Martes, 21 Noviembre 2017

Tarija es la ciudad con mayor inflación de alimentos

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Nov 05, 2017

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), los precios de los alimentos y bebidas consumidos en los hogares tarijeños tuvieron un incremento acumulado de 22,3% hasta septiembre de este año, comparando los precios respecto a diciembre de la gestión pasada.

Este incremento sitúa a la capital tarijeña como la ciudad con mayor inflación de alimentos de Bolivia, seguida de Cochabamba con un incremento del 11,1%. Muy detrás están Sucre (3,3%), Santa Cruz (3,1%) y las ciudades de Oruro y Trinidad con incrementos menores al 1%.
En el polo opuesto están Cobija, La Paz y Potosí, cuyos precios de alimentos bajaron en 4,1%, 0,9% y 0,3% respectivamente.
La inflación de alimentos es caracterizada por algunos expertos como la “inflación para los pobres”, debido a que los hogares y personas pobres destinan al gasto de alimentación un porcentaje mucho más alto de sus ingresos que los no pobres.
Particularmente en Tarija, según datos de la Fundación Jubileo, los hogares pobres destinan al gasto de alimentación el 50% de sus ingresos, por lo que se ven duramente afectados por la inflación de alimentos más que por la inflación de otros productos o la inflación general.
Es por ello que Jubileo ve necesario “que las autoridades locales y nacionales logren evitar que el precio de los alimentos se incremente; de lo contrario, los sectores más vulnerables solo podrán consumir menos alimentos o cambiar el consumo a alimentos de menor calidad”.

Los pobres pierden más poder adquisitivo
El valor del dinero está determinado por su poder adquisitivo, o sea por la capacidad que tiene para comprar bienes y servicios.
Para reponer la pérdida del valor del dinero debido a un aumento en los precios de bienes y servicios (inflación), los diferentes gobiernos de Bolivia han recurrido a la tasa de inflación de bienes y servicios (inflación del IPC general), no así a la tasa de inflación correspondiente solo a los alimentos y bebidas, aun cuando la mayor parte de la población obtiene ingresos bajos, del que destinan un mayor porcentaje al gasto en alimentos y bebidas.
En Tarija, el IPC general tuvo un incremento del 10,8%, muy por debajo del 22,3% que tuvo el IPC de alimentos consumidos en el hogar.
Según el docente e investigador de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), César Romero, en Bolivia se ha vuelto una especie de “tradición” que los aumentos salariales anuales se realicen considerando la inflación general acumulada anual, donde el rubro alimentos y bebidas tiene una ponderación según el IPC base 2007 de 39,33%, menor al del IPC base 1991, donde su ponderación era de 49,10%.
Por esta razón, los incrementos salariales promedio en la denominada época “neoliberal” no sólo lograban preservar mejor el poder adquisitivo de los sueldos y salarios, sino que se tuvo “un aumento de los mismos en términos reales, precisamente porque los incrementos salariales estuvieron por encima de la tasa de inflación general, así como de la tasa de inflación de alimentos y bebidas”.
Y es que a nivel Bolivia, entre 1995-2005 (el estado neoliberal), la tasa de inflación general alcanzó 55,03% y la tasa de inflación de alimentos y bebidas fue del 47,15% -es decir, esta última estuvo 7,88% por debajo de la tasa de inflación general. Mientras, en el período 2006-2016 la tasa de inflación de alimentos y bebidas (190,63%) ha estado por encima de la tasa de inflación general (66.03%) en un 124,6%.

Canasta básica, la más afectada en Tarija
Los productos que sufrieron la inflación más fuerte en Tarija entre diciembre de 2016 y septiembre de 2017 fueron las legumbres, hortalizas y tubérculos, que incrementaron sus precios en 57,4%. Los denominados productos alimenticios y los pescados subieron en 2,6%. La leche, queso y huevos subieron en 2,1%.
En el mismo periodo, los alimentos que bajaron sus precios fueron: frutas (-4%) y carnes (-2,5%), principalmente. En este sentido, considerando que los alimentos del primer grupo (legumbres, hortalizas y tubérculos) son los más consumidos en una canasta básica especialmente en hogares más pobres, el impacto de la inflación de estos alimentos es mayor.
Es por ello que para Romero, la tasa de inflación de alimentos y bebidas es un indicador más apropiado para el objetivo de preservar el poder adquisitivo de los salarios, y por tanto es el que debería tomarse en cuenta para los incrementos salariales anuales.

¿Quién decide qué indicadores usar?
La entidad que define los incrementos salariales es el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, pero quien tiene el mandato constitucional de “mantener la estabilidad del poder adquisitivo interno de la moneda” (Artículo 327), es en realidad el Banco Central de Bolivia (BCB).
Sin embargo, el BCB no tiene protagonismo alguno a la hora de definir los incrementos salariales anuales. Y al parecer tampoco es quien define qué indicadores utilizar para este tema.
El Ministerio de Economía, según su sitio web, tiene la misión de: “Consolidar y profundizar el Modelo Económico Social Comunitario Productivo, basado en la concepción del Vivir Bien, a través de la formulación e implementación de políticas macroeconómicas soberanas que preserven la estabilidad como patrimonio de la población boliviana, y promuevan la equidad económica y social; en el marco de una gestión pública acorde con los principios y valores del nuevo Estado Plurinacional”.

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