Martes, 21 Noviembre 2017

La sombra de Arce, Quintana y Choquehuanca es alargada

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Oct 29, 2017

No es el peor dato del Movimiento Al Socialismo en la serie histórica de encuestas de valoración de gestión, pero sí la que llega en el momento más delicado. La encuesta de IPSOS ha removido el piso de un Gobierno apostado sobre un partido que cada vez es más estrecho.

El problema no es la aprobación, que se ha quedado en el 57 por ciento, ni siquiera la desaprobación, que ha subido al 39 por ciento. Tampoco es la compañía de Álvaro García Linera, que aprueba raspado con el 50 por ciento y siente el rechazo fuertemente. El problema ni siquiera es que el 68 por ciento de la población urbana no crea que Evo deba repostular en 2019, un porcentaje significativo que restará legitimidad a lo que decida el Tribunal Constitucional sobre el recurso abstracto que pretende eliminar la limitación de mandatos. El principal problema del MAS ahora mismo es que se ha abierto en canal y cada cual está dispuesto a huir por su cuenta.
En los corrillos de Palacio dicen que ya se empieza a hablar de “la trampa del Banco Unión”. Los que habían interpretado la retirada de Luis Arce Catacora como un movimiento táctico para retornar con la cabeza fría a presentarse como el tecnócrata de los milagros económicos que necesitaba el país para sobrellevar los cinco años de ausencia de Evo en las elecciones de 2019 empiezan a sospechar que alguien más se había dado cuenta.
El agujero en el Banco Unión es de las suficientes proporciones como para investigarlo a fondo y no quitarle hierro. Casi 7 millones de dólares desfalcados en ocho meses a la vista de todo el mundo y sin que nadie, ni el banco del Estado ni la supervisora bancaria, tan exigente en momentos, los haya visto pasar. Los amantes de la teoría de la conspiración y los que no creen en las casualidades no han tardado en apuntar hacia arriba, donde han encontrado a la esposa del ex ministro.
Arce lucha contra la enfermedad, pero no ha perdido la ocasión de comparecer ante los medios de comunicación para seguir comentando la actualidad económica o de cualquier tipo. Muchos de los propios han visto en su actitud la de un futuro presidenciable que no quiere perder terreno mediático. Sea o no sea planificado desde dentro, el golpe en el Banco Unión se empieza a arrimar a los predios del ex ministro, restándole así credibilidad a su figura.
Justo en la semana que peor se ha puesto el escándalo ha aparecido en diversos medios el ex canciller David Choquehuanca, a cuenta de nada, solo para comentar la actualidad, que incluye por supuesto el asunto del Banco Unión. El Canciller y su entorno fueron los más damnificados con el escándalo del “Fondo Indígena”, millones de bolivianos desaparecidos en proyectos de movimientos sociales e indígenas que le quitó al sector la fuerza para hacer frente a los tecnócratas conversos, cada vez más numerosos en el gabinete. Choquehuanca habló abiertamente de una “mano blanca” dentro del Fondo Indígena y todo el mundo era consciente que el diseño de la gestión económica pasó por manos de Arce Catacora.
Si le ha devuelto el golpe con retraso o solo lo está capitalizando se dilucidará en los próximos meses. Choquehuanca fue uno de los grandes sacrificados en la confección del gabinete en este 2017 con la que Evo pretendía dar signos de revitalización y rejuvenecimiento pero que de momento le está dando algunos dolores de cabeza insospechados.
El otro gran sacrificado fue el superministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana, hoy embajador en Cuba y quien algunos ahora aseguran echar de menos. Quintana hizo por años de supergerente de Gobierno mientras Evo y Álvaro García Linera recorrían el país y el mundo. Ahí cimentó su poder. “Resolviendo” docenas de problemas del día a día. Su sucesor René Martínez parece haberse encontrado con algunas trabas al ocupar el puesto, o no alcanza para ello. No hay día sin escándalo, sea un desfalco en el Ministerio de Defensa, sea una estafa en la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa), sea un ex asesor con vínculos con el narcotráfico o el hijo de alguna candidata. Martínez, de un tono mucho más empático de lo que era Quintana, sin embargo, no ha logrado controlar los tiempos y las fugas de información.
Quintana ya salió una vez del ejecutivo para volver con más fuerza al año siguiente. Nada hace indicar que esta vez sea diferente. Tampoco que vaya a ser igual. Quintana ha colocado operadores en la mayoría de los Ministerios y Organizaciones clave a lo largo de los años, pero su separación física del país le dificulta el manejo.

El uno o el dos
La batalla por la sucesión se abrió en el Movimiento Al Socialismo incluso antes de la convocatoria del referéndum del 21 de febrero de 2016, pero se recrudeció una vez se conoció la derrota. Las crónicas ocultas hablan de un encontronazo fuerte entre Quintana y Carlos Romero, el ministro de Gobierno, en uno de los gabinetes ampliados convocados de urgencia, como el actual.
Morales y su núcleo de leales, entre los que se encuentran algunos de los ideólogos de la fatídica campaña del referéndum, idearon entonces el plan para deslegitimar los resultados y apelar a la segunda parte. Para algunos solo era una forma de mantener el partido cohesionado y a la oposición concentrada en esos temas, pero conforme ha ido avanzando la idea sin demasiada oposición, la continuidad se ha planteado en serio.
Cuando parecía que se había entonces controlado la rebelión interna, el Vicepresidente volvió a abrir la caja de pandora a finales de 2016, no solo para desvincularse de la decisión de ir al referéndum, asegurando que él recomendó no hacerlo, sino para asegurar que no volverá a presentarse en 2025 pase lo que pase con Evo Morales.
El anuncio le permitió a García Linera pasar a una discreta segunda línea mientras todos los demás multiplicaban sus opciones para acercarse a sus ambiciones. Ya no se trataba solo de la cabeza sino que empezaba la partida por el número dos. Los esfuerzos de Evo Morales por pacificar el partido y contemporizar la lucha por la sucesión fue dinamitada por García Linera, el miembro del Gobierno que más vínculos ha estrechado con las oligarquías de los departamentos periféricos, donde se recluyeron algunos de los protagonistas del viejo orden.
Con todo, el presidente Evo Morales lo volvió a declarar como imprescindible. Dos veces en menos de dos meses. Para la mayoría es una señal hacia el MAS, al que le exige que lo vuelva a poner en la dupla para 2019, en el hipotético caso de que ambos finalmente se habiliten. Para otros es más bien una manera de fijar línea, de advertirle que no puede aspirar a más.
La incertidumbre con la que se mueve el gabinete no ayuda a hacer una buena gestión. Los proyectos más grandes han quedado aparcados de nuevo. Las implementaciones de carácter también. La economía juega en contra y pocos se atreven a vaticinar una salida en el corto plazo.
El presidente ha rediseñado su estrategia, sigue haciendo de alcalde del país, pero esta vez no le acompañan fastuosos proyectos, porque no alcanza. Si el manejo de los equilibrios y los plazos lo está haciendo como en Tarija es complicado aventurarle una sostenibilidad, pues de momento son pocas las promesas que se están cumpliendo.
La renovación en el gabinete de ministros fue saludable, al menos se lavó la cara por meses con nuevos rostros que parecían estar más ilusionados por la gestión que por la persecución. Durante unos meses se han intentado hacer algunos cambios de fondo no siempre respaldados… Y las dudas siempre llegan para un presidente inseguro con tantos asesores y leales charlándole al oído. “¿Me equivoqué?” parece preguntarse el presidente. Las sombras son alargadas, pero el delirio del “cualquier tiempo pasado fue mejor” es sólo eso, delirio.

La oposición en su madriguera

La oposición política a nivel nacional no acaba de encontrar su tiempo. El Gobierno y el Movimiento Al Socialismo atraviesan uno de sus peores momentos recientes desde la derrota en el 21 de febrero pero sus líderes aún no han sido capaces de construir una alternativa.
El resultado del 21 de febrero ha dejado interpretaciones de lo más variadas entre los analistas políticos y asesores de los nombrados líderes. La mayoría tuvo el impulso de adjudicarse el triunfo, pero finalmente se contuvo para diluirlo en una acción ciudadana coordinada y orquestada desde redes sociales y algunos otros altavoces mediáticos. Un triunfo colectivo que, en su fuero interno, consideran propio.
Los líderes de la oposición confían en que el Gobierno se derrumbe solito y que el malestar ciudadano siga creciendo. Que el Gobierno se derrumbe entre las puñaladas de ministros y líderes por ocupar los puestos de salida en el post – evismo; o en el continuismo, y que el malestar se dispare entre escándalos de hijos narcos de candidatos u desfalcos a todo tren en el banco del Estado o cualquiera de las empresas subsidiarias. El listado ya es magnífico.
Mientras el ambiente se sigue poniendo pesado, los plazos corren para las elecciones judiciales, unas elecciones que son claves no tanto para la supervivencia del régimen pero sí para la credibilidad política. La oposición ha jugado sus fichas a que fracasen; a que una mayoría de votos nulos y blancos hagan recapacitar y en esa lógica binaria, votar por alguien es votar por Evo mientras que votar nulo es rechazar a Evo, una lógica que juega a su favor para cargarse de legitimidad pero que no mide la realidad del uno contra uno. La oposición además no va a hacer campaña visible sino que va a dejar de nuevo la acción en manos de las redes, de la iniciativa ciudadana. Una estrategia que solo tendrá éxito si es de verdad espontánea, aunque se faciliten los mimbres, como para el 21 de febrero, y que fracasará en el caso de que se vea digitada, como sucedió con las convocatorias del 10 de octubre por el día de la Democracia.
Con todo, las si las elecciones fracasan el MAS podría sacarse del bolsillo una Asamblea Constituyente para reformar la Justicia y con ello, eliminar los artículos incómodos que le impiden la repostulación.
El MAS lo sabe, la oposición también lo sabe. De momento la estrategia pasa por el desgaste para hacer perder al MAS, pero no se conocen intentos de hacer alternativa. La unidad no fue posible en el pasado. ¿Por qué debería serlo ahora? Quizá la estrategia vuelve a ser la funcionalidad. Y no pasa nada.

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