Miércoles, 17 Enero 2018

Las mujeres “sirven al desarrollo”, en vez de beneficiarse de él

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Dic 31, 2017

La idea de que las mujeres son más pobres que los hombres y que las mujeres jefas de hogar son las más pobres entre los pobres se ha convertido en una especie de verdad incuestionada en los círculos de expertos que diseñan las políticas contra la pobreza.

Sin embargo, Sarah Bradshaw, Sylvia Chant y Brian Linneker, investigadores del Programa internacional de Investigación Comparativa sobre la Pobreza (CROP, por sus siglas en inglés), cuestionan esta percepción porque existe poca evidencia concreta para sustentarla.
“La evidencia que hay es contradictoria, y cualquier aparente feminización de la pobreza puede también deberse a los métodos estadísticos utilizados”. En este sentido, los expertos advierten que hay una “falta de información adecuada para medir cómo mujeres y hombres experimentan la pobreza”.
Esto ha llevado a que políticas como las transferencias condicionadas de dinero (TCD), que otorgan recursos monetarios a las mujeres, no siempre tengan los resultados esperados: “Los estudios sugieren que los TCD imponen la responsabilidad de aliviar la pobreza sobre las mujeres en vez de aliviar su pobreza, y en los hechos puede empeorar la pobreza femenina”, observan Bradshaw, Chan y Linneker.

La complejidad de la pobreza femenina
Los expertos de CROP advierten que la pobreza es “una experiencia de vida profundamente compleja y multifacética, y las mujeres generalmente la experimentan como una privación intrínseca de bienes, tiempo, poder y dinero”.
Por ejemplo, agregan, “mientras realizar actividades que genera ingreso puede reducir sus privaciones monetarias, si ello ocurre mientras también realizan trabajo del hogar no remunerado, se incrementa la pobreza en términos de tiempo”.
Así, “el hogar es un lugar clave donde se experimenta la pobreza de género”. Y aunque el ingreso agregado del hogar puede ser suficiente para que un hogar sea clasificado como ‘no pobre’, “las mujeres y los niños pueden no tener acceso a ese ingreso y por tanto sufrir las privaciones como individuos”.
Los investigadores ven que incluso cuando las mujeres ganan dinero por su propia cuenta, es posible que ese ingreso no pueda traducirse en una voz dentro del hogar, y por tanto experimentarán una ‘pobreza de poder’, “marcada por un limitado control sobre los bienes del hogar y sobre la toma de decisiones”.
Es por ello que Bradshaw, Chan y Linneker consideran que “para entender la pobreza de género necesitamos ingresar a los hogares. Necesitamos indicadores multidimensionales de privación individual, y necesitamos que estos indicadores sean desagregados por sexo”.

Mitos de la pobreza femenina
El principal “mantra” de los hacedores de política a nivel mundial es que la pobreza tiene un “rostro femenino”, algo que emergió en la Cuarta Conferencia Mundial de Mujeres, en Beijing en 1995, cuando se afirmó que las mujeres eran “el 70% de los pobres del mundo, y aumentando”.
Más de 20 años después, ONU Mujeres, en su reporte de 2015-2016, declaró que aquel “factoide” es ahora “ampliamente considerado como improbable”, y que en realidad sigue siendo “desconocido cuántas de las personas que viven en la pobreza son mujeres y niñas”.
Además, los mismos datos de ONU Mujeres (2015) revelan que “sólo en 41 de los 75 países estudiados (55%) las mujeres tienen más probabilidad de ser más pobres que los hombres”, lo que cuestiona la existencia de una “pobreza global feminizada”.

¿Una ayuda que perjudica?
Muchos programas de TCD suelen afirmar que sus objetivos principales son reducir la pobreza y simultáneamente empoderar a las mujeres y niñas en el proceso. Las condiciones de los TCD cuando están enfocadas en las mujeres generalmente incluyen que los niños vayan a la escuela, a revisiones médicas, y que las madres participen en talleres de higiene y nutrición.
Todo esto consume varias horas, como si las mujeres las tuvieran disponibles para donar al programa. Sin embargo, estudios como el de la Cepal, de 2017, muestran que “en países como México y Ecuador, las mujeres ‘beneficiarias’ de las TCD pasan menos tiempo en trabajos remunerados y más tiempo en trabajos no remunerados que aquellas que no están en estos programas”.
En este sentido, los expertos ven que la carga de tiempo impuesta sobre las mujeres, y el costo de oportunidad de perder ingresos económicos por cumplir con las condiciones de las TCD, terminan perjudicando más que ayudando.
El éxito de estos programas es medido casi sólo en términos de la mejora de la nutrición de los niños, de su salud y su escolaridad. O sea que el éxito de las TCD depende del comportamiento altruista de las mujeres bajo la forma de ser ‘buenas madres’, y del uso del dinero recibido para mejorar el bienestar de sus hijos. Por tanto, se puede asumir que las TCD hacen poco para mejorar la situación de pobreza de las propias mujeres.
Los estudios académicos sugieren que cuando el dinero que las mujeres llevan al hogar no es ganado en un trabajo remunerado, puede no darles más voz o peso dentro del hogar, dejando su ‘pobreza de poder’ inalterada. Así, el costo económico de las TCD se justifica por los resultados en términos del bienestar de los hijos, pero el costo real es el aumento de la pobreza de las mujeres en términos de tiempo, poder y dinero.
Este enfoque pone a las mujeres al servicio del desarrollo en vez de que ellas sean servidas por él. Pese a ello, este tipo de políticas siguen siendo aplicadas alrededor del mundo entero, con el apoyo financiero de agencias y bancos internacionales de desarrollo.

Lo más leído hoy

Ene 17, 2018 1191

Por la democracia cívicos van al paro con bloqueos

in Política y Economía
Ene 17, 2018 547

Real Potosí se refuerza con Eduardo Puña

in Campeón
Ene 17, 2018 509

Paralizan exploración en San Telmo Norte por Ley del 45%

in Política y Economía
Ene 17, 2018 458

TED habilitó 15 solicitudes para revocar mandato en el Chaco

in Sociedad y Seguridad