¿Cuándo serán las elecciones?

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Feb 04, 2018

Lo que parecía una obviedad de repente se ha convertido en tema de sesudo análisis y debate dentro del Movimiento Al Socialismo bajo su premisa habitual: ¿qué le conviene más a todo el aparato que se cobija bajo el presidente Evo Morales para seguir controlando el poder hasta 2025? En ese contexto el adelanto electoral ha tomado cuerpo.

Juntar las elecciones presidenciales de 2019 con las elecciones subnacionales de 2020 permitirá una mayor disciplina de voto entre las bases, a menudo díscolas cuando Evo Morales no está en la papeleta. En 2020 el MAS sufrió una severa derrota que quedó eclipsada después con la victoria en Beni en la segunda vuelta y el recuerdo de la segunda mayoría absoluta al hilo. Ya en las nacionales había perdido entre 10 y 20 puntos en sus feudos altiplánicos compensados por la victoria en Santa Cruz, pero en las subnacionales el efecto MAS sirvió precisamente para dispersar aún más los votos.
El MAS perdió en lugares clave como la ciudad de Cochabamba, de El Alto, perdió la Gobernación de La Paz y sufrió en aquellos sitios donde es débil. En Tarija sin ir más lejos, donde el presidente ganó con 51% de los votos el 12 de octubre, sufrió un serio varapalo en la segunda vuelta perdiendo por más de 20 puntos.
Hay un argumento pragmático también: a falta de grandes obras en proyecto o para entregar, la vocación de alcalde del presidente ayudará a vestir de actos una campaña que seguramente será difícil.
Juntar las elecciones de 2020 y de 2019 supone poner toda la carne en el asador en un solo día. Jugarse el todo por el todo. Y tal vez minimizar daños de lo que puede ser una campaña al estilo de la que se orquestó para el 21 de febrero de 2016 o para las judiciales del 3 de diciembre.
Pero… ¿A quién realmente beneficia? El presidente Evo Morales está habilitado polémicamente, pero eso no impedirá que sus bases se movilicen para apoyarlo y, tal como está la oposición, de nuevo perdida y sobrepasada por las pulsiones ciudadanas que no pueden controlar ni canalizar (por mucho que insista el Gobierno) se garantiza un buen porcentaje de votación. Los alcaldes y Gobernadores que sin embargo quisieran postular seis meses después por el MAS tendrían más dificultades si en el anterior proceso el partido quedara tocado. En ese sentido, la estrategia es la de siempre, colgarse del capital político del presidente para salir airosos.
Un adelanto electoral tendría también varias consecuencias prácticas en diferentes instituciones, por ejemplo, al Gobernador Adrián Oliva le quedaría poco más de un año en el cargo si es que quiere volver a postularse y, de esa manera, difícilmente podría culminar su proyecto de reactivación de la economía tarijeña. Es más, todo debería ejecutarse este año que todavía es incierto.
Un adelanto, conociendo los plazos de la Asamblea Legislativa, permitiría una vez más convocar las elecciones en Tarija con la Ley Nacional anterior e incluir ahí la elección de subgobernadores, prohibida por el Tribunal Constitucional.
Un adelanto electoral, por ejemplo, también dejaría fuera de la carrera a todos aquellos que a día de hoy ya no viven en la ciudad o departamento por el que quieren postular si es que se mantiene vigente la resolución “anti Wilman” del Tribunal Supremo Electoral que le impidió en 2015 ser candidato a alcalde de Yacuiba por haber vivido más de dos años en La Paz representando precisamente los intereses de esa ciudad. También quedaría fuera de juego Pablo Canedo, residente en Estados Unidos desde hace varios meses o el propio Brú, que acaba de ocupar una cartera viceministerial.
Sin duda, es un debate que no será menor. Las dudas ya están en el aire. Nadie quiere perder su lugar. Todos se necesitan a todos. La partida está servida.