Martes, 21 Noviembre 2017

Los amigos de Romero

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Nov 12, 2017

Todo el Movimiento Al Socialismo (MAS) parce concentrado en una sola línea: adelantar la campaña por el presidente Evo Morales como candidato para 2019 incluso antes de que el Tribunal Constitucional conceda su habilitación. Todos menos: el ministro de Gobierno Carlos Romero.

Romero quería ser presidente, aunque fuera alterno, accidental o solo por unos días. Por eso dejó el gabinete y decidió hacerse candidato a Senador por Santa Cruz en 2014. Cuando después de una atolondrada sesión de posesión se vio fuera de la Presidencia decidió mover fichas. En apenas seis meses había vuelto al Ministerio de Gobierno de donde salió dejando por el camino el cadáver político de Hugo Moldiz, un peso pesado que no pudo siquiera tratar de ordenar el cuerpo policial.
Romero ha pasado de ser el Ministro amable y dialogante a ser el hueso del gabinete. Hubo un tiempo en el que Romero era llamado para liderar las negociaciones, sobre todo las que tenían posibilidades de conciliación. Fue el Ministro de las Autonomías en los periodos más duros. Año después todavía se le convocó en Tarija para tratar de mediar en el asunto de Margarita.
Romero era el ministro de las ONG en una trayectoria similar a la de Juan Ramón Quintana, el ministro de la Presidencia, su némesis. El ministro usaba un tono bastante cómodo y su dominio de los temas, además de su inteligencia natural, lo hacía ser considerado como el conferenciante o tertuliano ideal. Además solía tomar la pluma y escribir con soltura sobre los temas de su incumbencia, algo muy de agradecer.
Romero, si bien ha sido más discontinuo en el gabinete al principio, estaba considerado entre los “cinco grandes”: Juan Ramón Quintana, David Choquehuanca, Luis Arce Catacora y Héctor Arce Zaconeta que junto al vicepresidente Álvaro García Linera han conformado la espina dorsal de este Gobierno durante más de una década. Con el paso de los años, Romero fue cayendo hacia la órbita de David Choquehuanca para reforzar su área de influencia más en oposición al resto que por una verdadera confluencia de ideas con el ex canciller.
No duró mucho, Romero se constituyó en fuerza propia ya a finales de la paada legislatura y sobre todo a partir de 2015, cuando retornó con fuerzas renovadas y sobre todo, una especie de ánimo de venganza luego de haber sido defenestrado en el Senado, cuya presidencia se entregó a Alberto Gonzáles por decisión de Evo Morales.
Su comportamiento ha ido tomando cariz kamikaze, y no solo por los encontronazos protagonizados en la cadena CNN, donde la razón le asistía, sino en otras operaciones de alto riesgo como cuando decidió arrestar por su cuenta a Gabriela Zapata después de la derrota en el referéndum para que después se armara el proceso penal en su contra.
Romero tiene una sola estrategia: defender siempre y en todo momento, lugar y circunstancia la actuación de la Policía. Así Romero enfrentó la crisis de los cooperativistas mineros que le costó la vida a su subalterno Rodolfo Illanes o la del asalto a la joyería que acabó con un reguero de muertos civiles por una actuación policial contradictoria.
También lo está haciendo en el caso del Banco Unión, que estando en la órbita escandalosa del Ministerio de Economía se ha ido moviendo hacia la de Romero por intermedio del Fiscal General, Ramiro Guerrero, que lo ha puesto en agenda.
Romero y Guerrero han chocado en infinidad de veces, un choque que tiene muy entretenidos a las barras de uno y otro lado, por la crudeza de las declaraciones, sobre todo a los policías que han visto en Romero un verdadero defensor. El choque va más allá del mero entretenimiento y realmente ha puesto al descubierto la lucha por el control de la información e inteligencia en el Estado, una carrera fratricida que se juega en todos los escenarios y en la que, de momento, Romero lleva la delantera.
Romero no tiene ya muchos amigos, pero si leales como el Comandante de la Policía Abel de la Barra, con quien se complementa en esta batalla. A Romero también le ha dado por frivolizar con el mundo del fútbol, un capítulo de financiación siempre opaca, y últimamente se ha vuelto a ver en el centro del escándalo por su participación en el matrimonio de un acusado de narcotráfico que, por cierto, utilizaba otro club de fútbol, el Real América de Santa Cruz, para sus ilícitos según la investigación.
Por alguna razón Romero se ha convertido en intocable, y tampoco es difícil imaginar por donde ha obtenido ese poder. Romero quería ser candidato y el puesto de la Vicepresidencia para 2019 está aparentemente vacío, según ha ratificado su ocupante actual Álvaro García Linera. ¿Acabará Romero en ese asiento?

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