O se lo hacen

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Feb 12, 2017

El alcalde de Cercado Rodrigo Paz Pereira atraviesa, ahora sí, la primera bifurcación controvertida. Cualquier decisión lo colocará a uno u otro lado del camino y desde ahí tendrá que transitar el resto del trayecto hacia el final de la legislatura.

Por ahí tendrá que labrar su futuro político que ahora mismo es incierto, pues nadie puede asegurar a ciencia cierta si su objetivo es repetir como alcalde de Tarija o saltar a la Gobernación o más bien conformar alguna dupla con opciones presidenciales.
La cuestión es que Rodrigo parece haberse cansado de cargar con culpas heredadas y ha anunciado una triple auditoría: A la nueva terminal de buses, cuya acumulación de sonseras y sonseritas faltantes parecen apuntar cuando menos cierta negligencia en el repaso del proyecto; al Mercado Central, que la demora sine die ha requerido de ubicar otros errorcitos y omisiones en el proyecto para justificar las ampliaciones y al “Mirador del Campesino”, ese viaducto que descongestiona nada en el Mercado Campesino y que se utiliza fundamentalmente para empanadear.
La cuestión es también que los proyectos vienen heredados de la anterior gestión, al igual que el secretario de Obras Públicas que los tuvo entre manos. En este caso Gonzalo de los Ríos. Abrir una auditoría administrativa sería la misma figura que la imputación formal en el marco jurídico. Hay reconocimiento de un déficit/omisión/error o cualquier otro sinónimo sin mencionar la palabra delito y toca investigar para saber quién lo cometió.
Las tres obras mencionadas son lo suficientemente grandes para que no puedan ser escondidas, pero existen otras de las que quizá el alcalde no tiene conocimiento. Rodrigo Paz, pese a ser usuario esporádico de bicicleta, quizá desconozca que el Gobierno Municipal se acaba de gastar 90.000 bolivianos en asfaltar una jardinera entre la rotonda del penal de Morros Blancos y la rotonda del aeropuerto (otra ciclovía que conecta la nada con la nada), sin siquiera pintar unas tristes líneas de separación. Repintar la señalización de la calzada principal, salvaguardando mínimamente el arcén para dedicarlo a los ciclistas, y colocar unos protectores que dificulten la invasión por parte de los vehículos le hubiera costado menos del diez por ciento. Quizá no era el caso. Tampoco sabemos si en el DBC se pidió alguno de esos técnicos rarísimos con titulaciones especializadísimas que reducen el número de postulantes.
Sin duda es el momento de Rodrigo Paz. Acabar con las sonseritas también es interesante para la gente.