Martes, 20 Febrero 2018

Bolivia: Lo que gana la banca lo pierde la economía real

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Feb 11, 2018

A lo largo de la última década, uno de los sectores de mayor y más sostenido crecimiento en la economía boliviana ha sido el financiero (bancos, entidades financieras, cooperativas de ahorro y crédito, etc.), fenómeno ampliamente celebrado por el gobierno y por la propia Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI), pero calificado como “aterrador” por expertos.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el sector de servicios financieros en los últimos años de la era “neoliberal”, en el periodo 2000-2005, tuvo un crecimiento promedio negativo: -3,8%. Mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) en el mismo periodo creció en promedio un 3%.
Al contrario, durante el periodo “anticapitalista”, entre los años 2006 y 2016, el PIB creció 4,9% en promedio. En cambio, el sector de servicios financieros tuvo un exorbitante crecimiento promedio de 11,3% en el mismo periodo del “proceso de cambio”. O sea que el sector financiero creció más del doble que el PIB.
Pero lo que el gobierno celebra como éxito, expertos en temas financieros califican la noticia como “aterradora”, y de “preocupante” que la ASFI atribuya esta estabilidad y crecimiento del sector financiero a las políticas sectoriales, o sea que ha sido un efecto planeado y deseado por las autoridades nacionales.
Uno de los preocupados es Enrique Velazco Reckling, director de la Fundación INASET (Instituto de Asistencia Social Económica y Tecnológica) y coordinador del Programa de Reflexión Social para la Producción y el Empleo Digno, de dicha institución.

¿Quién dirige a la economía?
Si bien el financiamiento es uno de los factores necesarios (aunque no suficiente ni el único) que acompaña al desarrollo económico productivo, no es la meta ni el producto final; es un medio que tiene un costo.
Velazco explica que “el financiamiento aporta al crecimiento cuando el resultado global del aparato productivo por el uso de esos recursos genera suficiente nuevo ingreso (valor) para devolver el capital más los intereses (el costo de la intermediación), e incrementa el acervo de activos productivos del prestatario (y el stock de capital de la economía)”.
En otras palabras, cuando los flujos financieros (sea crédito a través de préstamos bancarios, recursos a través de la bolsa de valores, etc.) se canalizan adecuadamente hacia la economía, aumentan las transacciones y los ingresos, impacta positivamente en el empleo y genera nuevo valor, que se traduce en el desarrollo de la economía e incluso crece el PIB (ingreso).
Los expertos afirman que en estos casos, no aumenta la deuda porque el crédito es pagado con el nuevo ingreso adicional generado por las actividades productivas.
O sea que el crecimiento sano y sostenido de cualquier economía está determinado por el ahorro correctamente capitalizado en forma de inversión, no por su consumo.
En este sentido, Velazco ve que “hay una relación (casi) directa entre el crédito al sector real y el crecimiento de la economía: por cada unidad de crédito, el aumento de las transacciones genera al menos el equivalente de otra unidad de ingreso más los costos financieros. En estas condiciones, la economía dirige al sector financiero”.
Sin embargo, si el financiamiento no se destina a aumentar la capacidad productiva sino a comprar un servicio o un bien ya producido (o importado) –como pagar vacaciones o adquirir un vehículo para uso personal–, se contrae una deuda que compromete los ingresos futuros (reduce la capacidad de consumo).
“Financiar actividades no productivas promueve la especulación (aumenta el valor de activos financieros, bonos de deuda, inmuebles, etc.) y genera rentas para el banco y los vendedores, pero no crea nuevo valor, ya que ‘comprar barato y vender caro’ no crea nuevo valor en la economía”, agrega el director de INASET.
En estas condiciones –propias de la financiarización y el consumismo– el “bienestar” tiene como base el endeudamiento, por lo que el sector financiero es el que controla a la economía al apropiarse de parte del ingreso futuro hipotecado.

Pierde la economía real y productiva
En la gestión 2005, el incremento el PIB (el ingreso nacional) fue cinco veces mayor al aumento en la cartera de créditos de las entidades financieras (deuda). Desde 2006, el incremento anual de la cartera tuvo un ritmo mayor al del ingreso y, en 2012, el incremento de la deuda iguala al del ingreso.
A partir de 2014, en promedio el incremento anual de la cartera duplica al del ingreso. Ese año, el PIB se creció en 5.400 millones de bolivianos, pero el endeudamiento aumentó en 21.000 millones. Para el año 2017 la ASFI reportaba que la cartera creció en 17.000 millones, mientras se estima que el PIB habrá crecido en 9.000 millones de bolivianos.
Para Velazco, está claro que “el aparente bienestar de los bolivianos es soportado por un endeudamiento que se incrementa al doble del aumento de los ingresos productivos. Que en estas condiciones el sistema de intermediación financiera mantenga sus inéditas utilidades implica, sin eufemismos, que lo que gana la banca, lo pierde la economía real”.
Se teme que este efecto sea agravado por el efecto doble aguinaldo, porque, según INASET, los sectores que más crecen (Administración Pública, Impuestos y Servicios Financieros) “por definición, no generan valor real a la economía: lo extraen de actividades económicas reales”.