Miércoles, 20 Septiembre 2017

“La estrecha búsqueda del interés propio siempre falla”

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Jun 25, 2017

Los problemas que atraviesa la economía mundial son síntoma de que “ha llegado el momento de declarar muerto a su principio guía: la metáfora de la mano invisible.

Esta metáfora hace creer que la estrecha búsqueda del interés propio milagrosamente produce una sociedad de buen funcionamiento”.
Estas palabras, del profesor de biología y antropología en la Universidad de Binghamton (Nueva York) y a la vez catedrático de Justicia Global y Medio Ambiente en la Universidad de Oslo (Noruega), David S. Wilson, apuntan contra la Teoría de la Elección Racional, que constituye el marco analítico predominante en el mundo para entender y modelar el comportamiento social y económico.
Esta teoría “toma literalmente la metáfora de la mano invisible al tratar de explicar la amplitud y complejidad del comportamiento humano en base a la maximización individual de la utilidad, que es una forma complicada de referirse a la estrecha búsqueda del interés persona, el egoísmo”, afirma Wilson.
El problema, según el experto, es que este  modo de pensar y actuar es el que está en el núcleo de la crisis económica mundial.

Las verdaderas preferencias humanas
El académico explica que “las verdaderas preferencias humanas están relacionadas todas con la regulación”. Y para demostrarlo, afirma que se puede recrear un “microcosmos” de la crisis económica en el laboratorio “en una sola tarde”.
Así, “si arrancamos un grupo de personas de la calle y les damos una tarea que requiere cooperación, veremos que la mayoría de ellos seguirá las reglas como ciudadanos sólidos. Desafortunadamente, unos cuantos harán trampa si es que hay alguna manera de hacerlo. Y una vez que un ciudadano sólido se da cuenta de que lo están engañando, como única defensa decide retirar su cooperación”.
Si a los “buenos ciudadanos” se les da la oportunidad de castigar a los tramposos, algunos (no todos) castigarán con entusiasmo. “¡Incluso los tramposos castigan a otros tramposos con entusiasmo!”, exclama Wilson.
Así, cuando se provee la capacidad de regulación a través de premios y castigos que pueden ser implementados a bajo costo, “la cooperación asciende a niveles elevados. La regulación es necesaria, caso contrario la cooperación desaparecerá como agua escurriéndose de una bañera”.

Cooperación y trampa
Este tipo de preferencias sociales “van más allá de nuestra especie”, afirma Wilson, y agrega que la cooperación y el hacer trampa son opciones para todas las especies sociales, incluso las bacterias, y la cooperación sobrevive sólo hasta el punto en que se la protege contra las trampas.
En 1705, el filósofo y economista político Bernard Mandeville, en su Fábula de las Abejas, describió de forma elegante a la sociedad humana como si fuese una productiva colmena de abejas, pese a que cada abeja actuaba de la forma más egoísta posible. Algo similar a lo que décadas más tarde hizo Adam Smith, con mayores matices y elaboración.
Sin embargo, Wilson considera que Mandeville “no podía haber estado más equivocado” sobre la verdadera naturaleza de las abejas. “Hay una diferencia entre la auto-organización y el egoísmo. Las colmenas y otras colonias de insectos sociales son ciertamente auto-organizadas. No hay una sola abeja individual comandando a las tropas, ciertamente no la reina”.
Así, cada abeja “juega un rol limitado en la economía de la colmena, así como una neurona individual tiene un rol limitado en la economía del cerebro. La inteligencia de ambas puede encontrarse en las interacciones entre las partes, las cuales fueron moldeadas por la selección natural a través de incontables generaciones. Pero el comportamiento de las abejas no puede reducirse a sólo un principio de egoísmo, al igual que el comportamiento humano”.
Incluso entre las abejas hay “ciudadanos sólidos” y “tramposos”. Pero “a los tramposos se los mantiene a raya sólo a través de un sistema regulatorio” llevado a cabo por las abejas, un comportamiento que los biólogos llaman policial.

Humanos cooperativos
Alexis de Tocqueville, el gran teórico social francés que escribió Democracia en América (1835, 1840), dijo acerca de los pequeños grupos humanos: “el pueblo o aldea es la única asociación que es tan perfectamente natural que pareciera constituirse a sí misma”. Esta habilidad de auto-organizarse para funcionar en grupos cooperativos es “tan perfectamente natural” porque evolucionó a través de un largo proceso de selección natural.
Pero por lo mismo, funcionar cooperativamente en grupos grandes “no es natural”, pues las grandes aglomeraciones de población empezaron a existir recién hace apenas 10 mil años. “Esto significa que las nuevas construcciones culturales requieren interactuar con nuestra psicología evolucionada para que la sociedad humana funcione bien adaptada a escala grande”, afirma Wilson.
Por tanto, afirma el experto, “para cambiar nuestro comportamiento debemos cambiar nuestras teorías y metáforas. La metáfora de la mano invisible debería ser declarada muerta. Ya no se hable más de competencia irrestricta como una virtud moral”.
Y es que la vida social cooperativa requiere de regulaciones. “La regulación viene naturalmente para pequeños grupos humanos, pero debe ser construida para grupos grandes. Algunas formas de regulación funcionarán bien y otras mal. Podemos discutir a profundidad acerca de regulaciones inteligentes versus regulaciones tontas, pero el concepto de no regulación debería descansar para siempre”, sentencia Wilson.