreso de la Caja Real de Charcas; La Paz, con el 20% y Oruro, con el 10%, según Klein (1998). Los ejércitos auxiliares de Argentina no se quedaron en los valles de Tarija, sino que saquearon varias veces la Casa de Moneda, tanto en victoria como en derrota. Y después Gamarra nos invadió apenas éramos República y no se quedó en La Paz, sino que entró primero a la Casa de Moneda. Por eso, tanto nuestro Escudo de la República como la primera moneda de plata acuñada llevan la imagen del Cerro Rico de Potosí, mostrando su nacimiento indisolublemente ligado a la riqueza extractiva.
El problema es cómo se utilizó el excedente generado por la industria extractiva antes y después de nuestra independencia. Durante la Colonia existen varias estimaciones de cuánta plata se llevó a España, mediante el impuesto del “quinto real”, correspondiente a una tasa del 20% de toda la extracción y acuñación del mineral. Pero no todo se fue a la madre patria, puesto que ya existía la evasión fiscal, “la plata sin quintar”, que salía por contrabando por Buenos Aires, de ahí la derivación del nombre de Argentina, y no hacia el Alto Perú. Otra parte del excedente se quedaba en los bolsillos de los vascongados, que eran dueños de ingenios y de la burocracia colonial, puesto que al indígena mitayo no se le pagaba su salario de seis días a la semana. Otro excedente fue al consumo suntuario (los encajes de Flandes), y sí se invirtió en algo fue fuera de Potosí.
Carlos Serrano, en su Historia de la minería andina boliviana, menciona por un lado la existencia de los “mordedores” que “no eran mineros o entendían poco de ella, pero que estaban siempre observando y se daban formas de ingresar a extraer (con gente alquilada para el efecto), lo que otros habían descubierto”. Por otro lado, dice que el término de k’ajcha o cajcha se refiere a “trabajadores independientes legalmente aceptados, (...) que robaban el mineral para su venta a los rescatadores”.
Hoy después del boom del precio de los minerales, con un Estado Plurinacional, parte del excedente se ha distribuido a las regiones. Sin embargo, cabría preguntarse si todos los actores económicos tributaron efectivamente o perviven los “mordedores” y k’ajchas; y si no se destinó parte del excedente al consumo suntuario (runners) o se invirtió fuera de Potosí.  Parece que la historia se repite con nuevos actores, y lo que está en discusión es cómo se genera y se utiliza el excedente económico.

*es economista, ex presidente del Banco Central de Bolivia