Sábado, 23 Septiembre 2017

Tarija en la construcción del Estado Nacional

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Abr 09, 2017

Tarija avanza hacia su Bicentenario en medio del debate sobre cuál ha sido su rol en la construcción del Estado Nacional. La historia tarijeña, desde la propia fecha de liberación, viene cargada de detalles y anécdotas,

y pequeñas leyendas que han aportado a la construcción del carácter y el misticismo de la tierra sureña. Sus contradicciones originales siguen presentes en pleno siglo XXI y, dicen los expertos, explican muchas de las tensiones que subyacen hoy en día.
No es difícil en Tarija escuchar la palabra “olvidada” cuando se define su trascendencia política. La “Tarija olvidada” está en el imaginario departamental y también nacional. A casi todos los que la citan en cualquier lugar del país les surge una sonrisa espontánea a continuación, sin embargo le es difícil ubicar su realidad socioeconómica reciente. Como en casi todas las fronteras, la sensación de estar “dejado de la mano de Dios” es recurrente.
La batalla del 15 de abril de 1817 se toma como origen de la vida independiente de Tarija, aunque después hubo pequeños periodos de re ocupación española y unos cuantos años de discusión sobre a cuál de los nuevos Estados independientes que emergían unirse, a la Provincias del Río de La Plata o al del Alto Perú. En ningún caso se iba a perder la condición de frontera, situación que según los investigadores, fue clave a la hora de determinar el país al que se adhirió.
La historia tarijeña da fe de que los caudillos locales, apoyados por las fuerzas de liberación que combatían en el hoy norte argentino hicieron huir a las tropas españolas del Valle Central de Tarija, enclave geoestratégico fundamental para los avances de los ejércitos del norte y el sur.
En el análisis no faltan los que consideran la liberación de Tarija una operación más dentro de la estrategia militar de Belgrano y Güemes en la liberación de las provincias del río de La Plata. De ahí se deriva un análisis disyuntivo, que considera un “error histórico” la adhesión de Tarija en este caso a Bolivia. Son los mismos que plantean Bolivia como un Estado fallido. En esa tesis suma otra de las leyendas más fundamentadas de aquellos años y que dice que el propio Simón Bolívar se enojó con el Mariscal Francisco José de Sucre cuando aceptó la adhesión de Tarija en 1825 como parte de Bolivia.

La muy fiel y muy leal
La “libre asociación” de Tarija a Bolivia fue pionera en el continente aunque su estatus se consolidó de pleno derecho en el ordenamiento jurídico. La figura de la libre asociación que, según se mire, sufre o goza por ejemplo Puerto Rico respecto a Estados Unidos es analizada por diferentes corrientes secesionistas en el mundo, como los catalanes respecto a España o Quebec respecto a Canadá.
En el caso de Tarija, que se incorporó con coherencia y respeto al ordenamiento jurídico boliviano, ha sido más una figura sobre la que se ha construido el sentimiento de autogestión de los tarijeños, tanto respecto al país como entre sus propios valles. Méndez, Uriondo, Avilés, pelearon juntos contra el invasor extranjero y mantuvieron sus diversidades. La autonomía es pues el concepto esencial que Tarija ha aportado a la construcción del Estado Nacional, sin embargo, muy pocas veces se ha entendido sin recelos.
En 200 años de historia Tarija ha aportado tres presidentes a Bolivia y ha adoptado uno como propio. A la dupla Aniceto Arce y Narciso Campero y al posteriormente, gestor de la revolución del 52, Víctor Paz Estenssoro, se le añade Jaime Paz Zamora, insigne representante de los restauradores de la democracia que posteriormente convirtieron en el último periodo neoliberal que acabó frustrado con el ascenso de Evo Morales y el MAS.
Arce y Campero, con todas las sombras y luces que aportaron a un periodo esencialmente dominado por el clasismo criollo bajo el yugo de los magnates del petróleo y que terminó con la pérdida del litoral boliviano, no tenían entre sus planteamientos otro modelo de Estado que no fuera el centralista.
Tampoco estuvo entre las ideas de los ganadores de la Guerra Federal, que sin embargo tardaron muy poco en olvidar los compromisos adquiridos por las regiones tan pronto trasladaron la sede de Gobierno a La Paz. Los liberales no cumplieron con la integración y la incipiente integración indígena que sirvió para ganar la guerra fue sofocada de plano.
Tampoco Bautista Saavedra tras el golpe de 1920 dedicó demasiado tiempo a la integración nacional, aunque sí logró alinear bajo sus consignas, dando espacio político regional a sus seguidores, a eruditos que abrazaron la causa republicana mientras se reacomodaba la hegemonía de la élite paceña y alineaba a los intereses de estos el desarrollo interno.
Bautista Saavedra acabó de acomodar un germen que ya venía desde Manuel Isidoro Belzú y que tuvo en la Revolución de 1952 su eclosión trascendental. La Revolución Nacional Popular tuvo germen tarijeño, pues se forjó en la fatídica Guerra del Chaco que costó una enorme porción de territorio y la dirigió un tarijeño, Víctor Paz Estensoro, el líder del MNR.
Paz Estensoro sigue siendo el presidente más veces electo en Bolivia (cuatro) y el que más tiempo gobernó. Tarija siempre fue su patria chica donde se refugió cuando hubo ocasión, sin embargo no logró integrar la ambición tarijeña del autogobierno en su programa.
En el último tercio del siglo XX la demanda de autogobierno volvió a presentarse en Tarija como una oportunidad para tomar un tren de desarrollo que de alguna manera se veía perder. Tarija parecía tener que conformarse con ser un lindo vergel de veraneo. Las luchas por la descentralización, la Ley de Participación Popular y posteriormente la creación del IDH uso un nuevo norte: La Autonomía.

Oportunidad perdida
En los albores del siglo XXI dos modelos de país volvían a confluir en la historia política de Bolivia, azuzada sin duda por los teóricos del Estado fallido que, como Chile, conocen bien los potenciales recursos naturales que Bolivia alberga.
El Movimiento Al Socialismo, como nunca antes en la historia, encarnó el movimiento nacional popular con un indígena como protagonista principal, pero también muchos representantes de las clases populares en las primeras líneas. Era el primer MAS. El que levantó las banderas nacionales sobre los hidrocarburos, la industrialización y la dignidad internacional. El poder electoral del Instrumento no tuvo parangón.
El modelo de país propuesto por el MAS despertó susceptibilidades en las regiones y sobre el asunto se han escrito numerosas interpretaciones. Más allá de los intereses particulares que en su momento confluyeron, lo cierto es que el MAS, como ningún otro gobierno, aceptó la incorporación del modelo autonómico en la Constitución Política del Estado lo que supuso un cambio de paradigma sustancial.
Ocho años después, las autonomías no han despegado y más al contrario, los candados incluidos en la Ley Marco de Autonomías, que fundamentalmente anula cualquier tipo de independencia financiera de las regiones y las somete al incontrolable y voluble mercado de los hidrocarburos han acabado por dinamitar la oportunidad abierta.
En el caso del MAS, parece que vuelve a repetirse la historia de sus predecesores y poco a poco se va retirando de sus promesas mientras se reacomodan las élites. El escándalo del Fondo Indígena se parece, con sus salvedades, al del juicio sumarísimo tras la Guerra Federal que descabezó al movimiento indígena o al del crimen del matrimonio en Achacachi durante la gestión de Bautista Saavedra, que moderó el discurso de apertura.
En el caso de Tarija, la muy fiel y muy leal, sigue esperando la oportunidad de ser protagonista de su propia leyenda y de demostrar que el proyecto autonómico, como el nacional popular, también evoluciona, y que sí en su momento eran los de arriba los que más libertad de gestión pedían, ahora son los de abajo los que más la necesitan.

La maldición del gas o la desidia

El primer pozo descubridor de petróleo en Bolivia se pinchó en Bermejo a principios del siglo XX. Los más grandes yacimientos de gas del país se pincharon en San Alberto y San Antonio, en el Chaco tarijeño, a finales de ese mismo siglo. Aún hoy, con algunos de los más relevantes en declinación las autoridades se aferran a la potencialidad de Caipipendi, donde ya se ha pinchado Margarita y Huacaya y donde se desarrollarán Boicobo al norte y Boyuy al sur. Campos sobre los que Gonzalo Sánchez de Lozada y sus amigos proyectaron los grandes negocios con el gigante del norte y que prendieron la mecha que le acabó costando el exilio. Hay más, Huacareta, toda la serranía del Aguaragüe y el área protegida de Tariquía forman parte de la “esperanza” del futuro para que Tarija siga liderando la exportación de hidrocarburos.
 Los ingentes recursos naturales explotados de las entrañas de Tarija han empezado a dejar regalías significativas en el siglo XXI, pero durante muchos años dejaron mucha contaminación como en toda la zona de Sanandita y pueblos desestructurados o en crisis, como Bermejo desde que se secaron los primeros y apareció el X45.
El pasado martes el analista Jorge Molina hablaba de la enfermedad holandesa tarijeña, esa que se vincula a la lluvia de millones sin esfuerzo que aumenta el gasto y disminuye la competitividad. Lo cierto es que durante un siglo Tarija ni se enteró de lo que estaba pasando y cuando si hubo un marco jurídico que permitía el acceso a sus beneficios este fue de tal tamaño que se olvidó que podía volver a desaparecer. La era del gas no ha acabado, aunque si ha colapsado en precios justo un par de años antes del Bicentenario. El impacto en la economía está resultando devastador para el tarijeño medio, que retorna a sus niveles de vida anteriores, precarios, y que ve postergar los sueños trazados en los tiempos de bonanza.
Con más de un siglo de explotación, Tarija sin embargo no ha logrado incorporar una tradición petrolera real. Incluso en el Chaco se vive de espaldas a los campamentos hidrocarburíferos, copados por cruceños y argentinos en sus puestos clave. La Universidad Juan Misael Saracho no ha logrado ofrecer una carrera de excelencia vinculada al área ni a sus derivados. La industrialización, sea la planta de líquidos, sea la petroquímica, es algo que pasa ajeno a la planificación de alcaldías y subgobernaciones, aunque si se han empezado a  generar movimientos que piden regalías de ellas sin preguntarse por la sostenibilidad en el tiempo.

La diversidad sin explotar

Tarija es el departamento más pequeño del país, pero en sus poco más de 37.000 kilómetros cuadrados se pueden encontrar todas las geografías que enriquecen la biodiversidad boliviana.
El altiplano tarijeño, con Yunchará y El Puente como emblemáticos municipios, tiene emblemáticos lugares turísticos, como las lagunas de Tajzara y todo el tramo del camino del Inca con muchas posibilidades de explotación. Las llamas criadas en la zona han ganado incluso concursos nacionales por sus excepcionales características. También la quinua. Pero con el paso de los años la zona alta se va convirtiendo en un erial, la población emigra por los problemas con las cosechas y las inversiones en agua nunca han sido relevantes.
En el valle central de Tarija las condiciones climáticas y orográficas vislumbran la potencialidad de la zona, en los agroindustrial con el vino como principal referente, pero también con una capital consolidada destinada a ser pionera en servicios de calidad para todo el departamento. La dispersión de inversiones no han permitido a Tarija acercarse a su definición, mientras que todavía se discute si debe convertirse en referente industrial, logístico o ser una ciudad universitaria, cultural…
En el chaco tarijeño, el más rico del Gran Chaco Sudamericano que recorre cuatro países en el corazón de América del Sur siendo la segunda región natural más importante, las condiciones son propicias para diferentes rubros, tanto para la agroindustria de determinados productos que admiten el calor sin grandes necesidades de agua, pero sobre todo y dada la especialización, fomentar la industrialización de los hidrocarburos con empresas que aprovechen la producción propia para darle valor agregado.
En Tarija se conoce bien la diferencia de las tres zonas geográficas, que han incidido en otro tipo de diferencias y rivalidades. La falta de cohesión interna en Tarija se ha extendido por décadas y ha perjudicado proyectos de integración fundamentales. La carretera Tarija – Villa Montes es, por ejemplo, la última en priorizarse.
Explorar y explotar la diversidad es sin duda uno de los principales retos del departamento de Tarija que pone rumbo a su tricentenario.

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