Martes, 21 Noviembre 2017

Tarija – Gobierno, hacia el choque de trenes

Escrito por  Jesús Cantín/La Mano del Moto Feb 12, 2017

La historia de Bolivia, desde su fundación, cuenta con una serie de procesos cíclicos que se repiten y que, en esa mímesis, cometen una y otra vez los mismos errores históricos.

Uno de los más recurrentes es la apuesta por agitar el movimiento nacional – popular como herramienta para consolidar el proyecto hegemónico de la élite paceña frente a la inclusión de las regiones.
El factor indígena fue decisivo en la resolución de la Guerra Federal, que finalmente solo sirvió para consolidar el régimen liberal de corte centralista. También fue la mutación proletaria que agitó Bautista Saavedra. El MNR todavía reivindica su matriz campesina y minera que revolucionó Bolivia en el 52.
El Movimiento Al Socialismo es heredero directo de esa tradición política con su pertinente actualización al siglo XXI. Las sucursales de la socialdemocracia y la deriva del MNR permitió la rearticulación del movimiento nacionalista, quizá más auténtico por aquello de que el líder Evo Morales era un poco más indígena y cocalero que el cholo Saavedra, y que aplicando la doctrina más laclausina del populismo, permitió incorporar a diferentes grupos de intereses distintos en un solo movimiento, desde los mineros proletarios a los empresarios, desde los campesinos a los letrados izquierdistas, desde el colectivo LGTB hasta la iglesia evangélica.
El reto del MAS era no tropezar con la misma piedra y ser capaz de incorporar de verdad a las regiones en el proyecto nacional popular, sin rencores ni matices. La cosa se puso complicada porque las regiones, o las élites despojadas, se atrincheraron en los departamentos escondiéndose bajo la demanda histórica de autonomía.
Tras la pugna 2006 – 2008 llegó el acuerdo. La nueva Constitución Política del Estado contemplaba un Estado Autonómico, aunque tan atomizado y mezclado que ya se auguraba sería difícil de gestionar. Finalmente no lo fue tanto. El Ministro Luis Arce Catacora introdujo en la Ley Marco de Autonomías una decena de artículos que sencillamente ataban de manos a las Gobernaciones autónomas y le obligaban a contar con el visto bueno de La Paz para cualquier determinación.
Esto unido al diseño autonómico construido por una mezcla de políticos profesionales, herederos adinerados e influyentes tecnócratas, que aseguró sobre todo la capacidad de licitar obras y más obras y no tanto la de gestionar servicios. La salud, la educación y los otros grandes graneros de pegas y votos siguen estando bajo la tuición de La Paz y administrándose en esa lógica de consolidación de proyecto de masa a la interna más que como un eficiente servicio movilizador hacia fuera.
Hay quien señala que el escándalo del Fondo Indígena es el equivalente a la masacre de Mohoza del siglo XIX y al crimen contra la familia Vilela en Achacachi del XX. Como sea, en el Movimiento Al Socialismo (MAS) han ido perdiendo protagonismo indígenas y campesinos, cada vez más estigmatizados y ganando intelectuales, tecnócratas e incluso grandes empresarios que dicen haber abrazado el proceso nacional popular tras los devaneos separatistas y racistas. Una deriva de la que el Movimiento Nacionalista Revolucionario también podría dar cátedra.
Al contrario que el sector popular, el proyecto de integración regional no es prioritario más allá de Santa Cruz, aparentemente conquistada en la combinación de una política de colonización con un cortejo permanente a los grandes terratenientes y Tarija es la principal víctima.

Choque de trenes
Mientras el Gobierno insiste en su proyecto hegemónico, la recóndita Tarija, 5 por ciento de la población aunque 71 por ciento del gas que se produce en el país, atraviesa una crisis de profundas dimensiones.
El Ministro Luis Arce Catacora reconoció en septiembre de 2016 que conducía irremediablemente hacia la recesión si no se invertían recursos inmediatamente. Ya han pasado cinco meses y el Plan de Rescate que la Gobernación presentó para intentar financiar el enorme agujero económico en sus cuentas ha sido descartado.
En esa Bolivia del estigma, la crisis de Tarija se conjuga como una mala suerte producto de una caída de los precios de los hidrocarburos en el mercado internacional que redujeron en más del 50 por ciento los ingresos por la venta del gas. En la menos evangelizada, la crisis es el resultado de una profunda falta de previsión y una tolerancia al dispendio que gobernó el departamento entre 2010 y 2014.
La factura es elevada. El ex gobernador interino Lino Condori, sus correligionarios y sobre todo, los caciques provinciales atrincherados en las subgobernaciones multiplicaron el gasto entre 2010 y 2014, cuando el barril de petróleo trepaba por encima de los cien dólares, hasta límites insospechados. Más que multiplicar el gasto, se multiplicó la licitación. Una vez entregado el anticipo el avance no resultaba relevante y se repetía la operación volviendo a licitar.
La “autonomía” con la que actuó Lino Condori contrasta con el control al que se ha sometido el Presupuesto 2017 de Adrián Oliva, donde el Ministerio de Planificación se ha dado el lujo de borrar una buena cantidad de proyectos apelando a la responsabilidad.
La Gobernación no tira la toalla y ahora apuesta por un crédito relativamente caro de la banca privada para solucionar urgencias por 700 millones de bolivianos. Una cifra todavía muy pequeña para lo que se debe y que puede costar demasiado pero que sobre todo, no parece contar tampoco con el beneplácito del Gobierno. La autonomía es tal que cualquier decisión de endeudamiento debe contar con su visto bueno.

¿Y el Bicentenario?
En este contexto, Tarija ha llegado a la celebración del Bicentenario de la Batalla de La Tablada, aquella desde la que se cuentan los días de libertad del departamento tras la expulsión de los españoles sin una sola obra que entregar y con muchas necesidades de reafirmarse en su propio proyecto.
Mientras el proyecto nacional – popular se iba reinventando con el paso de los años, recayendo periódicamente en sus propios errores, las regiones periféricas quedaban a la deriva, repitiendo los viejos parámetros de dominación. Si la historia la escriben los vencedores, los perdedores también tienen su propio relato.
El Bicentenario será una oportunidad de repasar el desarrollo histórico de Tarija en Bolivia y de Bolivia con Tarija, con todos los componentes políticos que ello implica. Solo la voluntad de unos y otros contribuirá a que sea una oportunidad para construir y no para enfrentar.

Tarija y el nuevo Gobierno

La sensación de que Tarija quedó malparada tras el último cambio de gabinete se va asentando. En parte por la incertidumbre que envuelve a los nuevos hombres clave, en parte por el desconocimiento. En las tres semanas largas ningún nuevo ejecutivo ministerial ha llegado por Tarija para plantear algo concreto.
Tras el duelo con Choquehuanca, el vicepresidente Álvaro García Linera ha impuesto sus criterios y se ha sentado a los mandos para pilotar la deriva oficialista hacia 2019. En ese contexto, los tarijeños, sobre todo conversos, que desde hace años llevaban haciendo méritos para entrar en la corte del vicepresidente se ha visto relegada.
De entre los tarijeños, solo el ministro Luis Alberto Sánchez se mantiene en el gabinete, con las competencias recortadas, pues ha perdido tuición sobre el área de Energía y “solo” controlara Hidrocarburos. Algunos dicen que porque ambas carteras sumaban demasiados millones de dólares en presupuesto.
Lo cierto es que ni siquiera es una cartera cómoda que sirva para apuntalar el proyecto del MAS en Tarija. Sánchez deberá gestionar ni más ni menos que la exploración en la Reserva Natural de Tariquía, que por la forma en la que se ha presentado ya ha generado rechazo en la población. Peor cuando algunos voceros se dedican a criticar a instituciones de Iglesia con la trayectoria de Cáritas o a cuestionar sectores económicos como el vino.
Es solo el primero de los problemas. El peso relativo de Tarija en la canasta productiva de hidrocarburos va en retroceso por la declinación de San Alberto y San Antonio, explotados durante 20 años hasta la extenuación. Los proyectos nuevos en el departamento no avanzan y los contratos de exportación serán abastecidos en reemplazo por pozos en otros departamentos, como el de Incahuasi dicen que en Santa Cruz, por lo que a la larga también caerán los ingresos por regalías.
Salvo alguna sorpresa por parte del nuevo Ministro de la Presidencia, René Martínez, que pueda cambiar el libreto de su antecesor Juan Ramón Quintana para este departamento o que a Carlos Romero, en su extraña y particular cruzada, le convenga poner a Tarija de su lado, todo parece apuntar a que la Gobernación seguirá teniendo que tratar con el Ministro de Economía Luis Arce Catacora y sus acólitos, que hasta el momento no han dado soluciones al departamento.

¿Hay proyecto alternativo?

El 21 de febrero están convocadas sendas marchas en el país. Una pidiendo el respeto al voto ciudadano de esa misma fecha en 2016, en la que la población rechazó en referéndum por un estrecho margen la modificación del texto constitucional para permitir una nueva reelección de Evo Morales y Álvaro García Linera; la otra rechazando esa votación arguyendo que todo estuvo manipulado por el asunto CAMC – Gabriela Zapata, todavía sin juzgar, y exigiendo una reparación, o lo que es lo mismo, una nueva oportunidad de Evo Morales de concurrir a las elecciones.
Para el MAS, concentrado especialmente en su éxito, servirá de banderazo de salida para la campaña que logre el propósito, aun cuando no se sabe todavía si lo que se pretende es repetir el referéndum (que sería cuando menos lo apropiado) o buscar algún resquicio legal por el que colar la propuesta (y que provocaría un rechazo considerable).
La oposición sin embargo ni siquiera se está atreviendo a convocar abiertamente a la marcha. Una vez más el cálculo político y el temor al fracaso se apodera del discurso y deja la iniciativa al Movimiento Al Socialismo.
El MAS, aun cuando el proyecto nacional – popular hace aguas en la puesta en práctica cada vez que se revisa el Sistema de Contrataciones Estatales en su pestaña de licitaciones internacionales; o cada vez que se repasan los plazos a la larga de los proyectos de industrialización, tiene claro cuál es su discurso.
La oposición, ya en 2017, es decir, a mitad de legislatura se mantiene dividida y alejada, con iniciativas descoordinadas y sin impacto. La irrupción de Donald Trump en el panorama político, con sus discurso nacionalista – imperialista, ha descolocado a aquellos que tradicionalmente miran al norte como referencia, cautivados por los discursos de la libertad y progreso que desde la democracia apuntala los intereses geopolíticos. Hasta Mauricio Macri y Michel Temer, que llegaron al poder para acomodar la nueva relación con Estados Unidos (de Hillary) se han visto ahora fuera de lugar, hablando de orientar el Mercosur hacia México.
De momento no hay proyecto alternativo y el MAS ha llevado la discusión al Evo sí o Evo no. El presidente ha reconocido que el problema es la habilitación, no la elección, más si la oposición vuelve a fracturarse, como parece.