El Ministro, las reservas, las mentiras

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Jul 16, 2017

Dicen los que le conocen bien que el Ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez, con dos décadas de ejercicio en YPFB, conoce al detalle el sector en Bolivia: los campos y las empresas operadoras, sí, pero sobre todo las familias y las luchas de poder al interior de la estatal petrolera.

Ahí es donde se ha sabido mover como pez en el agua. Después de dos décadas batiéndose en todas las arenas, está a punto de concluir su plan al dotar por Ley de más poder al Directorio de Yacimientos para colocarse como Presidente del mismo. De fiscal de campo a presidente de la empresa más poderosa del país. Jugada notable.
Lo que no está tan claro, dicen los que le siguen los pasos, es que tenga claro lo que quiere hacer con el inmenso poder que ha acumulado en estos años con esa fórmula tan sencilla que ha patentado: mantenerse cerca del presidente y hacerle reír. Para Sánchez, y ni que decir para sus equipos de comunicación, todo son buenas noticias. Incluidas aquellas que constatan un fracaso: el de la industrialización fallida. Celebrar los contratos de venta de Gas Licuado de Petróleo a Paraguay o a la Argentina mientras la planta de polipropileno que debía llevar cinco años funcionando en Yacuiba y que, de momento, tendrá que esperar al menos tres más, viene a dar la razón a aquellos que consideran que el Ministerio de Hidrocarburos y YPFB han perdido el norte en su papel esencial para el país a cambio del dinero fácil y rápido.
Argentina lleva desde 2006 recibiendo en el torrente de gas propano, butano (GLP) y etano. En Campo Durán Refinor lo separaba y lo distribuía en el país. La planta Separadora de Líquidos separa el butano y el propano por un lado, con el que se hace el GLP, y el etano por otro, que como no hay nada que hacer se vuelve a reinyectar al ducto y se envía a la Argentina sin establecer un monto. Durante una década se lo ha llevado gratis, a partir de ahora pagará unos cien millones de dólares al año. Una factura demasiado pobre a cambio del sueño más grande jamás soñado en Bolivia, advierten los críticos.
El norte está confuso, pero el Ministro se ha aferrado a dos armas para defender su gestión: pedir actos de Fe y tildar de antipatriotas a aquellos que “osan” ya no cuestionar, sino ir un poco más allá en las preguntas y en las propias lecturas de las contradictorias notas de prensa.
Uno de los asuntos favoritos últimamente es hacer creer que Paraguay reemplazará a Brasil como destino del gas. El país de 7 millones de habitantes que se alterna con Bolivia a la cola de todos los indicadores está interesado en comprar gas y GLP mientras el gigante brasilero hace geopolítica con Bolivia y apura los plazos para renovar el contrato de exportación que caduca en 2019. Se duda si la capacidad de compra de Paraguay permitiría amortizar el ducto a tender en menos de 30 años, pues para un país exportador neto de electricidad el máximo diario podría rondar los 3 millones de metros cúbicos. Brasil apenas quiere comprar la mitad de los 30,5 que actualmente compra, lo que sería una magnífica noticia en el caso de tener lista la planta petroquímica para 2019.
Otro de los asuntos favoritos es comparar a Repsol con el rey Midas y asegurar que todo lo que toca se convierte en oro, que es posible, aunque no se sabe a quién beneficia. En Repsol se han depositado todas las esperanzas para ordeñar Caipipendi por el sur, por el norte y por todo lado sin extenuar Margarita y a Repsol se le pretende regalar el área de Iñiguazú, ya explorado por PDVSA que dejó toda la documentación para YPFB antes de abandonar el país. Repsol, que fue el gran beneficiario en las bolsas de Nueva York de la infladísima certificación de reservas que justificó el proyecto GNL Pacífic y que, por simplificar, le costó la huida a Gonzalo Sánchez de Lozada, no solo fue perdonado sino que parece calcar la estrategia con Boyuy, Boicobo y otro.
El otro asunto que ha vuelto a entrar al congelador es el de la exploración en la Reserva Natural de Tariquía, la panacea que iba a liberar a Bolivia de todos sus males y que primero iba a explorar Petrobras, luego Gazprom y en definitiva, todo parece apuntar a que sigue en la subasta. ¿Capaz YPFB se anima a hacer su trabajo?
Pero si hay un asunto por encima de todos que mezcla dogma y demagogia es el de la certificación de reservas. El Ministro seguía enrocado en sus explicaciones sobre cuantificación y certificación y sus tasas de reposición de 1:1 desde 2013 al mismo tiempo que el vicepresidente Álvaro García Linera anunciaba a pleno pulmón que se había contratado ya a la empresa que haría la certificación a diciembre de 2016 y que “no había que preocuparse”. Por mucho buscar en el Sicoes o en la página de YPFB, lo único que aparece es la mención en el Plan Anual de Contrataciones. Sánchez, aun teniendo la certificación en marcha ha vuelto a insistir en sus lluvias de cifras, cual premoniciones, para asegurar que hay reservas hasta 2030 utilizando unos cálculos poco ortodoxos. Tampoco le ha puesto fecha al resultado. Tampoco ha dicho qué empresa es la contratada… ¿Serán, otra vez, las cosas del Vicepresidente sobre el sector?

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