Empresas de propiedad de trabajadores ¿una solución?

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Sep 24, 2017

En distintos momentos del siglo pasado, algunos pensadores han visto a las cooperativas y a empresas de propiedad de trabajadores como una solución a los problemas de empobrecimiento económico creados por el capitalismo.

Esto se debe a que, a decir de estos pensadores, los trabajadores crean valor con de su trabajo, entienden los procesos técnicos de la producción, y por tanto tiene sentido que ellos compartan las ganancias creadas a través de la propiedad de la empresa.
Daniel Little, filósofo de las ciencias sociales (norteamericano), cita como ejemplo contemporáneo al grupo de cooperativas Mondragón, en el País Vaso de España.
“El razonamiento es que si los trabajadores son dueños de una parte de los medios de producción, y si ellos organizan el proceso laboral a través de alguna forma de organización democrática, entonces podemos predecir que la vida de los trabajadores será mejor, habrá menos desigualdad y la gente tendrá más control sobre las principales instituciones que afectan sus vidas, incluyendo el lugar de trabajo”, desarrolla.

La lógica
Según explica Little, cuando una empresa es de propiedad de individuos privados, su interés es organizar la empresa de una manera que se maximicen las ganancias privadas. Esto significa elegir productos que encontrarán un mercado grande a un precio favorable, organizar los procesos eficientemente, y reducir los costos de insumos y trabajo.
Más aún, “el propietario privado tiene total autoridad para organizar el proceso laboral en formas que des-empoderen a los trabajadores. Esto implica una presión hacia la baja sobre los salarios, y una preferencia por la tecnología que ahorra trabajo, e implica un espacio de trabajo más autoritario”.
En este sentido, “la gestión capitalista implica estancamiento de salarios y de la demanda de trabajo, crecientes desigualdades y desagradables condiciones laborales”, afirma.
Al contrario, cuando los trabajadores son los dueños de la empresa, los incentivos son diferentes: “Los trabajadores tienen interés en la eficiencia porque sus ingresos están determinados por la eficiencia total de la empresa. Más aún, tienen un rico conocimiento práctico y técnico sobre la producción que promete aumentar la efectividad del proceso productivo”.
Por tanto, los trabajadores “desplegarán sus recursos y conocimiento inteligentemente para llevar productos al mercado, y organizarán el proceso laboral de manera tal que se adecúe al ideal de trabajo humanamente satisfactorio”.

Pero no todo es tan romántico
Pese a lo descrito anteriormente, Little reconoce que el efecto de la propiedad de los trabajadores sobre las empresas sobre las desigualdades económicas es “complicado”. Dentro de la empresa, “el rango de desigualdades de ingreso dependerá de un proceso democrático, y este proceso frenará los salarios excesivos. Y todos los miembros son dueños, así que las desigualdades se reducen también”.
Sin embargo, en una economía mixta (propiedad privada y de los trabajadores), “las desigualdades dependen de ambos sectores, y las dinámicas que generan las extensas desigualdades en el mundo actual se encuentran en las economías mixtas también”.
“Más aún”, agrega Little, “algunos sectores de ingresos altos, como el financiero, parecen inapropiados para ser organizados bajo propiedad de los trabajadores. Por tanto es poco claro si la creación de un sector significativo de empresas de propiedad de los trabajadores tendría algún efecto medible sobre la desigualdad de riqueza e ingresos”.

Límites del cooperativismo
El experto apunta que hay varias formas en que las cooperativas pueden fallar como instrumento de cambio progresista.
“Primero, puede ser que la gestión cooperativa sea inherentemente menos eficiente, efectiva o innovadora que la gestión capitalista, por lo que los retornos de los trabajadores podrían ser potencialmente menores en una cooperativa ineficiente que en una empresa capitalista altamente eficiente”.
En segundo lugar, Little observa que “es posible que las cooperativas sean factibles a pequeña y mediana escala, pero no en empresas grandes” como las compañías acereras o la gigante de la informática IBM: “Un mayor tamaño puede magnificar las dificultades de coordinación y toma de decisiones que son evidentes incluso en empresas medianas bajo propiedad de los trabajadores”.
En tercer lugar, el experto ve posible que las cooperativas en sí mismas expulsen mano de obra. “Los miembros de la cooperativa pueden tener un incentivo económico para refrenarse de aumentar trabajadores al proceso para así mantener más elevada su propia cuota de ingreso y riqueza”.
Así, indica Little, sólo tendría sentido económico agregar un trabajador “si el producto del trabajador adicional es mayor que el producto promedio, mientras que un dueño privado agregará trabajadores a un salario más bajo cuando el producto del nuevo trabajador sea mayor que el producto marginal”.
Por tanto, una economía que contiene una alta proporción de empresas bajo propiedad de los trabajadores podría generar un alto nivel de desempleo entre quienes no son miembros de la cooperativa.
Finalmente, este tipo de empresas necesitan acceso al capital. Esto significa que una incontrolable porción de los excedentes fluirá fuera de la empresa hacia el sector financiero, que en sí mismo es uno de los grandes causantes de la desigualdad: Las ganancias serán compartidas por los trabajadores, pero los intereses y costos financieros fluirán fuera de la empresa hacia instituciones financieras privadas.

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