Amor, trabajo y salud, lo más pedido en las ch’allas

Escrito por  ANDREA CARDONA/EL PAÍS EN Feb 14, 2018

Don Julio Cuellar se levantó a las 05.00 de la mañana, armó su bolito de coca con pillagua y bico, y empezó a encender las brasas de carbón dentro de una lata metálica. Poco a poco va tirando las resinas, las plantas, los caramelos hasta que el humo se eleva espeso.

Entonces, don Julio recoge la lata y la aproxima a la puerta de su casa. A la fila, estacionó tres volquetas, todas ellas cubiertas de serpentina, mistura, rosas pascua y albahacas. Sopla el humo hacia ellas, “El año pasado he podido comprar la volqueta azul. Ahora no quiero pedirle nada, pero quiero agradecerle por ayudarme”, dice.
Doña Liliana, su compañera, destapa la cerveza y la ofrece a la tierra. Sonríe y tira los cuetillos prendidos al suelo mientras en las casas colindantes sucede casi lo mismo.
La tradición del martes de ch’alla en Tarija cada vez se ha introducido más y más a la cultura local, omitiendo o involucrando nuevos rituales, todos cargados de arquetipos espirituales y de abundancia para agradecer, ofrendar y pedir la protección y bendición a la madre tierra.
María Apaza, dueña de un puesto de sahumerios, señaló que la mayoría de los productos los compran desde La Paz, aunque en Tarija pueden encontrar a médicos naturistas o curanderos que les vendan a buen precio.
El costo para adquirir un paquete de sahumerios oscila entre los cinco bolivianos hasta encima de los 100 bolivianos. El más pequeño, contiene lo elemental: mirra, coa y algún dulce realizado por las mismas vendedoras con la imagen de un símbolo que determina el deseo de la ch’alla.
Puede ser la búsqueda de más oportunidades de trabajo, salud, encontrar una pareja, desencontrar a otra, dinero; u objetos materiales, como un auto, una casa, una moto, entre otros.
Paulina Choque, una vendedora de medicina natural y ancestral, explicó que los sahumerios más grandes tienen una gran variedad de componentes, algunos básicos, mientras otros todavía son un atractivo visual de sorpresa para los habitantes, como lo es el sullo de llama, que se trata de un feto, aunque también se pueden conseguir de oveja y cabra.
El sullo simboliza la ofrenda más sagrada para la madre tierra: la vida en desarrollo. Las tradiciones quechuas e incas, como muchas otras culturas prehispánicas, manejan la simbología del ritual de las ofrendas y sacrificios para alimentar el hambre de la tierra o Pachamama, y así agradecerle y retribuirle por lo que recibieron o recibirán.
Otro elemento importante, son las “plantas mágicas”. Cada planta sirve para curar un estado de ánimo o para llamar ciertas bendiciones específicas. No puede faltar la coa, la planta sagrada de la abundancia y el equilibrio. También se utiliza el romero, azucena e incienso.
Los colores poseen su propia intencionalidad. El blanco busca la riqueza y la abundancia. También lo identifican con peticiones sobre trabajo. El que tiene muchos colores, es para agradecer a la Pachamama, “es un agradecimiento general y para que nos vaya bien en todo”, dijo doña Paulina.
Además, resalta la fabricación de caramelos de distintos tonos en forma cuadrada con alto relieve que marcan claramente los arquetipos de las necesidades humanas. Una casa, para el hogar, un corazón para el amor, una araña para la traición. Éstos son denominados misterios, que en su total son 24.

El martes de ch’alla sin
sahumerios ni rituales

Sin embargo, también existe una parte de la población que aun no se siente identificada con estos festejos tradicionales. Jorge López, estudiante de derecho, explicó que aunque en su casa festejan este día con varios rituales como llevar el brasero con humo cuarto por cuarto para sacar todas las malas energías, él toma este día como la despedida al carnaval.
“Es un momento en el que todos están de chaki y necesitan relajarse por última vez con los amigos y la familia antes de empezar nuevamente las rutinas de la vida. Hay años en los que nos juntamos a hacer una parrillada, compartimos unas cervezas, y a veces la fiesta sigue (risas)”, dice Jorge.
David Porcel, arquitecto, explicó que tampoco es afín a las actividades de su casa. “Las tradiciones se mantienen, pero también hay muchos jóvenes que tienen cierto alejamiento en este sentido. Muchos preferimos vivir el ultimo día libre de otras maneras”, señaló Porcel.
En algunas casas particulares las fiestas continúan. La gente sigue alegre y relajada. Muchos niños y adolescentes salen a las calles a mojar con globos, baldes y cualquier recipiente que prometa empapar a los transeúntes.
Las familias se reúnen para compartir un almuerzo. Un culto a la carne asada, al vino y la música folclórica de fondo.
Doña Justina Ruiz, vendedora de albahaca y flores, sostuvo que ella nunca vio a sus padres hacer el sahumerio, pero que desde que ella tiene memoria se cuelgan albahacas y flores en las casas para atraer lo positivo.
Los compradores prefieren las rosas pascuas y las comadres para esta fecha. También llevan albahaca, en elevadas cantidades, romero y ruda. Muchos de los ch’alladores han optado por mezclar el ritual de ofrenda a la Pachamama con el del Martes de Albahaca, que tiene un origen tarijeño.