Revelan tácticas de Monsanto para ocultar posibles riesgos

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Abr 02, 2017

Gracias a un juicio en California, la semana pasada se revelaron correos electrónicos de la transnacional Monsanto, en la que se evidencia que la empresa estuvo involucrada en intentos de socavar los esfuerzos para evaluar los vínculos potenciales entre el glifosato y el cáncer.

En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, de la Organización Mundial de la Salud, OMS) incorporó al glifosato -principio activo del grupo de herbicidas más utilizado del mundo- a la lista de substancias “probablemente carcinógenas para humanos”.
La noticia confirmaba lo que hace más de una década denuncian activistas, vecinos, organizaciones sociales y académicos que no responden al sector agroempresarial, y que se oponen a lo que ellos llaman “uso irracional y descontrolado” de agroquímicos.
En Bolivia, el número de hectáreas en las que se usa glifosato en Bolivia es de un millón, “porque está asociada al cultivo de soya transgénica que llega al 99,6 % de la soya cultivada”, según reveló a El País el director de PROBIOMA, Miguel Angel Crespo.
Crespo explicó que esto equivale a unos 4,2 millones de litros anuales de glifosato vertidos a los alimentos y a la tierra sólo en el caso de cultivos de  soya, y advirtió que este compuesto “también se usa en otros cultivos asociados como es el girasol, chía, sésamo, etc.”.
Por ello, tanto el número de hectáreas y litros tiende a ser aún mayor, considerando también que los planes del sector agroempresarial del oriente boliviano tiene proyectado, con apoyo del gobierno, ampliar las hectáreas para producir fundamentalmente este tipo de cultivos.
Según el informe de la IARC-OMS de 2015, “hay pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos (linfoma no Hodgkin)” y de que el herbicida “también causó daño del ADN y los cromosomas en las células humanas”.
El glifosato es el agrotóxico más usado no sólo en Bolivia, sino en el mundo entero. En EEUU, los granjeros utilizan cerca de 140 millones de kilogramos de este veneno para fumigar el maíz, la soya y una variedad de otros cultivos. También se lo usa comúnmente en los jardines estadounidenses.
Resultado de esto es que se ha encontrado restos de glifosato en riachuelos, acequias y otras fuentes de agua y alimentos. Esta situación es la que ha llevado al citado juicio en el Distrito Norte de California.
El juicio es una combinación de 55 demandas contra Monsanto, que incluye las demandas de varios individuos que afirman haber desarrollado el linfoma no-Hdogkin (el tipo de cáncer que la OMS asoció con el glifosato) debido a su exposición este agrotóxico.
Hay, por tanto, mucho en juego, tanto para Monsanto como para la salud pública mundial. Esta sería la motivación de la transnacional para haber utilizado al menos 4 tácticas para influenciar tanto la opinión pública como los procesos de evaluación, que fueron divulgadas por diversos medios de EEUU.

Táctica 1: Suprimir
la ciencia
Los emails revelados sugieren que los representantes de Monsanto tenían comunicaciones frecuentes con un oficial del gobierno de EEUU: Jess Rowland, exdirector asociado de la División de Efectos sobre la Salud de la Agencia de Protección Ambiental (EPA).
Rowland avisó a la empresa acerca de los informes de la IARC-OMS antes de que se publiquen, quien también afirmó que trabajaría para anular los estudios acerca del glifosato, diciendo a los oficiales de Monsanto: “Si puedo matar esto debería obtener una medalla”.
Esto muestra que Monsanto estuvo trabajando con personal dentro de la agencia del gobierno estadounidense, fuera de las áreas establecidas para que el público de su aporte a los procesos de toma de decisión del gobierno, de una manera considerada inapropiada.

Táctica 2: Atacar al mensajero
Apenas publicado el informe de IARC en 2015, Monsanto no solo cuestionó los hallazgos, sino que atacó la credibilidad de IARC,  tratando de desacreditar a la conocida agencia internacional argumentando que ésta cayó presa de “sesgos provocados por la agenda”.
El epidemiólogo Francesco Forastiere, miembro de la IARC, explicó: “Simplemente actuamos como científicos, evaluando el cuerpo de evidencia, de acuerdo a los criterios científicos”. Pese a los ataques de Monsanto, la IARC sigue defendiendo las conclusiones de su informe de 2015.

Táctica 3: Fabricar
ciencia falsificada
La revelación más preocupante según los medios es que Monsanto discute en la intimidad la fabricación de estudios científicos falsos para minimizar los efectos negativos del glifosato. William Heydens, un alto ejecutivo de Monsanto, sugirió que la empresa podría reducir los costos escribiendo artículos científicos y pagando a académicos para “editar y firmar con sus nombres”, y divulgarlos en la revista científica Critical Reviews in Toxicology, tal como se había hecho en el pasado.

Táctica 4: Crear y financiar organismos propios de evaluación
Monsanto ha cuestionado la independencia y transparencia del panel consultivo científico de la EPA de EEUU. El objetivo de la multinacional es desacreditar sus recomendaciones sobre la peligrosidad del glifosato.
De forma paralela a esta campaña de desprestigio, Monsanto creó su propio “panel de expertos” en julio de 2015 compuesto por 16 integrantes, algunos de ellos científicos y otros lobistas.  Solo cuatro de ellos nunca fueron empleados o consultores de Monsanto. A pesar de ello, este panel de expertos se llama a sí mismo “panel independiente”.

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