Domingo, 22 Octubre 2017

El MAS, en su penúltima batalla

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Oct 01, 2017

Para los que creen que la vía judicial resolverá el hándicap constitucional que impide a Evo Morales presentarse en las elecciones de 2019, el recurso presentado por el Movimiento Al Socialismo hace dos semanas para instar al Tribunal Constitucional a no aplicar la Constitución y aceptado a trámite este viernes es el golpe maestro. Para los que piensan que Morales solo gana tiempo para proteger a su sucesor e impedir que el partido se rompa en mil pedazos, también.

El MAS ha dado el paso presentando el recurso en el Tribunal Constitucional y ha dejado a las dos mitades de la población conteniendo la respiración. El lunes en el que el diputado y jefe de bancada David Ramos junto a otros parlamentarios del oficialismo y dos de Unidad Demócrata, Víctor Gutiérrez y Santos Paredes Mamani, presentaron el recurso, sus argumentaciones parecían impolutas y sonaba muy rimbombante aquello del pacto de San José de Costa Rica, que no es otra cosa que el lugar donde se firmó la Convención Interamericana de los Derechos Humanos y creó entre otras cosas el Comité y la Corte. Con el paso de los días se ha mostrado cada vez más inverosímil aquello de que el Tribunal Constitucional pueda dejar pasar la violación de determinados artículos del texto que debe proteger a toda costa. Pero lo jurídico es lo menos importante en este caso.
Los jueces del Tribunal Constitucional, los pocos que quedan, tienen los días contados en sus cargos. Esta sentencia vendría a ser algo así como la culminación del trabajo prestado, una especie de regalo de despedida. No importa que la diferencia con el “método sandinista” sea que en Nicaragua la limitación de mandatos no aparece en la Constitución y en Bolivia sí, pues en este caso, lo jurídico es lo menos importante.
El recurso activado por el MAS contempla lo que muchos masistas consideran fue la clave del desastre del 21 de febrero, que entonces fue no levantar el veto de la reelección a los Gobernadores y Alcaldes, que de seguro hubieran contribuido a una campaña bien diferente. Solo ese aspecto ha hecho que la respuesta sea mucho menos virulenta y ya muchos hacen cábalas sobre sus posibilidades de reelección, incluido Rubén Costas en Santa Cruz, que públicamente lo ha negado.

La oposición se retrata
Las dudas se han instalado también en la oposición, en aquella mesa de líderes de la que parece se ha caído el alcalde paceño Luis Revilla y que sigue liderada por los Tuto Quiroga, Carlos Mesa y Samuel Doria Medina principalmente. El rechazo formal no oculta los cálculos que ya habían realizado con anterioridad. La presencia de Evo en la dupla estimula la conformación de un frente único de oposición como no lo hubiera hecho la presentación de un “heredero” al que todos creerían haber podido ganar.
El riesgo para los que creen que un frente común sin ideología ni proyecto, salvo su oposición al masismo, lograría hacerse con el poder es que con el desgaste que una habilitación “forzada” provocaría en Evo Morales, los analistas de cada uno de los líderes pueden interpretar que también le pueden ganar.
Los medios, analistas, columnistas más militantemente opositores se han volcado con la opción del ex presidente Carlos Mesa como rostro visible de la alianza opositora. Varias encuestas se empeñan en situarlo como el mejor posicionado para 2019, incluso por encima de Evo Morales, lo que da cuenta del rigor con el que se hacen este tipo de encuestas, eminentemente en medio urbano. El propio Carlos Mesa ha insistido en repetidas ocasiones en que no será candidato y parece ser el único de la entente que sigue asegurando que el “lobby de líderes opositores” no es una plataforma electoral. No sería la primera vez que Mesa se desdice de lo dicho, pero de momento es cauto. Sus críticos aseguran que su tibieza tiene que ver con su labor al frente de la vocería por la Causa Marítima, encomendada con buen criterio por Evo Morales al ex presidente y que, evidentemente, le está sirviendo de cartel para aparecer en las apuestas. De alguna manera Mesa ha ligado su destino a la suerte de la causa, como Evo.
Mucho más atrás aparece un Samuel Doria Medina mucho más discreto que en años anteriores. De hecho en muchos de los círculos opositores que anhelan un frente único rechazan radicalmente la opción Doria Medina alegando que su techo electoral ya ha quedado manifiestamente demostrado por no hablar de las propias carencias del candidato para llegar a un público muy diferente al que el encarna y que supone la masa votante boliviana: joven, humilde, urbano suburbial y en menor medida, campesino.
Por si faltara poco, Doria Medina ha sumado un nuevo escándalo con ribetes judiciales por el caso de la venta de la Sociedad Boliviana de Cemento a un grupo mexicano utilizando una empresa offshore en un paraíso fiscal, lo que se interpreta como una artimaña para evadir impuestos. La forma en la que Soboce llegó a las manos del millonario empresario y ex ministro de Planificación, encargado precisamente de la liquidación de empresas en la época de las “capitalizaciones” (los años 80 y 90 del siglo pasado), siempre ha sido objeto de escándalo; la venta a un grupo extranjero que se quedará con las utilidades mientras busca maneras para ahorrar en costos laborales, sociales, etc parecía un trágico broche de oro. La evasión de impuestos resultaría ya kafkiano.
El tercer líder, al igual que Doria Medina, tiene sus debilidades en lo judicial. Tuto Quiroga es vulnerable a la acción judicial por su propia acción de Gobierno hasta 2002 y eso pesa a la hora de hacer política. Tuto puede ser el más mordaz y lenguaraz opositor, capaz de convertir en argumento cualquier acción de gobierno. Tuto es sin duda el populista más a la derecha capaz todavía de arrastrar seguidores, y como advierten sus críticos, los suficientes para dividir cualquier intento de oposición unificada. Lo hizo en 2014 cuando irrumpió con el Partido Democrático Cristiano arropado paradójicamente por un sector del MNR más nacionalista y menos gonista que, como él, hacía cálculos. El MAS reeditó los dos tercios gracias al 9 por ciento que logró el PDC a nivel nacional y, en particular, al 19 por ciento que obtuvo en Tarija.
Ni Rubén Costas ni Luis Revilla son creíbles a nivel nacional según todas y cada una de las encuestas que se han publicado y no publicado, incluidas las encargadas por ellos mismos. “¿Hay algo más?” se preguntan los creativos estrategas… y la respuesta parece ser no.

Los cálculos del MAS
El MAS es perfectamente consciente de los problemas de la oposición para armarse como bloque y de las vulnerabilidades de cada uno de sus líderes. Lo que no está tan claro es si siguen teniendo clarividencia en el manejo de los tiempos políticos, como cuando lograron superar “el punto de bifurcación” que diría García Linera con la convocatoria de Referéndum Revocatorio y posteriormente el Constitucional o si la han perdido, manteniendo al equipo que propició la severa derrota del 21 de febrero de 2016 negando la modificación del texto para repostular a Morales.
El cálculo entonces salió verdaderamente mal y los que apostaban por aprovechar la inercia de los resultados en La Haya y el rebufo del desastre electoral opositor fallaron estrepitosamente. Ahora parece que el cálculo viene propiciado por la imposibilidad de la oposición en organizarse y el más que posible hartazgo de mantener vigente durante dos años el discurso de que Evo Morales se salta la Constitución. El MAS apela más al conformismo y pragmatismo de la gente, al “ni modo”, para retener el poder que a hacer un ejercicio de renovación en el que pocos creen que podría salir victorioso.
Con Evo Morales candidato y las encuestas mostrando resultados negativos para el MAS, la oposición va a apurar hasta última hora en tomar decisiones, lo que ya de antemano elimina la posibilidad de engendrar un nuevo líder de perfil distinto capaz de sumar lealtades.
Lo cierto es que la oposición no cuenta con suficientes recursos de poder para evitar la decisión del MAS de volver a postular a Evo Morales obviando los resultados del referéndum del 21 de febrero. No tiene poder de movilización social, no tiene fuerza en la Asamblea ni se han organizado instancias subnacionales de coordinación, ni siquiera hay voz en la Federación de Municipios.
La oposición apenas puede apelar a la presión internacional, que de seguro será grande, pero la OEA ya ha mostrado parcialidad. La futura reunión con Mauricio Macri, si finalmente se produce, será una piedra de toque en ese sentido.

De las judiciales a la Constituyente

Con moderada propaganda, la elección de magistrados para los principales órganos de Justicia de Bolivia convocado para el 3 de diciembre avanza. Por segunda vez los jueces del Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo, el Tribunal Agroambiental y el que ordena la casa, el Consejo de la Magistratura, serán elegidos por voto popular. Así lo dice la Constitución.
La primera experiencia, en 2011, no dejó satisfecho a casi nadie. El voto fue escaso y los jueces electos quedaron deslegitimados de alguna manera para ejercer su poder con independencia. La oposición hizo una tibia campaña por el voto blanco y nulo que se vio incluso superada por la propia desinformación y novedad. La oposición se anotó un mini tanto y el MAS, que había defendido a capa y espada el sistema, no tardó en empezar a cuestionarlo.
El Senado borró de un plumazo a tres jueces del Tribunal Constitucional y eso que tomaron varias decisiones a favor del Gobierno, entre otras, la de permitir la reelección de Morales en 2014 pese a lo señalado en las cláusulas transitorias. En los seis años transcurridos, el MAS y el Gobierno han sacudido una y otra vez a la Justicia, culpándola de todos los males. Por laxa o por dura, por incapaz o por diligente. En diferentes momentos el MAS ha hecho propuestas sobre la Justicia que exigen cambios constitucionales, como algunas conclusiones de las Cumbres o la condena a cadena perpetua.
La oposición, consciente de que entre todos jalan menos apoyo que el que emana de la propia dinámica de las redes sociales, se ha conformado con dar un par de pautas y bajar la cabeza. Esta vez se promueve el voto nulo. Solo nulo. Una gran cantidad de votos nulos evidentemente restaría legitimidad a la propuesta de elegir democráticamente a los magistrados, como por cierto se hace también en Estados Unidos.
Un fracaso de la elección judicial llevaría a una reflexión profunda que, seguramente, pasaría por la convocatoria de una Constituyente para modificar ciertos artículos referidos al ámbito judicial, y todos sospechan lo que puede pasar una vez abierta la Constitución.