Habilidad y tradición en las tejedoras de palma

Escrito por  GUSTAVO MÁRQUEZ/EL PAÍS EN Mar 26, 2018

Con mucha paciencia doña Isidora Vargas de 68 años se dispone a tejer un nuevo ramo de palma, sentada en su puesto de venta de un artículo muy utilizado en el inicio de la Semana Santa, el Domingo de Ramos. Por esa festividad las Iglesias católicas de la ciudad de Tarija se vieron muy concurridas por personas que compran estos elaborados, para hacerlos bendecir y llevarlos a su casa como un instrumento religioso.

En el inicio de la Semana Santa la población católica se hace presente en las actividades religiosas, participando en las procesiones en las que cantan himnos y alabanzas, portando en las manos las palmas entretejidas de distintas formas, adornadas con las flores de la campiña chapaca como son las rosas pascuas.
Para este día la Iglesia realiza al menos cuatro misas desde las 7:00 hasta 19:00 horas, en distintos templos de Tarija, donde se puede ver en las afueras varios puestos de elaboración y venta de ramos, generándose así una actividad económica a la que se dedican muchas personas cada año.
Doña Isidora Vargas es una de estas vendedoras, y cuenta que aprendió a elaborar estos ramos gracias a su madre, quien le enseñó a ella y a sus hermanas a tejer la palma, primero como una actividad de fe familiar pero luego como una actividad en la que se podía generar unos ingresos adicionales para el hogar.
“Desde chiquita ya sabía tejer, no es muy difícil pero hay que saber manejar el material. Antes me acuerdo que hasta en un peso se vendía, de cómo nació esta tradición no sé bien pero dice que cuando Jesús llegó a Jerusalén la gente le recibió batiendo las palmas porque en ese lugar había mucho”, comenta la señora.
Actualmente en los puestos es posible encontrar este artículo desde dos bolivianos hasta cinco u ocho, sin embargo, también las tejedoras pueden trabajar un ramo más complejo si el cliente lo requiere con precios mayores. Dependiendo del tamaño, se puede tardar desde 20 minutos hasta una hora uniendo las hojas de la palma hasta darle todo tipo de formas, trabajo donde la innovación no está exenta.
Otra tejedora es la señora María Alvarado, quien tiene 33 años y comenta que este oficio tiene también un componente de fe, pues más allá de lo lucrativo siente que elabora un instrumento de bendición, que una vez bendecido en la misa se lleva a casa donde yace por un año brindando protección al hogar, para luego ser quemado el miércoles de ceniza del siguiente año.
Los materiales, según comenta, se los ha mandado un pariente desde el Chaco. Consultada sobre cuánto genera en esta jornada explicó que dependiendo de la suerte se puede ir a casa con unos 200 a 300 bolivianos.