Domingo, 22 Octubre 2017

Sara Armella tampoco

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Oct 01, 2017

Andaba el Movimiento Al Socialismo buscando un nuevo rostro que no lo fuera tanto, pero que sobre todo permitiera proyectar la imagen de que las bases han vuelto a tomar el poder del Instrumento Político.

Era una buena estrategia entre campañas, pues el post-Linismo se está atragantando demasiado en ciertos foros y la pre campaña, lanzada demasiado pronto, amenazaba con borrar del mapa cualquier opción azul de base allanando el camino para el nuevo grupo que parece orquestar el grupo de invitados liderado por Milcíades Peñaloza y cuyos intereses parecen pasar por el retorno de Óscar Montes y sus amigos a la política activa.
Sin duda Sara Armella era un buen cuadro. Campesina de base y de apariencia, con largo recorrido orgánico, sin ninguna duda de su lealtad al proyecto y una de las pocas que logró salir indemne del periodo Condorista y todos sus desmanes.
Su elección como presidenta de la Asamblea Legislativa Departamental, donde el MAS tiene la mayoría absoluta y alcanza los dos tercios con el apoyo de la bancada indígena, los aliados de ISA de Villa Montes y casi la unanimidad con los díscolos de UD-A, era una apuesta por la mesura y la legitimidad. La experiencia William Guerrero, que amortizó su inversión masista con dos años de Presidencia, no ha dado buenos resultados al partido. Más al contrario, cuando al final Guerrero decidió escuchar a los movimientos sociales tomó malas decisiones de gestión reverdeciendo los memes con críticas hacia la institución más vilipendiada de la Autonomía.
Armella llegaba para voltear esa idea del converso presto al dictado del superior y recuperar la de la persona de base que ha medrado en virtud de su sacrificio y esfuerzo y que toma decisiones en conciencia y en función de su propio aprendizaje orgánico, y no en base a lo que le exigen en ese momento.
Y Armella empezó bien. Desde el primer día intentó recuperar la institucionalidad perdida y mejorar la imagen de la Asamblea. Su plan pasaba por mantenerse al margen de los problemas de la coyuntura, tender la mano al Gobernador para trabajar juntos y aplacar a los nuevos poderes fácticos al interior del partido que han desconectado al MAS de sus bases. Pero a la hora de la verdad le faltó empaque para defender sus propias decisiones. A ella o a su temeroso equipo de asesores.
El presidente Evo Morales no ha arropado a Armella como si hizo con otros presidentes de la Asamblea, el propio William Guerrero y anteriormente Fortunato Llanos. El “no me hablen de Tarija”, atribuido al presidente en los días de Expos e incendios, empezó a correr como la pólvora en los círculos políticos. Los aliados utilitaristas saltaron encima de la presidenta y no tardaron en dividir la bancada en grupúsculos con los que la Gobernación negocia por separado.
Durante la tramitación del presupuesto el MAS de Armella ensayó otro rol, el de mediador, un rol poco habitual para su partido, más acostumbrado a la confrontación directa y clásica, sin márgenes de negociación. Este vez el Movimiento Al Socialismo se quedó de piedra, mirando desde la vereda como los otrora aliados del Gobernador desenfundaban los puñales para hurgar en el presupuesto a voz en grito. Armella y los suyos solo tenían una cosa clara, era necesario aprobar cualquier presupuesto pasara lo que pasara, así que contempló atónita el espectáculo para acabar siendo una especie de juez invitada. El rol no ha gustado en todos los sectores del MAS, salvo en aquellos que andan empeñados en construir un nuevo bloque sobre las cenizas del partido cuando este aún no ha empezado a morir.
Armella pudo ser alternativa, pero ahora le falta poder político porque los que dicen ser los suyos se lo han retirado, porque cuando tenía que tomar decisiones valientes, no lo hizo.