La oposición boliviana y el riesgo de copiar la estrategia venezolana

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Abr 23, 2017

Con Tarija inmersa en los fastos del Bicentenario casi pasó desapercibido el acto político más relevante desde la derrota del MAS en el referéndum de febrero de 2016.

Un año largo después de que se cerraran las puertas para buscar una nueva reelección de Evo Morales, esta vez en el año 2019, los principales líderes de la oposición boliviana se reunieron en una mesa e hicieron un acto público juntos.
Es curioso que se haya convertido en el acto político más relevante del año cuando todos ellos intentan quitar hierro al asunto incluso negando lo evidente. En la mesa, pesos pesados: Carlos Mesa, Víctor Hugo Cárdenas, Jorge Quiroga, Rubén Costas, Luis Revilla y Samuel Doria Medina. La aparición, reconocieron luego, fue tan milimétricamente calculada que la fotografía parecía la de un funeral. Nadie había hablado de sonreír.
La excusa oficial del acto: pedir respeto al resultado del referéndum del 21 de febrero y rechazar una supuesta “persecución política” contra los líderes de oposición personificados en Ernesto Suárez, el ex gobernador del Beni y ex candidato a la vicepresidencia que acaba de pasar tres semanas en prisión acusado de un delito de legitimación de ganancias ilícitas.
Nadie se sentía especialmente cómodo. La confianza entre los protagonistas del acto es minúscula pero las encuestas son tozudas, sea quien sea el candidato del Movimiento Al Socialismo seguiría imponiéndose a una oposición dividida al ser el único partido con una verdadera implantación nacional. El analista Fernando Mayorga bromeaba en twitter sobre la propia conveniencia para la oposición de que Evo Morales sea el candidato oficialista, ya que sería el factor más fuerte para garantizar la solidez de un frente opositor.
Como sea, los seis comparecientes negaron después que se hubiera llegado a un acuerdo para crear una plataforma electoral, a pesar de que el pronunciamiento coincide exactamente con la mitad de la legislatura de Evo Morales o lo que es lo mismo, se empieza a entrar en tiempo de descuento hacia las próximas elecciones.
Lo cierto es que la foto se parece mucho a la que formó la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en Venezuela, donde los jefes históricos de la oposición que habían coleccionado clamorosas derrotas frente a la maquinaria popular de Hugo Chávez decidieron sellar un pacto común. En lo que no se parece, al menos de momento, es que los venezolanos decidieron al mismo tiempo dar un paso al costado y ceder el testigo a una nueva generación. Los Capriles, Corinas y Leopoldos López que han dado un nuevo rostro al mismo tiempo que han extremado el discurso.
En Bolivia, sin embargo, salvo Luis Revilla, todos los demás hicieron carrera política antes que Evo Morales y ninguno tiene particular intención de dar un paso al costado por lo que la imagen de renovación queda frustrada.
De los seis firmantes Víctor Hugo Cárdenas es quizá el político más devaluado que, si bien en los últimos años ha querido reivindicar su perfil indígena frente al del presidente Evo Morales, no ha podido borrar el estigma de haber acompañado fielmente al ex presidente más denostado por los bolivianos, como es Gonzalo Sánchez de Lozada. La afinidad ideológico, en los principios más liberales, entre Cárdenas y Sánchez de Lozada era total y nada hace indicar que Cárdenas haya moderado el discurso. No tiene aparato para ser candidato, pero su perfil puede aparecer como de consenso entre todas las fórmulas opositoras precisamente por su insignificancia.

Los pesados
El quizá más amortizado es Jorge Quiroga, presidente accidental en 2002 tras la muerte del ex dictador Hugo Banzer, no ha dejado de ponerse al frente en cada ocasión empeorando cada vez más sus resultados. Algunas de sus decisiones siendo jefe de la fórmula opositora Podemos en los convulsos años 2007 y 2008 y su posterior concurrencia a las elecciones de 2014, atomizando el voto opositor ha despertado suspicacias sobre la funcionalidad de su criterio respecto a los intereses del Movimiento Al Socialismo. Tuto Quiroga sería lo más parecido a la formula Donald Trump en Bolivia, un populista de lengua fácil y con un público objetivo muy determinado. Que esté o no esté en las elecciones de 2019 no depende de él, ni siquiera de sus confirmantes.
Lo de Rubén Costas se enmarca dentro de la necesidad de mostrar músculo. El Gobernador cruceño es el único que puede exhibir triunfos aplastantes en su circunscripción, pero su perfil nacional ya quedó relegado en 2014, cuando prefirió quedarse en la zona de confort de la Gobernación cruceña y mandar al frente a su ex homónimo del Beni Ernesto Suárez. Ni con esas logró evitar que Morales se impusiera por primera vez en Santa Cruz.
Por su parte, lo del alcalde paceño Luis Revilla, que también parte con un aparente halo de victorioso, cada vez más diluido en La Paz ante los constantes conflictos y errores, parece postergar sus intenciones presidencialistas una vez más mimetizándose con unos compañeros de pacto que, en teoría tienen poco que ver con él tanto generacionalmente como por la ubicación ideológica. Revilla abandona la pose de socialdemócrata para difuminarse en un vagón poco identificado, pero liberal.

Los pesadísimos
En cualquier caso, en esto de elegir candidatos de la oposición, dos son los que aparecen recurrentemente en las encuestas realizadas en Bolivia, quizá por la falta de imaginación del encuestado, quizá por la nula creatividad del encuestante: Carlos Mesa y Samuel Doria Medina. Los dos son, junto a Tuto, los que tienen un mayor pasado político de decisiones controvertidas, por las capitalizaciones uno, por los hidrocarburos el otro.
Doria Medina ha dejado de ser el candidato preferido de algunos medios, que han volcado sus simpatías hacia Carlos Mesa. El primero, tras caer derrotado en 2014, hizo casi un compromiso místico de que lo seguiría intentando como si de una misión vital se tratara. Incluso la operación de desprendimiento de acciones de su empresa cementera, Soboce, lo enmarcó en su carrera hacia la presidencia. Paradójicamente, el segundo ha perfeccionado la técnica de ponerse de perfil cuando lo señalan en la justa electoral. Su papel en el equipo de la demanda marítima es el que más protagonismo y posibilidades de redención le han dado después de su polémica presidencia interina después de la huida de Goni.
Es la renovada popularidad de Carlos Mesa la que más inquieta a Samuel Doria Medina, que después de haber invertido muchos millones en su propia proyección pública, la fórmula de someterse a unas primarias o “a una encuesta” como se decidió en 2014 podría no salir como desea.

¿Existen tapados?
El miedo a perder una primaria, sobre todo de los dos últimos citados, hace prever que realmente exista algún tapado y que se quiera emular la estrategia del Movimiento Al Socialismo de polarizar con los alfiles actuales para posteriormente dar paso a una nueva imagen sin desgaste.
No parece evidente que exista ese líder en activo, ni siquiera fugado en Estados Unidos o Paraguay. Tampoco parece probable que los seis citados conformen finalmente una mesa de unidad en la que se desprendan de las portavocías individuales y renuncien a sus aspiraciones políticas. Lo que sí se ha confirmado es que la carrera electoral, a dos años y medio de la cita, ya ha comenzado.

Los otros opositores

Mitad escocidos por el impacto del Fondo Indígena, mitad por la adicción confesa de Presidente y Vicepresidente a incorporar a las filas del Movimiento Al Socialismo a los más jaila y derechón de cada departamento, y que sin jurar al partido pero con la simple promesa de haberse convertido al evismo obtuvieron las más altas nominaciones para cargos públicos, un gran bloque de las bases campesinas se retiró del partido y conformó una tercera vía que ya concurrió a las elecciones departamentales con resultados más que notorios.
El movimiento, que se alineó bajo unas siglas similares en cada departamento, Tarija Para Todos o Chuquisaca Somos Todos, tuvo en Luis Alfaro e Damián Condori sus rostros más visibles.
En Chuquisaca Damián Condori fue impedido de disputar la segunda vuelta, donde hubiera recibido el apoyo de la derecha tradicional. El Tribunal Electoral Departamental decidió restar los votos de la candidatura que no alcanzó el tres por ciento y con ello no se sumó el porcentaje mínimo. Los vocales del TED fueron procesados, pero la segunda vuelta nunca se produjo y Esteban Urquizu revalidó su mandato como Gobernador bajo las siglas del MAS.
En Tarija, Luis Alfaro renegó del MAS después de una década sosteniéndolo y conformó Tarija Para Todos que sacó un digno 11 por ciento en la primera vuelta y fue el socio clave para la segunda. Su nivel de crítica hacia el MAS y hacia las decisiones del Gobierno no se han suavizado y su constancia ha empezado a abrir hueco en el movimiento campesino de Tarija.
No fue en el único departamento donde las bases del MAS se quebraron, pues en La Paz Félix Patzi, con una larga trayectoria indigenista próxima al presidente hasta que cayó en desgracia decidió rehabilitarse del brazo de Sol.Bo. Hoy es Gobernador.
El grupo de Alfaro y Condori han intensificado contactos para conformar la fuerza a nivel nacional, aunque las trabas son muchas. La nueva fuerza apelará al descontento entre las bases, denunciando la pérdida del norte por parte del Movimiento Al Socialismo. La crisis de ingresos de los últimos años ha reducido también la presencia estatal en lo rural, por lo que la sensación toma forma. Si los resultados departamentales se repiten a nivel nacional el MAS podría pasar apuros.

El MAS mueve ficha

En estos meses empiezan a sentirse los efectos buscados con el cambio de gabinete forzado el pasado 22 de enero. Incluso el tema de la reelección del presidente Evo Morales ha pasado a un segundo plano, más la agenda dura de los Juan Ramón Quintana o Hugo Moldiz, que todavía tuvo un último fracaso sonado con la puesta en escena de la “entrevista” a Gabriela Zapata cuyo efecto, una vez más, volvió a ser de boomerang despertando el pedido genuino de los simpatizantes del presidente para que los cercanos le eviten seguir quedando en ridículo.
Neutralizado el efecto hostil y de enojo permanente que imprimían al gabinete el ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana y la ministra de Comunicación Marianela Paco y reprimiendo en lo posible el creciente perfil agresivo del ministro de Economía Luis Arce Catacora, el entorno de Evo Morales parece ahora más amable que hace unos meses, cuando los ministros se pronunciaban siempre a la defensiva por esa incapacidad de asumir un error ya a todas luces cualificado y encontraban fantasmas en todos los rincones.
Los nuevos perfiles en la Cancillería, con un mesurado Fernando Huanacuni y en Presidencia, con un René Martínez más socio que líder, más palabra que fusil, además de un relajamiento general; la reactivación de la polémica con Chile, el tren bioceánico y la operación del presidente han permitido airear la agenda.
También en los niveles departamentales se ha impulsado cierta renovación, aunque sea en forma de jugosas becas en los consulados y embajadas de renombre. De Tarija han salido Marcelo Poma, un mártir del proceso en todo el significado de la palabra que ha acabado por no gustar ni a los amigos ni a los enemigos, María Nélida Acuña, la única Bartolina no cercana a Julia Ramos que tenía armada toda una revuelta en la combativa y marxista subcentral de Cercado y Pablo Canedo, el masista menos masista de todo el país que se va a reciclarse a Washington para liberarse del estigma que le quedó entre sus amigos luego de que se apagaran las luces de la campaña.
Es pronto para que las encuestas reflejen el cambio de discurso y de momento Ipsos sigue registrando cotas bajas de aprobación del presidente en comparación a su histórico.

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