Sábado, 18 Noviembre 2017

Desde donde saltar a la política

Escrito por  Miguel V de Torres/La Mano del Moto Nov 12, 2017

Los nuevos tiempos de la política se escriben en forma de tuit, la lucha por la hegemonía se libra en las redes sociales y el poder tiene forma de dedito pulgar hacia arriba, ese mismo que en tiempos de Roma liberaba a los gladiadores y ahora, igualmente, entretiene a las masas.

Todo había cambiado antes de la irrupción de Donald Trump, pero desde entonces hemos ido incluso a peor. Las teorías del significante vacío de Laclau siguen teniendo legión de seguidores, buscadores incansables de la movilización revolucionaria, de la fanatización del cambio sin explicar demasiado hacia dónde.
La cuestión es que antes era relativamente sencillo verlos venir. O estaban en el Comité Cívico o estaban en la Federación de Campesinos. Por ahí revoloteaban. A los pretendientes se les veía venir de lejos, se metían de rondón en las directivas cuando había vacantes o se afanaban en denuncias bien propagandeadas, buscaban prensa grande y también chiquita, y no tenían demasiado pudor en figurar en exceso.
Se distinguían en dos grupos, los que querían ser candidatos y los que querían ser asesores. El candidato figuraba siempre mejor vestido y peinado, con frases más concisas, mientras que el asesor se enredaba en explicaciones más técnicas.
Antes el espacio era más reducido, o eras senador o diputado, para lo cual había que dejar el pago, o eras concejal. Si alguno era especialmente diestro podía ser candidato a alcalde. Lo de sonar como Prefecto era reservado solo para algunos en círculos más elevados y la mayoría apenas apostaba por una pega de segunda línea en algún gabinete o dirección.
A partir de 2006 las opciones se multiplicaron, y ni que decir a partir de la nueva Constitución Política del Estado y el Estatuto Autonómico. Asambleísta es el cargo más deseado, pero hay subgobernadores, alcaldes, concejales, etc, etc, cada uno con un ejército de asesores, asistentes y choferes, además de los ya conocidos cargos con residencia en La Paz.

Largas trayectorias
Del Comité Cívico salió Mario Cossío, salió Óscar Montes, salió Roberto Ruíz y salió Waldemar Peralta, por citar solo algunos de los políticos que alcanzaron la primera línea. Montes y Cossío se hicieron espacio en Tarija en las horas del declive, cuando al cardenal mirista Leopoldo López se le escapaba el poder. Su instinto político hacía augurar sus trayectorias, que después acompañaron. Son los últimos “killers” electoralmente hablando que pasaron por allí.
Más compleja es la trayectoria de Roberto Ruíz, que tras una gestión cívica controvertida, coincidiendo con los años de la guerra del gas, dejó la plataforma en 2004 y en 2005 fue candidato dentro de la fórmula de Tuto Quiroga Podemos. En 2010 entró a la Gobernación de la mano de Lino Condori y el MAS.
Más evidente resultó el salto de Waldemar Peralta a la actual Gobernación. Forjado en las luchas cívicas de 2008 e íntimo del Gobernador Adrián Oliva, el salto fue casi automático una vez que culminó su gestión cívica en 2015, algo que no extrañó a casi nadie.
Entre los cívicos se pueden contabilizar otros nombres que lograron trayectorias menores en la política aunque tal vez jugosas recompensas en otros aspectos de la vida personal y también hay nombres que hicieron carrera para el Movimiento Al Socialismo y no solo para la órbita autonomista. Es el caso de José Quecaña, el ejecutivo Regional del Chaco, que se forjó en la dirigencia cívica de aquella región o Jorge Blacud pasó de las filas cívicas al MAS, siendo considerado el primer gran “aristócrata” en “darse la vuelta”.
La cantera natural del Movimiento Al Socialismo siempre ha sido la Federación Sindical Única de Comunidades Campesinas de Tarija. Luis Alfaro, antes de abandonar las filas del masismo en 2014, pasó diez años en la dirigencia campesina desde donde pilotó el abrazo al Instrumento Político de esta organización. Fue candidato a Prefecto en 2006 y electo primer plurinacional en 2009.
Ninguno de los siguientes secretarios generales de la Fsucct ha tenido su trayectoria ni relevancia, esencialmente porque les ha tocado gestionar gobierno, con todos sus riesgos. Elvio Díaz, el dirigente campesino de la primera gestión de Lino Condori es hoy el diputado Supranacional de Tarija, cuya función es gran desconocida; su sucesor, Pánfilo Guzmán, también intentó ser diputado, pero no le dio.
Lo que sí ha logrado la Federación, y sobre todo las subcentrales campesinas, ha sido colocar asambleístas: la actual presidenta Sara Armella proviene del sector, también sus antecesoras Aluida Vilte, Guadalupe Jurado y otros. Menos suerte han tenido en los cargos ejecutivos, donde apenas Juan Carlos Gutiérrez fue alcalde de San Lorenzo dejando grandes escándalos a su paso, salvo en la zona alta, como en El Puente, donde se respeta orgánicamente la decisión sindical. El resto ha sido copado por invitados de todo pelaje.

El declive
Una y otra plataforma se han devaluado por causas si no iguales, muy parecidas. El Comité Cívico ha perdido profundidad y capacidad de convocatoria no tanto por la “politización” d sus líderes, que siempre ha existido, o la alineación a los postulados de uno u otro grupo de poder, que también, sino por la propia debilidad de las organizaciones que lo componen y que apenas son capaces de movilizar a sus afiliados. La crisis de la participación social no es solo un fenómeno local, sino mundial, incluso para asuntos que nos afectan cotidianamente, como la gestión de las Cooperativas de teléfonos y agua.
Por su parte, el movimiento campesino ha enredado su discurso solidario comunalmente pero liberal en la concepción del mercado con los postulados del Movimiento Al Socialismo que al final han acabado traicionándose a sí mismos. La ambición de los más jóvenes no ha servido para que impongan criterios y más al contrario, han quedado fuera de foco.
Al Comité Cívico siguen ingresando personas con intereses políticos, como no podía ser de otra manera, pero que tal vez reflejan una visión vertical poco convincente. A la Federación, cada vez más, se acercan campesinos de segunda y tercera generación, que ya no se desempeñan en el campo, y que están alejados de las verdaderas necesidades sindicales, y que lo que buscan medrar políticamente en la estructura del MAS.
El riesgo para ambas entidades es el mismo, pasarse de funcionales para convertirse en irrelevantes, algo así como lo que le ha sucedido a la Federación Universitaria Local de la Juan Misael Saracho que nada tiene que ver con lo que fue en generaciones anteriores y que también ha sido una enorme cantera de políticos. Wilman Cardozo, Julia Ramos, Adrián oliva, José María Paz o Alfonso Lema vienen de aquellas lides.

Los nuevos foros
El escenario actual es diferente. El poder está en las redes. Donald Trump ha demostrado que con una buena campaña de comunicación, manejando a su antojo tanto las redes privados como entendiendo al detalle las lógicas y reacciones de las grandes cadenas de medios de comunicación masivos se puede llegar ni más ni menos que a ser presidente de los Estados Unidos. Y siendo muy rico, claro.
En Tarija organizaciones como Los Amigos de la Ciudad, la Masa Crítica, el colectivo Ni Una Menos y algunos otros han conseguido cierta relevancia a través de las redes sociales; los tres son colectivos que han tratado de llevar el discurso a la acción en asuntos específicos. Los tres son colectivos a sumar en el significante movilizador que dirían los laclausinos. Lo cierto es que la participación en los actos reales es infinísimas veces menor a los seguidores en la red.
Con todo no faltan los analistas que ven en las motivaciones de estos grupos intereses políticos particulares, de personas concretas, que han sido capaces de aprovechar el número de likes en beneficio propio. El descreimiento político general ha llevado a que se generen suspicacias políticas ante cualquier resurgimiento de plataformas, como en el caso de la Federación de Profesionales que ha recuperado el activismo de la mano de los Bacotich; o ante iniciativas como la campaña de reforestación de Sama liderada por un viejo conocido de la política y los medios, como Virginio Lema, que ha contado con todo el apoyo logístico de la paraestatal ATB y el silencio cómplice del Sernap, que ha cedido todo el protagonismo.
Si los Bacotich, los Lema o cualquier otro acabarán siendo candidatos por uno u otro partido, o asesores, o secretarios, o lo que sea, lo dirá el tiempo. Por el momento lo que está claro es que las plataformas de lanzamiento han mutado definitivamente.

La estructura, el talón de Aquiles de Oliva

El Gobernador Adrián Oliva reflotó su gabinete a mitad de gestión de 2016 con la intención de dotarlo de mayor capacidad técnica, pero también política. Pasados más de doce meses el talón de Aquiles sigue siendo la sensación de escasez. La gestión descansa sobre muy pocos rostros visibles y tampoco cuenta con un equipo de apoyo ampliado desde organizaciones sociales afines que se visibilicen sin complejos.
De los que entraron, algunos ya salieron, como el ex secretario de Hidrocarburos Boris Úzqueda, prolífico escritor que no llegó a congeniar con la dinámica ni las necesidades puras de la gestión. Su reemplazante Freddy Castrillo, mejor amigo de Wilman Cardozo, quedó políticamente inhabilitado a las pocas semanas por su negociete de los vales de Servicios Eléctricos de Tarija cundo era asambleísta. Inexplicablemente desde el punto de vista político, sigue en su puesto.
En el gabinete hay personas procedentes de partidos históricos como el FRI o el MNR, pero su capacidad de movilización es escasa. De hecho apenas tienen proyección pública.
El peso de la gestión ha quedado reducido al propio Gobernador Adrián Oliva, asistido por el secretario de Coordinación Waldemar Peralta, que asume el rol de malo malísimo y por el secretario de Gestión Institucional Rubén Ardaya, que asume el rol de la solvencia técnica. Desde la segunda línea se suman de vez en cuando el asesor general José Luis Gandarillas y el director de Comunicación Carlos Saavedra, todos con un perfil duro. La reconciliación con Luis Alfaro, si es que existió una ruptura, es lenta a pesar de la versatilidad política que le permitía esa vertiente, con legitimidad para poner encima de la mesa algunos temas llegados desde el Gobierno Central y con arrestos para enfrentar a sus críticos.
Oliva ha superado el primer embate político fuerte al que le sometieron los actores locales, que ya calculan sobre las posiciones de salida del 2020. La popularidad ha caído luego de los enfrentamientos directos con el subgobernador de Cercado Johnny Torres y los asambleístas de su bancada, ahora quebrada. Particularmente con Mauricio Lea Plaza y María Lourdes Vaca, a priori más cercanos al ex Gobernador Mario Cossío. En momentos también se ha sumado a la crítica el sector más cercano a Óscar Montes, quien ya trabaja en su futura candidatura. Según IPSOS, Oliva se mantiene por encima del aprobado, pero sus hipotéticamente futuros adversarios han ensayado fórmulas de desgaste que, al parecer han dado resultados. En teoría todos debaten por un mismo espacio electoral a la espera de lo que el Movimiento Al Socialismo haga con su futuro y sus candidatos. En ese espacio, sin duda, habrá más que palabras. De momento todos buscan estrategias para ensanchar sus bases.