Economía regional tiembla ante TLC Mercosur-Unión Europea

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Dic 17, 2017

Los gobiernos de Argentina y Brasil se muestran extrañamente apurados de firmar el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), en unas condiciones que se pintan mucho menos favorables que hace diez años para el bloque sudamericano.

El apuro es evidente: los presidentes de los países líderes del Mercosur, Mauricio Macri y Michel Temer (el “hermano presidente” Temer), quieren firmar el tratado antes de que termine este año a como dé lugar, lo que pone en debilidad la posición negociadora sudamericana.
El eurodiputado Helmut Scholz dice que la firma del TLC con la UE podría impactar negativamente sobre el empleo industrial y en la seguridad alimentaria de los países del Mercosur, ya que fomentaría el uso de la tierra para producir bienes exportables.
Esto implicaría un desplazamiento aún mayor de la producción campesina y de pequeña escala, afectando a miles de productores, algo que ya ha ocurrido en las últimas décadas con relación a la producción agroindustrial de soya para la exportación, particularmente en Bolivia, Paraguay y Argentina.
Por otro lado, los expertos Mariano Treacy (investigador y Docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento-UNGS) y Francisco Cantamutto (investigador IDAES-UNSam-CONICET) señalan que algunos actores de la UE se verían beneficiados ya que podrían incrementar su control sobre el sector de servicios en el Mercosur, avanzando sobre el comercio electrónico y las compras públicas, y mejorando su situación exportadora colocando bienes manufacturados con alto valor agregado como maquinarias y automóviles.
“Los sectores industriales de nuestros países se verían entonces también duramente afectados, como parecen haberse percatado muy recientemente”, advierten Treacy y Cantamutto.

Una relación desigual
Para Treacy y Cantamutto, las relaciones entre la UE y el Mercosur “se caracterizan por las asimetrías que presentan y por seguir un patrón norte/sur con un comercio marcadamente intersectorial”.
Pese a que la UE ha perdido relevancia en el comercio total del Mercosur desde el inicio del siglo - con lo que la UE pasó de representar el 25% de las exportaciones totales en 2002 a significar el 17% en 2016, mientras que en importaciones la caída en el mismo lapso fue del 27% al 20%-, la relación comercial asimétrica es evidente.
Así, la UE sigue siendo el principal socio comercial del Mercosur, mientras que el Mercosur es recién el sexto mercado para la UE, aportando apenas el 2,5% de las importaciones del bloque. Y sólo el 24% de las exportaciones del Mercosur a la UE son productos manufacturados, aunque el 75% de la carne que importa la UE proviene de Mercosur.
Según Treacy y Cantamutto, en las exportaciones del Mercosur hacia la UE predominan los productos de origen agropecuario y minerales de bajo grado de elaboración (el 60% corresponden a soja y forraje para el sector porcino), mientras que las importaciones desde la UE se concentran en bienes de más alto valor agregado e intensidad tecnológica como máquinas, vehículos, combustibles, productos químicos y farmacéuticos.
Además de esto, los expertos hacen notar que Junto con la Política Agrícola Común (que representa 40% de su presupuesto), la UE protege su sector agrícola con picos arancelarios, aranceles específicos, distorsiones, protecciones no arancelarias como cuotas y contingentes y para arancelarias como medidas sanitarias y fitosanitarias, normas de etiquetado y estándares privados, entre otras medidas.
Esto establece una barrera para que las exportaciones de bienes primarios -que balancean parcialmente el comercio total- puedan ingresar a aquel mercado. “Es decir, la UE promueve la apertura en los rubros en que ya es competitiva, y se niega a desproteger aquellos en los que nuestros países se especializan”, advierten los expertos.
De sostenerse esta tendencia, el TLC “podría ocasionar mayores salidas de recursos hacia las economías más desarrolladas”.

Ganadores y perdedores
La UE podrá exportar, además de bienes industriales (automóviles, autopartes, moda, productos químicos o materiales de construcción), alimentos con alto valor agregado (chocolates, vinos, productos con denominación de origen, etc.), servicios de alto dinamismo, e incluso avanzar en áreas sensibles como el comercio de datos.
Es más, se propone que las empresas de la UE sean incluidas en las licitaciones y compras públicas, “algo que el propio Mercosur no alcanzó para las empresas de sus países miembros; lo que quitaría un instrumento históricamente clave para el desarrollo. Sus instituciones financieras también se verían fuertemente beneficiadas”.
Entre los perdedores potenciales del Mercosur más claros están las PyMEs y empresas del sector manufacturero, proveedoras de servicios vinculados a las compras públicas, y a los y las trabajadoras que se desempeñan en esos sectores. Además de producirse un impacto negativo sobre la balanza de pagos.
Por otro lado, un trabajo recientemente publicado de Margarita Olivera y Davide Villani muestra cómo el acuerdo reforzaría el perfil exportador primario con baja generación de tecnología de la región, desintegrando las cadenas productivas en sus segmentos de mayor valor agregado.
El Mercosur está compuesto por Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela. Sin embargo, este último se encuentra suspendido en todos los derechos y obligaciones inherentes a su condición de Estado Parte del Mercosur, a instancias de los gobiernos de Brasil y Argentina. Bolivia está en proceso de adhesión.