La dudas de Evo y la chicana del Vice

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Dic 18, 2016

Este 2016 ha sido el peor año de la gestión de Evo Morales. Empujado por quienes usufructúan el poder a sus espaldas,

el presidente expuso de nuevo todo su capital político para ganar una aventura demasiada arriesgada apenas 18 meses después de haber cosechado su tercera mayoría absoluta y menos de un año después de haber recibido el primer toque de atención serio en la subnacionales de 2015, donde se calcó la estrategia (todos detrás del presidente) en las regiones donde había problemas, como por ejemplo en Tarija. Esta vez su imagen quedó tocada.
El resultado del referéndum fue contundente. Un 51 por ciento dijo No a una nueva posibilidad de candidatear. En La Mano del Moto siempre hemos considerado que el asunto CAMC y Gabriela Zapata contribuyó a acortar la diferencia entre los del Sí y los del No y no al revés como publicita el Gobierno. El escándalo de un posible tráfico de influencias sobrepuesto con un tórrido asunto de faldas muy novelesco y la forma en que fue expuesto y explotado contribuyó a polarizar más y no menos. Al final el que acudió a las ánforas votó Evo Sí o Evo No, como quería el Gobierno, con el corazón y no racionalizando si el referéndum era pronto o tarde o si era una cuestión de respeto Constitucional o si la alternancia es mejor o peor para el país.
Como fuere, los que diseñaron la estrategia perdedora, a pesar de CAMC, han logrado convencer al presidente de lo contrario y de que ahora sí, las condiciones están dadas para abrir la brecha por la que colarse en los puestos electorales de 2019.

El juego del Vicepresidente
Para despedir el año o para ganar todo el protagonismo en el Congreso del MAS el vicepresidente Álvaro García Linera se ha regalado un tour mediático entre sus dominios, que empezó en La Razón el pasado domingo, lo ha llevado por la Red Uno y concluye hoy con Susana Bejarano en ATB.
A una velocidad endiablada gracias a sus buenos voceros ha colocado multitud de ideas fuerza: No será candidato en 2019; él sabía que no era buen momento para el referéndum pero como es disciplinado hizo campaña; hay al menos ocho formas para que Evo sea candidato, pero la mejor es que vaya de Vicepresidente y quien vaya de Presidente renuncie para darle paso.
García Linera, con su despotismo intelectual, lo ha dejado puesto para que alguien patee al arco. Sino, quizá el mismo anote el penal esta misma noche en Esta Casa no es Hotel, pues ¿Quién podría ser ese disciplinado militante, conocido, con interés confeso en no continuar, capaz de sacrificarse por Evo Morales dando un paso al costado una vez electo?
Otra cosa es que los Movimientos Sociales compren la idea y le exijan retractarse para que así pueda hacer de “número uno” convencidos de que dejará la presidencia antes de asumir el cargo. La sombra de García Linera es alargada y quienes mejor lo saben son precisamente quienes más cerca de él han trabajado.

Las dudas de Evo
Para otros esta opción sería una broma de mal gusto, una tomadura de pelo anunciada y transmitida en directo. Una chicana de tamaño insuperable, solo justificada por los más fieles seguidores.
Más allá de si la determinación sería moralmente reprobable o no, sigue la pauta de los últimos meses en lo que a comunicación social y relación con el pueblo se refiere. La inclusión y sobre todo, la sorprendente permanencia de Marianela Paco en el Ministerio de Comunicación después del referéndum está dejando ese sello.
Nunca el presidente Evo Morales tuvo una aprobación tan baja. Nunca se cometieron tantos errores de comunicación. “No sabía” es un recurso que ya no sirve y que sin embargo Paco ha recuperado como método de supervivencia, haciendo flaco favor a un presidente que lleva una década en el poder y que, apenas hace dos años atrás daba muestras de solvencia en todos los ámbitos, desterrando de verdad el cuento del títere.
2017 será otro año de crisis para Bolivia, con el barril de petróleo en tímida recuperación pero con Brasil y Argentina comprando menos.
A la espera de una certificación de reservas que, si Repsol no lo evita tirando de sus métodos, será preocupante. Con las fuentes de financiación copadas. Con menos puestos de trabajo. Con informalidad creciente… y con todo, el Gobierno espera que sea mejor que este 2016 del que nadie sabía.

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