Jueves, 23 Noviembre 2017

Por el “poscapitalismo y un mundo sin trabajo”

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Sep 10, 2017

Los pensadores británicos Alex Williams y Nick Srnicek exploran opciones filosóficas para un mundo “libre de trabajo”, basándose en la evolución de la tecnología.

En u reciente libro, titulado “Inventar el futuro: poscapitalismo y un mundo sin trabajo”, afirman que “el fin del trabajo no sería el fin de la historia” y abogan por “construir una plataforma para una sociedad postrabajo”.
Williams es profesor de sociología en la Universidad de Londres, y Srnicek es filósofo y profesor en la Universidad de Westminster. En conversación con el periódico español El Diario, los autores explican que su modelo propone una alianza con la era tecnológica para reestructurar el mercado laboral.
Según Srnicek, uno de los problemas principales del modelo capitalista es lo que se conoce como población excluida, que son las personas que quedan fuera del mercado laboral y se ven obligadas a realizar trabajos menos atractivos para poder obtener un salario que les permita vivir.
“Lo que pretendemos es eliminar la concepción de trabajo como un medio necesario para la supervivencia y delegar en la tecnología para sustituir la fuerza de trabajo. El trabajo se concibe como parte de la identidad de una persona y aun cuando no le hace sentirse realizado, lo ve como una necesidad fundamental para la subsistencia. Creemos que deshacernos de esa cultura es uno de los mayores retos”, indica.
Por su parte, Williams considera que para lograr este objetivo se debe construir “una nueva economía”, para lo cual uno de los primeros pasos es establecer un salario básico universal con el que la gente pueda satisfacer sus necesidades sin tener que trabajar para cubrirlas.
También hay que “acabar con la idea de que la tecnología es la enemiga que genera más desempleo por la utilización de robots que sustituyen la mano de obra. Cambiar este discurso es el primer paso hacia un proceso reformista”.
Para Williams, delegar en la tecnología “supondría una reducción del desempleo, una mejora en la salud mental de las personas por la depresión y ansiedad ligadas al trabajo, y un beneficio para el medio ambiente, por reducir el CO2 generado por el transporte o los procesos de producción tradicionales”.

Trabajos para robots
Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entre el 47% y el 80% de los trabajos son potencialmente realizables por robots. Sin embargo, los autores creen que siempre habrá trabajo que deberían hacer las personas “por tener un carácter más humano, como podría ser la atención médica o el cuidado de personas, y no sería necesario sustituir completamente estos puestos”.
Srnicek afirma que la tecnología debería atacar fundamentalmente al trabajo manual o administrativo, “que en la mayoría de los casos no es motivador para los trabajadores y es fácilmente realizable por robots. La pregunta que queremos plasmar es si es posible reformar el concepto de trabajo actual”.
El filósofo considera que una medida que se podría aplicar actualmente es la reducción de las jornadas, ya que “hay personas que trabajan horas excesivas para alcanzar un nivel económico digno en trabajos que no desean hacer”, lo que genera en muchos casos deterioro en la salud las personas.
“Esta situación es totalmente solventable eliminando trabajos y procesos que no tenemos por qué realizar nosotros”, los humanos.

Las élites y la ciudadanía
Aunque es sabido que el 1% controla más del 50% de la riqueza mundial, lo difícil es pensar cómo o por qué las élites renunciarían a su beneficiosa posición actual. Al respecto, Williams afirma que hay dos opciones: “un proyecto para sustituir a la élite política, o el aumento de personas dentro de las élites que creen que el modelo actual no es sostenible”.
Es ahí donde juegan un papel importante los medios y los sindicatos de trabajadores, “en la creación de un discurso afín a esta ideología”, aunque de todos modos, “creemos que las élites están cada vez más convencidas de la crisis del capitalismo”.
Por otro lado, Williams reconoce que su propuesta “guarda algunos puntos en común quizás en los aspectos más abstractos” de la ideología comunista, “como la liberación colectiva, pero en la práctica presenta medidas que se alejan del concepto tradicional socialista”.
Su idea es en realidad la de “abandonar el aspecto utópico y trasladar el modelo a una realidad que tenga en cuenta las condiciones del panorama global”, agrega.
Por otra parte, Srnicek dice que si los ciudadanos quieren favorecer la conversión a este modelo, pueden “involucrarse más en grupos políticos para organizar un movimiento hegemónico y dar fuerza a las ideas. Todavía creemos erróneamente que debemos luchar contra el desempleo y preguntarnos a dónde va la economía nacional. El debate entre estos círculos de ciudadanos hará que poco a poco se cree un cambio en la conciencia social”.

La izquierda global
en su laberinto
El libro critica a la izquierda y a su tradicional manera de actuar: resistir más que proponer. Williams observa que movimientos de protesta como Occupy Wall Street en Estados Unidos o el 15M en España, apelaban “a lo que no querían, pero no promovían medidas para conseguir lo que sí querían”.
El coautor también ve que el neoliberalismo se ha ido introduciendo en la sociedad de una manera “muy sutil” hasta afianzarse como está.
“Sin embargo, creemos que esta mentalidad está en proceso de desintegración”, y reitera que a su modo de ver, las élites “están buscando una nueva fórmula”.