Viernes, 24 Noviembre 2017

Evismo, evistas y otras consideraciones políticas

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Sep 03, 2017

Varios analistas en varios medios nacionales e internacionales se han lanzado a intentar explicar por qué no se ha asentado el término “evismo” en el imaginario colectivo ni en las discusiones teóricas sobre el devenir histórico de Bolivia a todo nivel de forma diferente a lo que sí ha pasado con otras grandes personalidades del continente que han confluido precisamente en estas primeras décadas.

La prensa occidental pro europea particularmente bautizó la evolución política de Latinoamérica como “socialismo del Siglo XXI” y utilizó el término populismo en su connotación más peyorativa para explicar sus victorias aplastantes en las contiendas electorales. En este grupo de “socialistas del siglo XXI” se cuentan principalmente al venezolano Hugo Chávez, al matrimonio Kirchner en Argentina, a Evo Morales en Bolivia y a Rafael Correa en Ecuador. Los medios también suman, pero con diferente intensidad, a la dupla Lula da Silva – Dilma Rousseff, fundamentalmente porque reconocer el éxito económico de Brasil en la primera década de siglo restaría el efecto de denigración que desde el principio se ha buscado con la catalogación. Con menor convicción o en función del interés se incluye al uruguayo Pepe Mujica, que a parte de su carisma gobernó una socialdemocracia clásica o al paraguayo Fernando Lugo, que nunca tuvo poder real por el peso del Parlamento que lo acabó destituyendo.
La experiencia de estos gobiernos progresistas en la región se enmarca sin embargo en una larga y rica tradición continental que Andrés Soliz Rada consideraba una de las emergencias y contribuciones de Sudamérica al pensamiento político mundial: la corriente nacional popular genuinamente latinoamericanista y antimperialista, surgida con las guerras libertadoras y amamantada dos siglos más por los recurrentes tópicos de sumisión reproducidos por los diferentes gobiernos a lo largo del tiempo.

El carisma
Chávez inauguró el chavismo por su arrolladora personalidad y su forma de inventarse un país durante el ejercicio del poder. El debate entre los chavistas hoy es si su sucesor, Maduro, quiere profundizar o dinamitar el legado. No existe un “madurismo”.
Correa en Ecuador acabó dos legislaturas intensísimas en las que no negó una sola batalla. El correísmo se empezó a considerar incluso forma de acción política a pesar del personalista estilo del presidente. La sucesión a Lenín Moreno no ha sido fácil y evidentemente, su forma de gobernar no es la misma.
Los Kirchner le pusieron acentos determinados al peronismo clásico, el que sufrió los mismos embates que el emenerrismo en Bolivia a finales de siglo influido por la escuela de Chicago y olvidando su raíz nacionalista y continental. Los Kirchner recuperaron esos valores y le pusieron color de izquierda al calor del populismo del momento.
Lula y Dilma tuvieron continuidad, pero nunca acabaron de ser ellos mismos en una maraña de acuerdos y alianzas con una mirada necesariamente subimperial como gigante de América. Dilma además vio truncado su mandato formalmente por haber maquillado las cuentas públicas convirtiendo en gasto en inversión de determinados programas sociales.
Unos inauguraron una corriente, otros no, y el carisma no parece ser un elemento suficiente para definirlo, pues no hay lulismo o pepemujikismo.

La mutación del Evo
Una de las carencias del Gobierno de Evo Morales es su debilidad de sustento ideológico. Sin precedentes, el Movimiento Al Socialismo se conformó como el Instrumento Político para la Soberanía Popular, o de los Pueblos. Ni en eso hay acuerdo en el partido de gobierno.
El MAS se ha caracterizado por ser un partido de bases amplias, aglutinadora de causas y sectores diferentes con un significante vacío simple y revolucionario a la vez. El “Vivir bien” se convirtió en el aglutinador de voluntades de cambio que unos años se habían aglutinado en torno a uno más complejo aún pero que tuvo el mismo efecto, como explicó en su momento Ernesto Laclau: “Fuera Goni”.
En el Vivir Bien cabe de todo, desde el incremento salarial de la Central Obrera Boliviana hasta la producción libre de impuestos de los cocaleros, pasando por las demandas de infraestructura de los municipios remotos y el agua y forraje para campesinos y ganaderos.
El poder de Evo Morales, dicen quienes lo han seguido de cerca en estos once años, ha sido desde siempre su capacidad para identificarse con la gente de su alrededor, o más bien viceversa. Su historia personal errante, su forma de interaccionar, etc lo convierten en uno más de la familia y su propuesta programática simple: Vivir Bien, ha permitido las mayorías recurrentes que cada cita electoral se ha repetido.
Por su parte, el MAS se ha mantenido como lo que nació, un partido que aglutinaba intereses sectoriales a veces contradictorios pero de amplísimas mayorías. El masismo, por consiguiente, no se ha podido consolidar como una forma de pensamiento o una corriente ideológica por su misma heterogeneidad. En ciertos foros “masista” se utiliza como insulto despectivo y en menos de los que se suponía se utiliza como reclamo: En el MAS hay indígenas, campesinos, bartolinas, obreros o gremiales pero muy pocos se autodenominan masistas.
Ahí había caldo de cultivo para que se gestara un evismo”, sin embargo los primeros que acuñaron el término fueron precisamente el montón de invitados que justificaban su cambio de chaqueta argumentando una adhesión férrea al presidente, y con ello, vaciando aún más de contenido al propio partido y al propio Evo, que todo lo atrae sin importar sus pecados.

El MAS sin contenido
Y es que el MAS de la época de la toma del poder, entre 2003 y 2005, cuando la protesta y toda la teoría de Laclau sobre el populismo funcionó a la perfección para movilizar a las bases se ha visto superado por las circunstancias.
La agenda de octubre y los pesos pesados de la izquierda nacional llenaban de contenido y cierta coherencia política lo que estaba pasando a nivel social. Soliz Rada, Paz Rada, los intelectuales de Comuna, del indigenismo, etc afinaban sus planes para poner en práctica sus estrategias teóricas.
Existía efervescencia revolucionaria a pesar de que muchos líderes de países vecinos le recomendaron a Morales prescindir de él y tomar decisiones con mesura. En 2006 no hubo una revolución y no es comparable, al menos en los tiempos, las medidas del MNR en el 52: Voto Universal, nacionalización de las minas, reforma agraria, etc que las de Evo Morales, que cada se resumen más a una: la cada vez más lejana nacionalización.
Con el paso de los años y luego del duro pulso con la oposición en las regiones en 2008, que se saldaron con la aprobación de la Constitución, el gabinete de Evo Morales se fue vaciando ideológicamente y llenándose sin embargo de fieles representantes de sectores históricamente marginados e incluso profesionales formados al margen de la lucha por el proceso. El vicepresidente Álvaro García Linera se convirtió en el gurú del proceso y fue ganando cada vez más influencia en el área del manejo económico e industrial del país.
Soliz Rada había consumado la nacionalización y se disponía a hacer efectivas las medidas del Decreto recuperando una por una todas las inversiones nacionales en manos de extranjeros. Industrializar era el proyecto de fondo, aquel por el que se luchó en la Guerra del Gas. En septiembre ya había logrado asustar a los “más revolucionarios”, que forzaron su salida y firmaron, con la venia de García Linera, los contratos de servicios que nos volvía a poner a merced de las transnacionales.
Después vino el escándalo Catler y el parón de las separadoras, las renegociaciones con Brasil y Argentina, y el boom de precios entre 2010 y 2014. También las idas y vueltas con la Jindal en el Mutún y las dudas y temores con el proyecto del litio en el Salar. Con todo, parecía que Bolivia iba y que por una vez estaba a punto de hacer frente a su propia historia.
Hasta que Arce Catacora y García Linera se quedaron más o menos solos. Los proyectos de industrialización se paralizaron y el Ministro de Economía nos vendió como novedoso Social Comunitario Productivo la más vieja de las recetas liberales: inyectar dinero para que el capitalismo por sí mismo acomode y redistribuya los recursos entre todos… Vinieron los incrementos, los dobles aguinaldos, etc
El MAS de la última época ya no se encuentra, el campo o las minas o la propia industrialización ya no son prioritarios y apenas se mueven bonos y cheques en municipios rurales por necesidades y coyunturas políticas. El germen de lo nacional popular parece haber pasado a segundo plano. Lo prioritario ahora son las empresas públicas, la hegemonía, hasta el punto que se ataca a las Gobernaciones por gastar y no generar recursos, como si se trataran de empresas.

Ni masismo ni evismo
Así pues, en Bolivia sobrevive una suerte de sentido partidario o ligazón al Gobierno desde la óptica del beneficio propio en el corto plazo, sin matices ideológicos o proyectos de transformación más allá de la propia venganza. El masismo no tiene identidades políticas propias que lo cohesione, pero tampoco se gobierna desde el evismo, porque el Presidente es capaz de cambiar de opinión o defender dos posiciones diferentes en el mismo día e incluso ante el mismo auditorio.
Este vacío es grave y tal vez llegue a pasar factura en el corto plazo, ahora que ya no hay para todos.

El MAS ante su sucesión

2019 está a la vuelta de la esquina. En dos años y un mes Bolivia volverá a las ánforas bien para darle continuidad al proyecto del MAS y la agenda 2025 o bien para cambiar de rumbo de forma radical hacia otros postulados más inciertos como los que plantea(rá) la oposición.
El presidente Evo Morales que en primer término dijo aceptar los resultados del referéndum del 21 de febrero que le impiden buscar una nueva elección tuvo que amagar con “la segundita” a las pocas semanas porque ni el llamado a aplazar el debate sucesorio para 2018 había causado efecto en un partido dispuesto a sacarse los ojos con tal de ganar una fila en la cercanía al trono presidencial.
El Congreso del MAS de diciembre de 2016 se esforzó por imaginar fórmulas para que el presidente Evo Morales pueda superar la derrota y postular de nuevo a un nuevo mandato que, aún con minoría en la Asamblea, se da por seguro lograría.
Pasado el tiempo y reflexionado, apenas se pueden atisbar dos viables:
La primera volver a repetir el referéndum, con el riesgo de que una nueva derrota acabe por ensuciar el legado de un Evo Morales imbatible durante una década y acabe pasando a la historia como el hombre que no sabía perder.
La segunda pasa por una interpretación de los Magistrados del Tribunal Constitucional acerca de los derechos políticos y la limitación de mandatos. Lo cierto es que hay alegatos para una y otra postura, pero el grueso de la población lo entendería como una chicana más para favorecer al Gobierno. Otra cosa es que en Bolivia se sea particularmente estricto contra los chicaneros.
Hay una tercera, que es que Evo Morales haga de Maduro y se encargue una Asamblea Constituyente para preparar el país para 2025. Al momento la posibilidad tiene pocos apoyos, pero la situación irá tornando más desesperada conforme se acerque. Nadie pretende ceder el poder.
En esa estrategia de no ceder el poder, el MAS también cuenta con la inefable ayuda de la oposición, que visto lo visto tres años después sigue siendo incapaz de llegar a consensos mínimos sin generar tensiones internas y desencuentros.
El propio Morales trasladó hasta 2018 el debate por su sucesión, antes de que cambiara de opinión.  2018 está todavía más cerca que la vuelta de la esquina, el MAS todavía no se ha dado cuenta, pero le urge una solución inmediata.