La última vuelta de poder Evo define sus elegidos

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Ene 21, 2018

A estas alturas del fin de semana largo, todo el gabinete es un manojo de nervios. Las dudas empiezan a correr por la mente y los escalofríos recorrer la espalda. Ni el más intocable de los intocables tiene la pega asegurada. El año pasado cayeron Juan Ramón Quintana y David Choquehuanca y muy pocos los tenían en las apuestas esas dos cabezas. Este año puede pasar cualquier cosa, incluido el retorno de esas dos vacas sagradas que el año pasado dejaron de serlo por unos minutos y el presidente, conservador y poco afecto a los cambios, no ha dejado de lamentarse.

No importa, dicen en sus alrededores, los que argumentan que el 2017 que se fue lograron lo deseado con mucho menos ruido del que los Quintanas, Pacos y compañías hicieron en 2016 para acabar fracasando. Evo Morales es candidato para 2019 salvo que el Tribunal Supremo Electoral se ponga a interpretar lo reescrito por el Tribunal Constitucional sobre la limitación de mandatos y lo cruce con los resultados del 21 de febrero y considere lo segundo sobre lo primero por aquello de que se pidió permiso y no se concedió antes de que no hiciera falta pedir permiso. Es cierta y altamente improbable.
Con todo, el grupo que rodea a Morales, los que rodean a este grupo y hasta los últimos militantes adheridos al MAS en la época de bonanza empiezan a hacer apuestas y tratan de argumentar lo necesario que se busca; los perfiles, más allá de los propios nombres propios.
El retrato robot del próximo gabinete que esbozan la mayoría de los consultados da cuenta de la situación de miedo impregnado que vive el Movimiento Al Socialismo y los temores de perder el poder. Todas las decisiones que el presidente Evo Morales vaya a tomar en las próximas horas se encuadran en esa situación.

1.- Más vale malo conocido
Al Presidente no le gustan los cambios radicales ni las aventuras exploratorias. Le gusta tener todo controlado y que nada cambie demasiado. Morales a estas alturas está convencido de que ha sido el mejor presidente de la historia de Bolivia y ya no quiere gente cerca que le haga dudar de ello. Cosas del poder dicen sus aliados.
Si un Ministro tiene que salir, prefiere reemplazarlo con un Viceministro al que le encomienda hacer lo mismo que su antecesor. Sin sobresaltos, sin revoluciones. Particularmente en carteras de cierto peso. Es lo que ha hecho para sustituir a ministros como Luis Arce Catacora, a David Choquehuanca o para elegir al nuevo presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.
Este es el primer concepto por el que se da por descontado el retorno de Juan Ramón Quintana al Ministerio de la Presidencia luego de su retiro espiritual de un año en Cuba, donde ha visto perder poder de forma acelerada. René Martínez ha hecho más o menos las veces de supergerente, que es lo que hacía Quintana desde Palacio de Gobierno administrando el día a día, pero le ha faltado empuje para enfrentar los problemas de la legislatura. Oficialmente enfermo, no continuará.
En 2017, cuando también se clamaba por la salida de Quintana, quemado por la estrategia del 21 de febrero, su roce con Gabriela Zapata y el fracaso de la estrategia del “cartel de la mentira” Martínez y Óscar Coca eran los dos candidatos para sucederle.
Con la premisa del conocido, Morales también ha ido progresivamente llenando su gabinete de ministros provenientes del eje central y vaciándolo de otros provenientes de provincias menos céntricas y que provenían de movimientos orgánicos. Tarija cuenta apenas con un representante.

2.- Sin sospechas de corrupción
La credibilidad del Gobierno y del propio Evo Morales está siendo afectada gravemente por el desgaste delos años en el Gobierno y la renuencia a darse un descanso reparador. De entre todos los fantasmas, el de la corrupción es el que más cerca persigue a los políticos de larga duración. Ni siquiera el de la gran corrupción, sino el de la micro, convertida en práctica habitual dentro de la estructura partidaria.
Cualquier nuevo personaje incorporado al gabinete de Evo Morales debe estar limpio de cualquier sospecha, algo que se ha convertido en más difícil a partir de la explosión del escándalo del Fondo Indígena y la gestión continuada en diferentes instituciones subnacionales. Por ello ya se ha visto obligado a recurrir a políticos de tercera fila con poca experiencia en gestión, como la ministra de Salud Ariana Campero o la de turismo, Wilma Alanoca.
La consecuente debilidad política ha jugado malas pasadas al gabinete. En ese contexto y a las puertas de las elecciones de 2019, Evo Morales debe decidir si apuesta por un gabinete de peso político o de peso técnico y llenarlo de gente que al menos no resten en la otra vertiente. Las últimas decisiones tomadas, como la de incorporar ni más ni menos que a Sacha Llorenti como co agente en la demanda de La Haya indica que Morales está dispuesto a morir con las botas puestas rodeado de sus leales. Ahí se circunscriben también los rumores del retorno de Quintana y Choquehuanca junto a otros ilustres como Walker San Miguel, el propio Arce Catacora o Celinda Sosa, que también ha entrado en las apuestas por aquello de reconciliar a las Bartolinas de Tarija después de Julia Ramos.

3.- Gestión positiva, no lamentos ni promesas
2017 ha sido un año netamente político que el Gobierno ha llevado a su terreno. Todo ha quedado eclipsado detrás de la única intención declarada de lograr la habilitación de Evo Morales para las elecciones de 2019. En esa intención declarada, que han logrado con pasmosa facilidad, se han ocultado algunos de los problemas graves de este país, como la incapacidad para concretar sus proyectos de industrialización o la postergación eterna de la panacea socialista: salud universal.
2018 debe ser un año radicalmente diferente, los estrategas de Morales esperan que mientras la oposición se desgañite gritando contra la reelección indefinida con símiles exagerados con la dictadura, ellos deben dedicarse a concretar y entregar obras y proyectos.
Para ello cuentan con un presupuesto tramposo, que permitirá disponer de recursos adicionales al tener el barril de petróleo calculado 20 dólares por debajo de su cotización prevista, pero también con un enemigo inesperado: los ministros clave llevan años escondidos detrás de la política y no van a dar resultados en el corto plazo. Sostener en ese contexto al poderoso ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez, enfrascado ahora en un proyecto de etanol cuando se han olvidado los petroquímicos y las reservas siguen siendo misteriosas; o a un ministro de Obras Públicas que entrega obras por debajo de la calidad contratada puede convertirse en contraproducente.
El MAS va a necesitar resultados concretos en los próximos meses, no más promesas ni mucho menos, lamentos. Esta directriz puede resultar la clave en este cambio de gabinete que se avecina.
4.- O que todo quede igual
No sería la primera vez que el Presidente opta por la opción que más le gusta, que nadie cambie. Sobre todo cuando los problemas se acumulan y las críticas persiguen a ministros claramente identificados. La consecuencia inmediata de una ratificación in extremis es la pérdida de poder total, pues el Ministerio pasa a estar bajo el control de un tutor que normalmente es el Vicepresidente, pero el ministro de turno salva los muebles.
Quien se lleva la palma del cuestionamiento es Ariana Campero, que posiblemente sea ratificada, pero también hay otros con problemas como el propio Sánchez, victorioso temporal de una batalla interna que no ha terminado, Reymi Ferreira o Carlos Romero, además de Ortuño en Medio Ambiente.
La oposición ha instrumentalizado el Código Penal para no desgastar el concepto de la reelección indefinida. Una batalla sectorial que suma voluntades frente a la posición netamente política contraria al MAS. Todo suma. El cambio de gabinete dará la medida del cansancio y las ganas de experimentar del propio Evo Morales.

El Gabinete de Oliva y la nueva etapa

También el gabinete del Gobernador Adrián Oliva se encuentra en evaluación, mucho más extendida que la del presidente Evo Morales. Oliva debe definir un gabinete que lo acompañe hasta final de la gestión y que le dé garantías técnicas y también políticas para sortear los meses de máxima presión que se vienen.
Oliva tiene un núcleo consolidado que se mantendrá en funciones y que conforman Carlos Saavedra, Waldemar Peralta y Karym Leyton esencialmente. Son los que dan continuidad al relato político y asumen el papel de malo de la película en muchas ocasiones. Algo que, por ejemplo, nadie asume en el gabinete de Rodrigo Paz en la alcaldía.
Solvencia técnica han apostado Ana María Barja en Obras Públicas y Rubén Ardaya en Gestiín Institucional, encantado con su rol de peleador con el Gobierno en asuntos tan técnicos y a la vez tan políticos como los endeudamientos y el Pacto Fiscal.
En lo político, Oliva ha encontrado un buen aliado en Fernando Barrientos, al frente de Desarrollo Productivo y que ha ayudado a sostener el relato en diferentes ocasiones. También el secretario de Justicia Yamil García, que ha perdido protagonismo en las últimas semanas, ha sido un sostén relevante.
En el otro extremo, Luis Alfaro abandonará el Gabinete un año después de lo que se preveía. La alianza coyuntural de la segunda vuelta se convirtió en un ganar – ganar, pero tenía una fecha de caducidad que en este caso ha forzado Luis Alfaro, cargando contra Oliva en un momento que no parecía relevante políticamente. Resulta difícil mantenerse en un gabinete cuestionando la credibilidad y capacidad de acción de la Máxima Autoridad, incluso poniendo en duda su valor. Alfaro sin embargo no ha querido renunciar por sí mismo. Desde fuera tratará de ganar espacios para la contienda de 2020, aunque probablemente su cálculo ha sido precipitado.
Tampoco aporta demasiado Fredy Castrillo, que pese a haber estabilizado la crisis de Setar está señalado por el chanchullo del uso de los vales de gasolina desde la Asamblea, ni el secretario de Autonomías, Boris Vásquez, cartera condenada a desaparecer.
En los escenarios técnicos, es posible que se realicen ajustes, pues si bien hay un problema económico central, se han echado en falta iniciativas políticas concretas. En ese grupo se encuadran desde el secretario de Medio Ambiente hasta Edgar Guzmán en Desarrollo Social.
Oliva necesita sentirse menos solo, mostrar gestión y no cometer torpezas políticas. Incluir, más que protegerse. Acercarse. Lo peor parece haber pasado.