Viernes, 24 Noviembre 2017

La secesión chaqueña, estrategia del MAS

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Sep 03, 2017

Laclau, el teórico más respetuoso y respetado del populismo bien entendido de este siglo XXI explicaba que las pulsiones que llevaron a determinadas fuerzas al poder a base de sumar reivindicaciones no pueden prescindir  de ellas una vez alcanzado el Gobierno, sino que más bien deben profundizar la dinámica. Sostener la revolución. Mantener la reclamación al mismo tiempo que se  trabaja en el nuevo modelo.

El desarrollo  de la autonomía regional chaqueña tiene mucho de aspiración política y menos de revolución, reconocen entre debates algunos de sus principales impulsores que, con el tiempo, se vieron desplazados por nuevos protagonistas que sabían más de política y menos de revolución. Desde que en 2003 la reivindicación de  mayor autogestión para una de las regiones más abandonada y rica del país tomó velocidad de crucero, muchos se han acercado al calor de los pingües ingresos, pero menos realmente se han aplicado en reducir las necesidades y construir los cimientos para que la región  se convierta en el poderoso motor cuyas potencialidades se encuentran a la vista.
Era cuestión de tiempo que el Chaco desempolvara la reivindicación del décimo departamento. Se esperaba que al menos se guardará en el cajón hasta las elecciones de 2020, quizá hasta después de culminar el proceso de transferencia de competencias. Era una especie de carta marcada guardada para exhibir en caso de fracaso, sin embargo las autoridades chaqueñas han explotado la mejor baza cuando apenas habían comenzado las negociaciones para implementar la autonomía regional, como previendo un fracaso por adelantado, una curita antes de abrir la herida.
Activistas chaqueños como Esteban Farfán, de chaqueñidad no cuestionada y de los que si concibe el décimo departamento como logro al final del camino han caricaturizado la escenificación de ruptura propuesta por el Movimiento Al Socialismo, tanto por lo precipitado como por la falta de estrategia.

Un asunto del MAS
El reclamo desde municipios tarijeños, también gobernadas por el MAS como O’Connor, Bermejo y Padcaya, para que se reconsidere la distribución de regalías en las provincias productoras, modificando las disposiciones actuales que reconocen un 45 por  ciento del total para el Chaco, tiene una base legítima, especialmente cuando el tiempo ha hecho olvidar los argumentos que se utilizaron entonces para justificar el traspaso a la provincia de mayor territorio, pobreza y potencial del departamento.  
La revisión de criterios poniendo el peso en lo territorial tendrá  consecuencias posteriores, pues más allá de las inminentes declinaciones y la ausencia de descubrimientos nuevos por parte de YPFB,  que apelan a la sordidez matemática: el 45% de 0 es 0; profundizará la atomización del presupuesto y el territorio y no cejarán los reclamos. En EEUU las regalías son para el dueño del terreno exclusivamente. La deriva en Tarija va en el mismo camino. Las apuestas ya corren para definir cuánto tardará  en pelear Yacuiba con Caraparí o Villa Montes y cuánto aguantará los pueblos indígenas para reclamar su porcentaje alegando propiedad ancestral del territorio.
Si el órdago chaqueño ha sido precipitado o no se verificará en pocas semanas. La modificación o no de la ley de 45% depende en toda medida de la voluntad del hegemónico Movimiento Al Socialismo y su acción en la Asamblea Plurinacional. No parece lógico que después de haber arriesgado con la Autonomía Regional, también  reclamada por otras regiones  contestatarias en el país, y haber culminado el plan de Mario Cossío  con el que pretendía conservar el poder y que, años después, ha mostrado sus falencias, el MAS prevea ahora castigar a la región  en la que espera cimentar su futura victoria electoral en Tarija y que, vista la evolución de los acontecimientos, empieza a parecer que será arrolladora.
La forma en la que los aliados de Mario Cossío han presentado la cuestión  chaqueña, que únicamente sigue una hoja de ruta marcada hace muchos años, parece haber olvidado que, por muy separado que esté el presupuesto, los chaqueños elegirán Gobernador de Tarija y que todos los candidatos deberán sumar votos ahí.
El Chaco es el 35 por ciento de la votación.  El MAS en Tarija capital soporta un 30 por ciento duro y sigue ganando holgadamente en el resto de provincias. El lío por el 45% no parece que vaya a cambiar eso, sostienen los analistas. Quien quiera ser el próximo  Gobernador de Tarija tiene que sumar al menos 40 por  ciento de la votación  en el Chaco. Nadie va a modificar la Ley del 45 por ciento,  pero el MAS chaqueño ha consumado el desafío consciente de que, así, se acercan más al objetivo de ganar Tarija.
En el nuevo populismo, el de Trump y en el que ha evolucionado otros que nacieron más  dignos en el continente, el victimismo funciona en elecciones. El MAS ha movido ficha rápidamente y la culpa de todos los males va a seguir siendo de la Gobernación de  Tarija a pesar de que se lleve más de una década administrando recursos de forma directa. El Gobierno vuelve a salir indemne pese a haber dejado la industrialización  con forma de elefante y haber disfrutado del 89% de los recursos.
La Gobernación se ha quedado en el molde, sin respuesta al desafío dirían unos y asumiendo la normalidad democrática  sin aspavientos, dirían los otros. El 45% es un problema del MÁS, la frustración separatista es de todos. Convendría que aquellos que quieren ser alcaldes o aspiran a ser ejecutivos seccionales de Cercado no aprovechen la coyuntura para avivar un conflicto con grandes dosis de cinismo y demasiadas posibilidades de convertirse en esperpento.