Latinoamérica necesita de su ahorro para desarrollarse

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Feb 05, 2017

Una reciente publicación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte que la región de

América Latina y el Caribe ahorra poco: “entre 10 y 15 puntos porcentuales del  producto interno bruto (PIB) menos que los países más dinámicos de Asia emergente”.
El presidente del BID, Luis Alberto Moreno, advierte que debido a la coyuntura económica global (crisis financiera internacional, caída del precio del petróleo y otras materias primas que la región exporta) “es tiempo de buscar nuevas fuentes domésticas que den impuso a nuestras economías”, y que “es muy difícil atraer capitales en condiciones favorables del exterior si los propios latinoamericanos no ahorramos e invertimos en nuestros países”.
En este sentido, “ahorrar más y mejor no debe estar necesariamente asociado a la recomendación tradicional de realizar un ajuste fiscal, o al también tradicional recurso de conceder incentivos tributarios para el fomento de cierto tipo de ahorros. Tampoco a políticas públicas paternalistas”.
Lo que realmente significa ahorrar más y mejor, para Moreno, es “repensar algunas políticas públicas, para mejorar la sostenibilidad y equidad en el área de la seguridad social, aumentar la eficiencia del gasto público, y darle más protagonismo relativo a la inversión que al gasto corriente en la estructura del gasto público”.
    
Recomendaciones
de políticas
El informe del BID titulado “Ahorrar para Desarrollarse” detalla que, en primer lugar, es necesario innovar en los productos financieros en la región para fomentar el ahorro, sobre todo mediante canales formales.
Una forma clave de innovación y fomento de la formalización del ahorro es simplificando los procesos. “El papeleo complejo, los costos ocultos, las largas colas para depositar dinero y los complicados viajes al banco desincentivan a los clientes de abrir una cuenta y/o usar la cuenta que tienen para ahorrar. Las instituciones financieras tienen que simplificar los procesos para zanjar la brecha de información que puede limitar la demanda de servicios de ahorro”, afirma el BID.
En segundo lugar, se deben abordar los sesgos de conducta individuales, que también limitan el ahorro de una gran parte de la población. Estudios previos mostraron que la población latinoamericana tiene preferencias con sesgo hacia el presente es más alta que en otras regiones. O sea que prefieren usar sus recursos económicos ahora y no en el futuro.
También se debe zanjar las brechas entre mecanismos formales e informales de ahorro. “Las instituciones formales pueden y deben aprender de los mecanismos informales que actualmente cubren las necesidades financieras de los hogares más pobres. Estos sistemas informales han surgido para cubrir las necesidades no satisfechas de los excluidos (y de los que se autoexcluyen) de los servicios financieros formales”, reconoce el BID.
Por ello, recomiendan la formalización de los mecanismos informales cuando sea posible, o a través de asociaciones potenciales con instituciones formales, ya que esto puede contribuir a atraer el ahorro al sistema financiero formal.
En tercer lugar, será importante centrarse en los niños y jóvenes para promover “hábitos de ahorro positivos y alberga el potencial de influir en preferencias que podrían aumentar las tasas de ahorro en el futuro”.
Aunque algunos de los rasgos que limitan las decisiones de ahorro son maleables a edades más tempranas, se requiere más investigación que incorpore aportes de otros campos, como la neurociencia y la psicología, para  constatar aquello.

La influencia de los
genes y el lenguaje
En una investigación del año 2015, los expertos Henrik Cronqvist y Stephan Siegel analizaron las diferencias en los genes que comparten mellizos y gemelos idénticos. El estudio llegó a la conclusión de que las diferencias genéticas explican cerca de una tercera parte de la variación en las tasas de ahorro individuales.
El trabajo también concluye que las tasas de ahorro guardan una correlación negativa con el hábito de fumar y la obesidad — conductas que también pueden reflejar falta de autocontrol y preferencias sesgadas hacia el presente—, y que esta correlación se explica en gran parte por factores genéticos.
Otro estudio, de Keith Chen (2013) de la Universidad de Yale, que se titula “El efecto del Lenguaje en el Comportamiento Económico”, evalúa si los hablantes de lenguas que establecen una disociación entre el presente y el futuro tienen más dificultades para ahorrar.
Como primer paso, Chen  clasifica las lenguas en aquellas con referencias al futuro (FTR, por sus siglas en inglés) fuertes y débiles, y encontró que el español y el inglés tienen fuertes FTR, mientras que el chino tiene una FTR débil. En otras palabras, los chinos distinguen las diferencias entre acontecimientos actuales y futuros con menos intensidad que los hispanohablantes, que tienden a hacer una diferenciación muy clara entre ambos.
Con esta codificación de la lengua, Chen llega a la conclusión de que el grado de FTR intrínseco en cada lengua guarda una fuerte correlación con la manera en que los hablantes enfrentan decisiones intertemporales individuales y de los hogares, como las decisiones relativas a la salud y al ahorro.
Además, el estudio muestra que esta relatividad lingüística puede desempeñar un rol importante en las tasas de ahorro nacional: los países con una lengua de fuertes FTR ahorran cerca de 5%  menos al año que los países comparables con lenguas de FTR débiles.

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