Los salarios bajos reducen la productividad y la tecnología

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN May 28, 2017

A mucha gente le preocupa que los robots les quiten sus trabajos. Pero en realidad lo que la tecnología y la automatización están causando no es desempleo, sino un aumento de la pobreza, la desigualdad y la precariedad laboral.

Así se resume lo advertido por el experto económico Ryan Avent, quien observa que el crecimiento de los salarios y de la productividad “es pésimo”, algo que “no es sorprendente en economías donde hay muchas personas en el mercado laboral trabajando por salarios bajos”.
Analistas como los expertos Robert Gordon, Matthew Ylgesias y Duncan Weldon, coinciden en que el problema no es que haya mucha nueva tecnología “increíble”, sino muy poca.
Este último, por ejemplo, considera que “si la revolución robot realmente estuviera en camino, estaríamos viendo un elevado gasto en capital y una inmensa productividad. En lugar de eso, tenemos un débil crecimiento y salarios estancados. La verdadera y urgente preocupación en relación a los mercados de trabajo y la automatización es que los robots no están tomando nuestros trabajos lo suficientemente rápido”.
Por eso  el historiador económico Ryan Avent, afirma que “el acelerado progreso tecnológico puede coincidir con un pésimo crecimiento del salario y de la productividad”.

Salarios bajos desincentivan inversiones en tecnología
En un ejercicio de historia económica, Avent recuerda que los procesos de industrialización se dieron en gran parte gracias al elevado costo de la fuerza de trabajo: “Los trabajadores británicos eran caros en relación a los trabajadores del continente europeo, y también en relación al costo de la energía. Por tanto, las empresas tenían un incentivo para desarrollar y desplegar nuevas tecnologías que economicen en fuerza de trabajo y usen mucha energía: la industrialización”.
Si bien hay más elementos que entran en juego en el proceso de industrialización, “este fue un gran componente. Luego, algo similar sucedió en EEUU, donde los trabajadores eran aún más caros y los recursos eran aún más abundantes, y donde emergió, por tanto, el fenomenalmente productivo ‘sistema Americano’ de manufactura”, afirma.
Hoy, los costos laborales son relativamente bajos. En términos reales, el crecimiento del salario ha sido casi imperceptible para la mayor parte de la fuerza laboral desde el año 2000, y en algunos casos desde incluso mucho antes.  El valor real del salario mínimo en EEUU es bastante bajo en relación a lo que era hace medio siglo.
Por otra parte, es cierto que el costo del poder computacional y del almacenamiento de datos ha caído mucho. Como dice Avent, “la ‘cuota de capital’ del ingreso ha caído más en las últimas décadas que la ‘cuota de trabajo’. Uno podría afirmar que, debido a que el costo de la tecnología ha caído más que el costo del trabajo, deberíamos tener un proceso de automatización masivo”.
Pero en realidad el factor escaso no es el capital fijo, los equipos. Lo caro es el capital intangible que se necesita para revisar la producción en formas que utilicen el poder computacional barato para eliminar muchos trabajos, porque es complicado encontrar la forma en que estos sistemas operen de manera que generen ganancias.
Y “mientras el trabajo sea barato, las empresas enfrentan pocas presiones para hacer inversiones masivas en capital intangible para automatizar procesos claves”, por lo que “el trabajo barato está reduciendo el incentivo de empujar nuevas tecnologías”, indica el experto.

La revolución digital abarató el trabajo
Por un lado, al permitir que las empresas contraten trabajadores en otros países, la tecnología de las comunicaciones permitió el crecimiento de las cadenas globales de oferta de mano de obra, lo que posibilitó incorporar miles de millones de nuevos trabajadores de bajos salarios a la fuerza de trabajo global.
Sin embargo, Avant identifica otra forma aún más directa en que la automatización aumenta la abundancia de fuerza de trabajo barata: “Cuando una máquina desplaza a una persona, esa persona no deja de ser parte de la fuerza de trabajo de forma inmediata. No, ese trabajador desplazado tiene muchas cuentas por pagar, por lo que debe buscar otro trabajo”.
“Generalmente, los trabajadores desplazados por la tecnología tienden a ser aquellos con bajos niveles de educación y casi sin habilidades excepcionales. Estos trabajadores se encuentran compitiendo con muchas otras personas con modestos niveles de habilidades y educación, y con la tecnología misma. Esto aumenta la abundancia de fuerza de trabajo”, lo que a su vez disminuye aún más los salarios.

Bajos salarios igual a baja productividad
Como los salarios caen, se vuelve barato para las empresas contratar personas para trabajos de baja productividad. Así que el empleo en trabajos de baja productividad se expande, afectando las cifras de productividad agregada.
La abundancia de trabajadores también destruye el poder de negociación de los propios trabajadores. Por un lado, los trabajadores reciben una porción menor de ingresos. Y no pueden negociar por los cambios que podrían aliviar sus problemas, como obtener capacitaciones para que algunos trabajadores llenen nuevos nichos complementarios a la tecnología.
Todo esto a su vez genera problemas macroeconómicos, porque más recursos quedan concentrados en las manos de aquellos con alta propensión al ahorro, mientras el ímpetu de invertir disminuye. “Y una demanda crónicamente débil es peor para los trabajadores y para el crecimiento de la productividad”, sentencia Avent.