El fracking de Sánchez va en serio

Escrito por  Miguel V. de Torres/La Mano del Moto Mar 17, 2018

En la edición anterior advertíamos de las intenciones del Ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez que, con su estrategia habitual, había introducido la exploración no convencional en la agenda para presentarla como una buena noticia. En estas dos semanas se ha confirmado que la intención es firme.

Sánchez plantea sus ideas en un escenario de buenos y malos. Lo que da plata es bueno, lo que no es malo. No hay otras consideraciones posibles. Los que hacen observaciones a los planteamientos pasan a ser parte del eje del mal Goni – Chile – Doria Medina. Un eje cada vez más despoblado, pues la mayoría han obtenido la redención del Gobierno de Álvaro García Linera. Al planteamiento de la ocurrencia, Sánchez le incorpora una media docena de datos, a poder ser muy grandes, de los que confunden a su propio equipo de comunicación. La puesta en escena la asume personalmente: Optimismo y chistes fáciles.
Sánchez ya vendió así, como gran logro, la exportación de Gas Licuado de Petróleo a Paraguay y con el mismo brío anunció el intento de venta de ese mismo combustible a través de ducto a la Argentina. Los que lo aplaudieron eran los buenos, los que le recordaron que el Gas Licuado de Petróleo era para hacer propileno y polipropileno en Yacuiba y entrar así en la industria del plástico son los malos. Los que creyeron en las caravanas de camiones eran buenos. Los que le recordaron que Paraguay vetó un contrato de largo plazo son los malos. Ahí sigue.
Sánchez también presentó con ese esquema la adjudicación de las áreas de San Telmo y Astilleros a Petrobras, igual que presentó antes el levantamiento del veto a explorar en áreas protegidas, igual que celebró la constitución de un fondo de incentivos para la actividad petrolera con recursos del IDH de las regiones. Los que lo aplaudieron eran los buenos. Los que le recordaron que Tariquía es principal zona de recarga de agua para el cono sur sudamericano; los que advirtieron que tenía poco que ver con los derechos de la Madre Tierra y los que advirtieron que el incentivo era una confiscación de recursos departamentales para ejecutar una competencia nacional, como es la exploración de hidrocarburos, son, evidentemente, los malos.
Sánchez también presentó con mucho énfasis la licitación de la planta de polipropileno, incluso la firma del convenio de crédito con el BCB, que quien sabe qué suerte habrá corrido y cuanto nos estará costando, fue presentado como un logro rumbo al Bicentenario. La licitación se cayó en medio de la vorágine corrupta y escandalosa motivada por el intento de comprar los taladros para YPFB. Por cierto en este caso los que cuestionaron la compra fueron los buenos, y los que lamentaron que YPFB se quede sin taladros, los no tan buenos.
Sánchez no prometió que volvería a licitar pronto, ni lo contrario, pero un día empezó a hablar del etanol y en dos semanas tenía armado todo un proyecto con los amigos de Aguaí y los amigos de la Cámara Agropecuaria del Oriente. Los que aplaudieron son los buenos. Los que recordaron que hay que invertir en motores, producción y que los 30.000 empleos en la zafra no son precisamente los mejores del mundo, son los malos.
Reservas y reservas
Sánchez, por ejemplo, anunció mucho antes de contratar la certificación de Reservas obligatoria por Ley que los volúmenes en el país eran muy buenos y que la tasa de reposición había sido positiva, o sea, que desde 2013 cuando se certificaron 10,45 Trillones de pies cúbicos, se han logrado incorporar nuevas reservas de gas para al menos, cubrir lo consumido en el mercado interno y en la exportación. Más o menos 0,6 TCF anuales.
La afirmación es arriesgada, pues para considerar reservas probadas se hacen cálculos incluso con los mercados posibles y hoy por hoy no hay contrato con Brasil más allá del 2019. Sin embargo, Sánchez no ha logrado contenerse y antes de esperar el resultado tranquilo, se ha lanzado en una campaña de difusión al respecto del potencial de Bolivia en hidrocarburo no convencional que, evidentemente, tiene alguna motivación particular.
Dicho así, entre sonrisas y con el aura trascendente-informal que Sánchez le da a sus anuncios, suena a otra aventura más, pero a los expertos y ecologistas se les han parado los pelos. También para aquellos que tratan de sostener la imagen internacional de Evo Morales.
El gas de esquisto, de pizarra, supone uno de los avances tecnológicos más importantes de las últimas décadas, en tanto en cuanto ha permitido inundar nuevamente el mercado de hidrocarburos, retrasar las aventuras de transformación a energías limpias y sobre todo, reposicionar a Estados Unidos, dueño de la tecnología, en el tablero mundial. La culpa del derrumbe de precios en 2014, con impacto en cada uno de nuestros hogares, es de la puesta en funcionamiento eficiente de estas técnicas. La contradicción del Gobierno aquí no pasaría por más que comprar la tecnología y patentes estadounidenses, si no fuera por el tremendo impacto y riesgo ambiental que acarrea.
El fracking es una alteración de las leyes de la Madre Tierra. Se acelera la conversión y el rescate del hidrocarburo en el subsuelo mediante técnicas invasivas. Se usan ingentes cantidades de agua, explosivos y otros tóxicos y se pone en riesgo todo el acuífero circundante.
El Ministro debe dar explicaciones más precisas sobre sus intenciones y dejar de jugar con datos que no brinda. Después del TIPNIS y Tariquía, es difícil que la imagen del ecologista Morales pueda digerir el fracking como buena idea para la Madre Tierra.