Todos los hombres del Presidente en Tarija

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Jun 18, 2017

La mayoría ni siquiera los ha elegido él, la mayoría llegaron empujaditos a un acto, una cena, alguien se los puso delante con una recomendación de alguien de su entorno, muchos tenían ya línea directa con el vicepresidente Álvaro García Linera antes de entrar en escena y todos juntos conforman un grupo medio exótico con muy pocas cosas en común, salvo su militancia.

El presidente Evo Morales ha sumado una gran cantidad de relaciones en Tarija a lo largo de estas dos décadas, algunas cortas e intensas, otras discretas, las menos, largas y sosegadas. Relaciones que pasaron por diferentes estadios, que se dieron por puro interés y que acabaron como el rosario de la aurora…
El MAS nació a mediados de los 90 pero no sería hasta mucho después en que se convertiría en el inmenso aparato de poder que es hoy en día, mitad agencia de colocación, mitad trama. En 2005, cuando ganó las primeras elecciones, en Tarija apenas contaba con una docena de incondicionales la mayoría reciclados o redimidos desde opciones de izquierda raquíticas y con los que el Presidente ha establecido lazos particulares.
Entre ellos se cuenta a la vieja guardia comunista incrustada en las bases del Magisterio con quienes nunca hubo una relación muy fogosa, pero si inicialmente leal. De final traumático fue la historia con el “profe” Eulalio Sánchez, que se convirtió en un ícono del sector popular tarijeño, pero que años después fue aplastado por un engreído Lino Condori que no toleró su sinceridad cuando cuestionó una posible reelección de este en la Gobernación. Más estable se cuenta la historia del profe Sergio Gallardo, el único dirigente que ha sido capaz de negarse a tomar una postulación designada por el propio Evo Morales y aun así mantener una pega fija en la oposición municipal tarijeña.
Allí estaba también Luis Alfaro, del MBL, candidato a primer prefecto electo por el MAS que saldó con un digno 23 por ciento. Alfaro se forjó una marca con sus ojotas y su sombrero, su Prosol y su férrea oposición a Mario Cossío, pesadilla de Morales. El de Morales y Alfaro parecía el romance perfecto, estable y leal en la distancia, efectivo… hasta que Morales empezó a escuchar a los que le pedían blanquear el partido y se lo llevó a La Paz de Diputado en 2009. Ahí acabó todo. El exilio fue duro para Alfaro, por Margarita, pero también por Condori. Después de que se cerraran las listas para las presidenciales en 2014, en las que no estaba ni él ni su gente, Alfaro se empezó a quebrar. Para las subnacionales tiró una década de relación por la borda para volver a volar en solitario, pero cerca del pago.
También allí estaba el primer ilustre converso, Jorge Blacud. Sea por lo de visionario, por lo de  amigo de Julia Ramos o por lo de empresario constructor, Blacud se la jugó por Evo y “rompió” con la tradición adenista familiar para abrazar el proceso de cambio. Perdió en su batalla por la C46, pero ganó en otros muchos campos. Y caminos, sobre todo caminos. García Linera le abrió los brazos, o las puertas, eso sí, lejos de Tarija. Ese parecía ser el pacto hasta que, una vez más, Lino Condori se hizo con el MAS en Tarija y la tentación quebró el pacto:  la Bermejo San Antonio y un tío supervisor. Con Julia adentro el triángulo, medio rombo, parecía romperse. El perfil del empresario es ahora mucho más bajo aunque siga adjudicándose obras, como los comedores inutilizados en Padcaya, muy al cobijo de los poderosos.
Con poder, a partir de 2006, la pirámide se fue ensanchando. Morales y García Linera no tardaron en alinear a otro entonces opositor de Podemos en el Senado. Roberto Ruíz, tras una juventud de militancia izquierdista, matizada durante su estancia en el Comité Cívico que coincidió con la guerra del gas, llegó al Senado de la mano de Tuto Quiroga. Y no estuvo callado. Hasta que en un momento apareció al otro lado. Pelillos a la mar. Unos cuantos meses después se convirtió en escudero de Lino Condori, el Gobernador interino sacado de la Asamblea para sustituir a Mario Cossío. Después del vigoroso inicio, poco a poco la dupla fue quedando a la deriva. “La Gobernación sin sueños” fue el epitafio dedicado por el propio vicepresidente García Linera en una sesión de honor del 15 de abril y cuando la Gobernación atravesaba su peor momento. El rencor fue sembrado y la confianza nunca volvió a ser la misma.
Antes que Lino y después de Roberto, Carlos Cabrera se convirtió en el hombre azul en Tarija. El sempiterno Rector (aunque tampoco ha sido tanto) de la Universidad Juan Misael Saracho daba el paso de convertirse en el candidato a la Gobernación. Firmó el mejor resultado del MAS hasta el momento con un 43 por ciento frente a Mario Cossío en 2010, en pleno esplendor autonomista. Pero perdió. Fue el momento más dulce del MAS en Tarija, pero perdió. Por alguna razón todavía en penumbras, nadie le tiró pelota en la legislatura siguiente, peor al asaltar la Gobernación por la vía de la Ley Marco. Apenas una pega efímera para su hijo en Setar de donde no salió bien parado. Ni siquiera le dejaron volver a ser Rector. Apenas Decano tras una peregrinación constitucional… pero el final fue todavía más tórrido. Defenestrado como estaba y sin que nadie se lo explique, aún fue aupado a la candidatura como Gobernador en 2015, y cuando empezaba a carburar, el puñal le entró por la espalda y le partió el corazón. Una incorrecta habilitación ante el TED “más masista” de todos los tiempos lo dejó K.O. un martes de challa.
Para entonces el MAS ya estaba en retroceso, fruto de algunas polémicas decisiones tomadas en 2010. Evo eligió a Lino para la Gobernación interina, quizá su peor error en Tarija justificado por todos con el “no había otro”, como si no se hubiera podido elegir mujer. Que había. Pero Lino no hubiera podido ser si antes no hubieran entrado en escena el trío Wilman, Carlos, Lorgio. Cardozo, Brú, Torres. Y Rubén Vaca, que aún tuvo problemas con las rejas en Villa Montes. Mario Cossío dejó una cuenta por pagar al dejar fuera de la plancha a Wilman Cardozo en las elecciones presidenciales de 2009. Wilman se sacó su diputación en solitario, pero la venganza vendría después. Los cinco asambleístas del PAN, el partido regionalista chaqueño (hoy cenizas), resultaron vitales para la suspensión del Gobernador electo que acabó fugando a Paraguay.  Wilman insiste hoy en que fue un rollo de una noche de borrachera, otros se quedaron prendados. Brú, con su pasado, se convirtió en “socialista al extremo” y asegura que es el hombre de Evo en el Chaco, para todo.
Mientras Lino mandaba, dos operaban, Marcelo Poma en la Asamblea, a quien es difícil encontrarle una foto con Evo pero que hoy goza de un cómodo Consulado en Barcelona, en plan retiro cosmopolita; y Darío Gareca, el infalible, el secretario de Coordinación que le dio gobernabilidad a un imposible y doblegó uno  tras otro a todos los alcaldes y subgobernadores que no querían hablar de amor con el MAS. Con todo, nunca fue correspondido en las alturas y hoy vive en plan retiro monacal en Entre Ríos.
Morales también ha establecido relaciones masistas con tarijeños en La Paz. A Pepe Sosa lo nombró ministro de Hidrocarburos cuando toda Tarija estaba incendiada con el asunto Margarita. Le tocó bastante trabajo sucio y hasta le dieron mando en plaza para controlar el partido y al propio Lino Condori. No llegó lejos, el primer retiro se dio en YPFB Andina, la superpega más codiciada por los ex, pero salió por la puerta de atrás virtud de las ínfulas de su otrora discípulo, Luis Alberto Sánchez, que calcó su carrera rumbo al Ministerio y le añadió unas buenas dosis de adulación que de momento ya le han dado dos años más de trabajo. Evo lo pasa bien con Sánchez, aunque en Tarija mandan otros.
Con Lino en Tarija, Brú en el Chaco y Sosa en el Ministerio nada más empezar la Legislatura, Evo empezó a pecar, o a vengarse cual despechado. El asedio al alcalde Óscar Montes durante la segunda legislatura fue permanente. Lo negó a la hora de la verdad, y se fue con otro. Desde entonces dicen que anda pidiendo perdón y prometiendo un retorno sincero y sin dobles caras. Otros muchos también sucumbieron a los encantos de Morales que desarrolló unos gustos exóticos, similares a los del vicepresidente, autocomplaciente, medio masoca en su tendencia de incorporar invitados que han dinamitado las estructuras del partido.
Milcíades Peñaloza fue el primero. Empresario, multimillonario. Un adenista convencido, fan del Banzer de la primera época, se llevaba en premio la primera senaturía de Tarija sin que nadie pudiera explicárselo. Es difícil que Peñaloza atrajera algún voto para el MAS, pero se convirtió en intocable. Una vez posesionado y alcanzados sus objetivos, se fue diluyendo, acercándose a otras opciones, consolidando los lazos Montes – Johnny Torres… Lo que pudo ser y no fue.
Con otros bríos se sumó Pablo Canedo el miércoles de ceniza para suceder a Cabrera en una campaña que acababa en Domingo de Ramos. Perdió, sí, pero no fue crucificado. Como jarrón chino, Evo lo fue acomodando en espacios cercanos para ver su desarrollo. Al final lo mandó de vicecónsul a Washington y de vez en cuando se verán, pero menos.
El último en llegar a la cresta de la ola es el diputado Ignacio Soruco Grandchant, el enésimo converso que consiguió un puesto de salida y que no duda en sacarle el máximo jugo posible, por casualidades del destino le tocó acompañar a Evo Morales en el paseíllo de su último acto de posesión presidencial hoy ejerce de portavoz mimado del Ministerio de Comunicación para los asuntos de Tarija. Nadie sabe si aguantará unos meses más, si seguirá siendo candidato como el mismo apuntaba esta semana o caducará prematura y radicalmente.
De seguro vendrán otros. No es como antes, como al principio. Hombres con interés y pasado son más habituales en el entorno del presidente. Conforme se acerque el 2019 y Evo Morales designe candidato, o lo elija el MAS, quizá el entorno se aligere. O quizá le espere otro final diferente a todos los hombres del presidente.

Y también las mujeres

Mientras que el presidente Evo Morales ha ido dando y quitando su confianza a diferentes varones a lo largo de sus ya 11 años y medio de gestión, las fidelidades femeninas, quizá por escasas, han sido mucho más estables, aunque también traumáticas.
La primera por excelencia ha sido Julia Ramos, histórica dirigente de las Bartolinas y pilar sobre el que ha ido creciendo el Movimiento Al Socialismo en Tarija. Lo mismo ha respondido cuando se le ha requerido en La Paz como Ministra como cuando se le destinó a Tarija a ver de cerca la gestión de Lino Condori. Julia era los ojos, parte de ese círculo de hierro en el que el presidente se solía refugiar para tomar las decisiones de peso… Hasta que cayó en desgracia. La encargada de “supervisar” todos y cada uno de los actos de campaña de Evo Morales en Tarija fue señalada por la malversación en el Fondo Indígena y sin contemplaciones, recluida en el penal de Obrajes. Hoy está olvidada por los suyos de aquí y de allá y casi dos años después, nadie le ha podido acusar de nada.
De la misma jerarquía es Celinda Sosa, también Bartolina mucho más ligada al mundo de las ONG con el que también se acercó al ministro Juan Ramón Quintana. Sosa también fue Ministra y aunque tuvo que desalojar el gabinete por la puerta de atrás envuelta en algunos escándalos, nunca perdió la confianza. Fue la delegada presidencial en los años de plomo de la autonomía y fue la última apuesta para intentar darle algo de entidad al gabinete de Lino Condori, cuando ya naufragaba hacia el desastre.
La tercera mujer con, dicen, línea directa con el presidente es Fátima Pacheco. Desde el primer momento Morales la colocó en el círculo cercano de Lino Condori, donde ocupó diferentes cargos y acabó como Jefa de Protocolo. Su gestión, sobre todo de la Expo, fue opaca. Tampoco le sirvió para consolidar un grupo propio. Con la caída de Lino Condori Pacheco fue reacomodada en el Servicio Nacional de Salud Agroalimentaria (Senasag), desde donde acompaña al Presidente sin grandes aportes intentando hacer crecer su influencia colocando a alguna amiga, como Luciana Pérez Rocha, en el Tribunal Electoral Departamental.
Sara Armella, la flamante presidenta de la Asamblea legislativa y militante histórica  aspira a colarse ahora en el círculo de confianza del presidente para los asuntos de Tarija. Sin duda una tarea que no resulta fácil ni accesible.

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