Pobreza y segregación urbana ¿existe el derecho a la ciudad?

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Dic 11, 2016

Según un reciente informe de las Naciones Unidas (ONU), los barrios desfavorecidos (habitualmente calificados de asentamientos “irregulares” y/o “informales”) son el hogar de al menos un tercio de los habitantes en el sur global, aunque en la mayoría de los países africanos y algunos países de América Latina y el sudeste asiático esta cifra puede llegar incluso al 60% o más.

Y es que, como lo plantea la Presidenta de la Coalición Internacional para el Hábitat (HIC), Lorena Zárate, son “ciudades duales de lujo y miseria; procesos de gentrificación que desplazan y desalojan poblaciones tradicionales y de bajos ingresos; millones de viviendas y edificios vacíos al mismo tiempo que hay millones de personas sin un lugar digno donde vivir”.
En parte, este proceso de dualidades y exclusiones se aceleró “durante las décadas de implementación más estricta de las políticas neoliberales” (enmarcadas en el Consenso de Washington), cuando muchos gobiernos abandonaron sus responsabilidades en la planeación urbano-territorial, dejando que “el mercado” operara libremente en la apropiación privada de espacios públicos, “casi sin ninguna restricción a la especulación inmobiliaria y la creación de ganancias exponenciales”.
“En consecuencia”,  advierte Zárate, “prácticamente en todos los países los precios de la tierra se han multiplicado varias veces, convirtiendo a la vivienda adecuada en inaccesible para una gran parte de la población, incluso aquella que cuenta con un empleo formal y salarios y prestaciones que establece la ley”.
Luego, el no tener un lugar donde vivir o una dirección reconocida repercute en la negación de otros derechos económicos, sociales, culturales y políticos, como la educación, la salud, el trabajo, el derecho a voto, a la información y a la participación, entre muchos otros.
De hecho, la ONU estima que el 75% de las ciudades del mundo son más desiguales hoy que hace veinte años atrás, y que el 85% de los nuevos empleos a nivel global se crean en la economía informal.
“¿Qué clase de ciudadanas/os y de democracia estamos produciendo en estas ciudades divididas?”, se pregunta Zárate al respecto.

El derecho a la ciudad
Basándose en distintos debates, procesos y documentos, como la Carta Mundial para el Derecho a la Ciudad (desarrollada dentro del Foro Social Mundial entre 2001 y 2005), la Carta de la Ciudad de México por el Derecho a la Ciudad (2010), entre otros, Zárate resume 6 fundamentos estratégicos para el derecho a la ciudad que ayuden a avanzar hacia asentamientos humanos “más justos”.
Estos son: 1) Ejercicio pleno de los derechos humanos en la ciudad, 2) Función social de la tierra, la propiedad y la ciudad, 3) Gestión democrática de la ciudad y el territorio, 4) Producción democrática de la ciudad y en la ciudad, fortaleciendo la economía popular y la economía social y solidaria, 5) Manejo responsable y sustentable de los bienes comunes (naturales, energéticos, patrimoniales, culturales, históricos) de la ciudad y su entorno, 6) Disfrute democrático y equitativo de la ciudad, a través de la recuperación, expansión y mejoramiento de los espacios públicos para permitir el encuentro, la recreación, la creatividad, que en años anteriores fueron descuidados, abandonados, subutilizados o, peor aún, privatizados.
Así entendido, “el derecho a la ciudad aporta elementos que hacen más tangibles la integralidad y la interdependencia de los derechos humanos”, destaca Zárate, y agrega que “este nuevo derecho colectivo y complejo nos plantea desafíos que superan el saber académico compartimentado, las especialidades profesionales y la actuación gubernamental sectorial y de corto plazo (regida sobre todo por lógicas electorales y partidarias)”.
 
Mejorar la ciudad
también pasa por
mejorar el campo
Los expertos David Lewis (profesor de Desarrollo y Políticas Sociales en la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres) y Josefina Stubbs (candidata a presidir el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola-Fida, donde fue vicepresidenta adjunta para Estrategia y Conocimiento entre 2014 y 2016), coinciden en que para mejorar lo urbano es fundamental mejorar también lo rural.
“El crecimiento exponencial de las ciudades obedece en gran parte al resultado de la creciente brecha entre la realidad urbana y la rural, donde la falta endémica de servicios básicos y oportunidades de empleo expulsan a la población rural hacia los centros urbanos”, indican los expertos.
Así, hombres y mujeres emigran a las grandes ciudades en busca de trabajo y de un futuro mejor, “pero sin educación formal ni calificación, muchos quedan al margen de la sociedad a la aspiran pertenecer”, advierten Stubbs y Lewis.
Por otro lado, con el crecimiento de la población mundial, se prevé que será necesario aumentar la cantidad y la calidad de los alimentos producidos por las comunidades rurales. Este aspecto también demuestra que las comunidades rurales y urbanas tienen una gran interdependencia para lograr un crecimiento sostenible.
“Vivimos en un mundo interconectado”, indican los expertos, “pero donde las desigualdades entre personas, regiones y países expulsan a un número creciente de personas de sus comunidades de origen con destino a las ciudades en busca de una vida mejor”.
Por ello, “al mejorar las condiciones de vida de las poblaciones rurales pobres y darles oportunidades de crecimiento, podremos reducir la presión sobre las grandes metrópolis y crear sociedades más equilibradas y prósperas”, sentencian Lewis y Stubbs.

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