El PIB es ciego ante el capital humano y natural

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Feb 11, 2018

Ya en 1992, tras la Cumbre para la Tierra realizada en Río de Janeiro, un grupo de economistas especializados en medio ambiente del Banco Mundial (BM), manifestaban su preocupación de que el producto interno bruto (PIB) no reflejaba la situación de los activos naturales (bosques, agua, minerales), de infraestructura, ni humanos.

Más de un cuarto de siglo después, el mismo BM publicó un reciente informe titulado “La riqueza cambiante de las naciones 2018”, que abarca un conjunto de activos más amplio que constituye la riqueza de los países y utiliza una metodología reforzada, considerando que “el desarrollo de largo plazo se refiere a la gestión de una cartera de activos naturales, activos producidos y capital humano”.
Es importante precisar que los investigadores del informe hacen una distinción entre lo que llaman “riqueza” y lo que consideran “ingreso”. La riqueza es entendida como esa cartera de activos naturales, activos producidos (edificios, maquinarias, caminos, puentes) y capital humano. En cambio, el ingreso es lo que suele ser registrado en el PIB: el valor del conjunto de bienes y servicios producidos dentro del territorio de un país.
En el informe se hace un seguimiento de la riqueza de 141 países entre 1995 y 2014, combinando precisamente el capital natural, capital humano (ingresos a lo largo de la vida de una persona), capital producido y activos extranjeros netos.

El capital humano es vital
Los especialistas del BM calculan que el capital humano representa dos tercios —la mayor parte— de la riqueza mundial. Ahora bien, en el informe se indica que el capital humano representa alrededor del 70% de la riqueza en los países de ingreso alto y solo el 40% en los países de ingreso bajo.
Esto significa que en los países en vías de desarrollo existe un enorme potencial escondido en sus habitantes, y que todavía hace falta explotar y aprovechar estas capacidades mediante la mejora de las oportunidades de la población, a través de servicios de salud y educación universales y de calidad, y políticas laborales que permitan el despegue y aprovechamiento de este activo.
En el informe, el capital humano es medido como “el valor actual de los ingresos de una persona en lo que le resta de vida laboral, teniendo en cuenta la educación y las habilidades, así como la experiencia y la probabilidad de participar en la fuerza de trabajo en distintas edades”.
Y los autores abogan fuertemente en favor de invertir en capital humano para así aumentar la riqueza y el crecimiento económico futuro.

“Aprovechar el capital natural, pero no liquidarlo”
El informe del BM destaca que “el capital natural sigue siendo el componente más importante de la riqueza de los países de ingreso bajo. En 10 de 24 de estos países, el capital natural representa más del 50% de su riqueza, principalmente debido a la tierra agrícola y los bosques”.
En cambio, en la mayor parte de los países ricos el capital natural tiene una importancia menor en la generación de ingresos que en los países pobres.
“El hecho que la proporción del capital natural en el total de la riqueza disminuya en los grupos de ingreso alto implica que los países no tienen que liquidar activos naturales para crecer. Al contrario, apunta a la necesidad de gestionar el capital natural y de esta manera aumentar su valor para las generaciones futuras”, detalla el documento.
Ello, insiste, “se refleja en la composición de la riqueza de los países de ingreso alto, en los cuales el valor del capital natural es tres veces mayor que en los países de ingreso bajo”.
Por tanto, los expertos consideran que los países de ingreso bajo tienen la oportunidad de crecer, desarrollando sus recursos renovables como los bosques y la tierra gestionada de manera sostenible, que suelen representar una proporción mayor de sus activos.
Los ingresos derivados de recursos no renovables, como los minerales y los combustibles fósiles, pueden ser usados para crear otros activos como infraestructura y capital humano, los cuales podrían seguir generando ingresos incluso después del agotamiento de los minerales.
Pero ello requiere de inversiones que sean estratégicas y cuidadosamente estudiadas para maximizar su eficacia y evitar el despilfarro de estos recursos, que como su propio nombre indica, no son renovables y se agotarán irremediablemente.

El PIB ignora la desigualdad
La profesora de Economía en la Universidad de Manchester, Diane Coyle, además de señalar que el PIB “es un indicador imperfecto del bienestar económico”, afirma que “la agregación de los ingresos o gastos en el PIB no tiene en cuenta las cuestiones distributivas”. O sea que la desigualdad es un fenómeno que el PIB es incapaz de capturar.
Desde el punto de vista de la riqueza, el informe del BM afirma que el mundo sigue siendo desigual: “En los países de ingreso alto miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la riqueza per cápita es 52 veces mayor, medida a tipos de cambio de mercado, que la de los países de ingreso bajo”.
El mismo documento reporta que en más de 24 países la riqueza per cápita se redujo o se estancó. “La disminución de la riqueza per cápita implica que pueden agotarse activos que son esenciales para generar futuros ingresos, un hecho que no siempre se ve reflejado en las cifras de crecimiento nacional del PIB”, agrega.